Palabras de bienvenida del codirector Mauricio Villamizar - Simposio Regional de la OCDE en Colombia sobre Educación Financiera para América Latina y el Caribe
Los documentos son de carácter informativo y académicos, las opiniones y posibles errores son responsabilidad exclusiva del autor y sus contenidos no comprometen al Banco de la República ni a su Junta Directiva.
Saludo especial a:
- Yasushi Masaki, secretario general adjunto de la OCDE, quien nos acompaña de manera virtual.
- Paola Arias, directora de Banca de las Oportunidades.
- Olivia S. Mitchell, profesora de The Wharton School de la Universidad de Pensilvania.
- Miles Larbey y Andrea Grifoni, de la OCDE.
- Autoridades, expertos, académicos y representantes de los sectores público y privado que nos acompañan desde Colombia y otros países de la región.
En nombre del Banco de la República, quiero darles la bienvenida a Bogotá y a este Simposio Regional sobre Educación Financiera en América Latina y el Caribe. Nos honra recibir a una audiencia tan amplia y diversa, y hacerlo en alianza con la OCDE y Banca de las Oportunidades, con el apoyo de la CAF.
Ayer celebramos la décima reunión de la Red Regional de América Latina y el Caribe de la OCDE/INFE. Fue una jornada de trabajo entre autoridades, bancos centrales, reguladores y especialistas. Hoy la conversación se abre a más voces. Ese cambio de escala es importante: la educación económica y financiera no puede quedarse en mesas de conversación. Sus resultados se juegan fuera de este auditorio, en las decisiones que las personas toman todos los días.
Es decir, la educación financiera solo se materializa cuando cambia una decisión.
No basta con que una persona conozca una definición o responda bien una encuesta. El objetivo es que pueda comparar antes de endeudarse, reconocer una oferta engañosa, proteger sus datos, entender el efecto de una tasa de interés, ahorrar con un propósito y planear una vejez más segura. El conocimiento importa cuando se convierte en criterio y luego, en mejores decisiones.
Desde un banco central, esta agenda tiene una importancia muy concreta. La estabilidad de precios protege el ingreso, permite planear y reduce la incertidumbre. La estabilidad financiera, a su vez, requiere hogares y empresas capaces de evaluar riesgos y usar responsablemente los servicios financieros. Nuestras decisiones de política son más efectivas cuando se comprenden, y la confianza en las instituciones es más sólida cuando está respaldada por información y no solo por costumbre.
La estabilidad económica se construye en las decisiones de las autoridades, pero también en millones de decisiones cotidianas.
Por eso, la educación financiera no es un accesorio de la política económica. Es parte de su infraestructura. Un banco central creíble puede lograr más con menos, pero la credibilidad no se decreta. Se construye con decisiones consistentes, explicaciones claras y una ciudadanía que tenga herramientas para entender el entorno económico y formar sus expectativas con mejor información.
El reto se ha vuelto más exigente porque la relación de las personas con el dinero está cambiando con enorme rapidez. Los pagos inmediatos, las finanzas abiertas y la inteligencia artificial pueden reducir costos, ampliar el acceso y ofrecer servicios más ajustados a las necesidades de cada usuario. Pero la velocidad y la facilidad también pueden reducir el tiempo para pensar, ampliar las asimetrías de información y hacer más sofisticados los fraudes.
Si bien la innovación amplía las posibilidades, la educación determina quién puede aprovecharlas sin quedar expuesto.
En un sistema en el que el dinero se mueve en segundos, una oportunidad puede llegar en segundos, pero un error o un engaño también. La respuesta no es frenar la innovación. Es acompañarla con capacidades, protección y reglas que evolucionen por lo menos a la misma velocidad. La educación no debe aparecer como un manual de emergencia después de cada cambio tecnológico; debe formar parte del diseño de ese cambio desde el comienzo.
Esto resulta especialmente relevante para Colombia. Con la puesta en marcha de Bre-B y con los avances hacia las finanzas abiertas, más personas pueden realizar pagos y acceder a servicios de manera ágil. El desafío es que también sepan qué están autorizando, cómo proteger su información, qué costos asumen y a quién acudir cuando algo sale mal.
