Palabras de bienvenida del codirector Mauricio Villamizar - 10.ª Reunión de la Red Regional para América Latina y el Caribe de la OCDE/INFE

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Los documentos son de carácter informativo y académicos, las opiniones y posibles errores son responsabilidad exclusiva del autor y sus contenidos no comprometen al Banco de la República ni a su Junta Directiva.

Autores y/o editores
Fecha de publicación

Saludo especial a:

  • Miles Larbey, jefe de Protección del Consumidor Financiero, Educación e Inclusión de la OCDE.
  • Andrea Grifoni, asesor de Política de la OCDE.
  • Paola Arias, directora de Banca de las Oportunidades.
  • Diego Rodríguez, jefe de Educación Económica del Banco de la República.
  • Representantes de los países, organismos internacionales e instituciones que hoy nos acompañan.

En nombre del Banco de la República, quiero darles la bienvenida a Bogotá y a Colombia. Nos alegra especialmente recibir esta décima reunión de la Red Regional para América Latina y el Caribe de la OCDE/INFE, y hacerlo junto con la Banca de las Oportunidades.

Desde 2016, esta Red ha creado un espacio para que autoridades, bancos centrales, reguladores y expertos de la región comparen experiencias, reconozcan errores y conviertan aprendizajes en mejores políticas. Una red internacional se vuelve valiosa no solo por el número de instituciones que reúne, sino por la calidad de las preguntas que se comparten.

Permítanme detenerme en una de esas preguntas: ¿por qué un banco central coorganiza una reunión sobre educación económica y financiera?

La respuesta está directamente relacionada con nuestro mandato. La estabilidad de precios no es un concepto abstracto: protege el poder adquisitivo de los hogares, permite planear ante una creciente incertidumbre y crea condiciones para un crecimiento sostenible. Pero la estabilidad económica depende tanto de las decisiones que toma un banco central como la interpretación e interacción de ellas por parte de personas y empresas.

La educación financiera no es un simple accesorio de la política económica. Es parte de su infraestructura.

Cuando una persona comprende mejor la inflación, las tasas de interés, el riesgo, el endeudamiento o la planeación para el retiro, está en mejores condiciones para proteger su bienestar. Cuando sabe identificar un fraude, usar con seguridad un pago digital o comparar un producto financiero, toma decisiones más informadas. 

La credibilidad no se decreta: se construye lentamente: decisión a decisión y explicación a explicación. 

Un banco central creíble puede lograr más con menos. No porque las palabras sustituyan las acciones, sino porque las acciones son entendidas, anticipadas y consideradas consistentes. Cuando los agentes del mercado comprenden el objetivo de la política monetaria y confían en que la institución hará lo necesario para cumplirlo, las expectativas ayudan a estabilizar la economía y reducen el costo de enfrentar episodios de inflación o de tensión financiera.

Vivimos en un mundo con mucha información, pero no necesariamente con más claridad.

Los productos financieros son cada vez más diversos; los canales digitales avanzan con rapidez; las estafas se vuelven más sofisticadas; y la inteligencia artificial abre oportunidades, pero también nuevos riesgos. A esto se suman la desinformación y la polarización, que dificultan la conversación pública sobre asuntos económicos. Por eso, la educación financiera debe evolucionar como mínimo al mismo ritmo: ser sencilla sin ser simplista, accesible sin perder rigor y oportuna frente a las decisiones reales de las personas.

El Banco de la República ha asumido desde hace décadas la tarea de producir conocimiento, explicar sus decisiones y acercar la economía a distintos públicos. La investigación, la comunicación y la educación económica no son esfuerzos separados. Se refuerzan entre sí. El conocimiento que no logra salir del círculo de especialistas difícilmente cumple plenamente su propósito público.

Por eso es estratégico para el Banco pertenecer a la Red Internacional de Educación Financiera de la OCDE. Venimos a aportar nuestra experiencia, pero, sobre todo, a escuchar. La diversidad de trayectorias en América Latina y el Caribe es una fuente de aprendizaje: permite identificar qué funciona, en qué contextos funciona y qué debemos dejar de hacer.

La agenda de estas jornadas refleja muy bien ese propósito. Hoy conoceremos las actualizaciones de la Secretaría de la OCDE y los avances de los países en sus políticas e iniciativas de educación financiera. En la tarde discutiremos dos asuntos decisivos: cómo acompañar el envejecimiento de la población y la planeación para el retiro, y cómo medir con mayor rigor el impacto de nuestros programas.

Mañana, el