La inclusión financiera no termina cuando una persona abre una cuenta. Empieza cuando puede usarla con seguridad y criterio.
La agenda de hoy recoge precisamente estos desafíos. Comenzaremos por los hallazgos de la encuesta colombiana de capacidades financieras, construida con la metodología de la OCDE/INFE. Contar con un buen diagnóstico es indispensable, pero también lo es reconocer que los promedios esconden diferencias profundas entre edades, niveles de ingreso, territorios y género.
Luego discutiremos cómo acompañar el uso seguro e informado de los pagos inmediatos y de las finanzas abiertas. También abordaremos la prevención de estafas y fraudes, un campo en el que la protección no puede descansar únicamente en pedirle al consumidor que sea más cuidadoso. Las instituciones, los reguladores y los proveedores tenemos la responsabilidad de diseñar entornos más seguros y respuestas más rápidas.
La conferencia de la profesora Olivia Mitchell nos permitirá mirar estas decisiones a lo largo del ciclo de vida. Ahorrar, asegurar, endeudarse o planear el retiro no son decisiones independientes. Se acumulan durante décadas y sus efectos también. En este campo, una decisión pequeña tomada a tiempo puede tener un impacto enorme; una decisión postergada durante años también.
En la tarde, la conversación se concentrará en tres frentes decisivos. El primero es la educación financiera en los colegios. No se trata de añadir más conceptos a un currículo ya exigente, sino de formar capacidades para la vida: entender las consecuencias de elegir, los costos de endeudarse, el valor de planear y la importancia de desconfiar de lo que parece demasiado bueno para ser cierto. En la realidad económica, no hay almuerzo gratis.
El segundo son las brechas de género. Las diferencias en alfabetización financiera no son una curiosidad estadística. Pueden traducirse en menor autonomía, menor acumulación de activos y mayor vulnerabilidad frente a choques económicos. Cerrar esas brechas exige entender sus causas y diseñar soluciones que respondan a las experiencias reales de las mujeres en distintos momentos de su vida.
El tercero es la inteligencia artificial. Esta tecnología puede personalizar contenidos, ampliar la cobertura y detectar con mayor precisión las necesidades de aprendizaje. Pero también puede personalizar la persuasión y hacer más creíbles los engaños. La misma herramienta que adapta una explicación a cada usuario puede también adaptar un fraude a cada víctima.
Aunque la agenda es amplia, todas las sesiones responden a una misma pregunta: ¿cómo lograr que el progreso del sistema financiero aumente la libertad y el bienestar de las personas, y no solamente la velocidad de las transacciones?
Para responderla necesitamos programas sencillos, pero no simplistas; masivos, pero no impersonales; innovadores, pero también evaluables. En educación financiera, contar actividades no es lo mismo que demostrar resultados. Debemos saber no solo a cuántas personas llegamos, sino qué decisiones cambiaron, durante cuánto tiempo y para quiénes funcionó cada intervención.
El éxito de este Simposio no se medirá por lo que digamos hoy, sino por lo que logremos cambiar después.
Espero que esta jornada nos deje evidencia útil, ideas aplicables y alianzas capaces de llegar a quienes no están en este salón. Que cada innovación financiera venga acompañada de la educación y la protección necesarias para que nadie tenga que aprender a costa de una pérdida. Y que el diálogo regional nos ayude a avanzar más rápido, compartiendo con franqueza lo que funciona y sobre todo lo que no.
Quiero agradecer de manera especial a la Secretaría de la OCDE/INFE por confiar en Colombia como sede de este encuentro; a Banca de las Oportunidades por la estrecha coorganización de estas jornadas; a CAF, Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, por su valioso apoyo; y a los equipos técnicos que han trabajado durante meses para hacer posible este Simposio.
A todos ustedes, gracias por acompañarnos. Bienvenidos nuevamente a Bogotá. Les deseo una jornada exigente en las preguntas, generosa en el intercambio y concreta en sus resultados.
Muchas gracias.
























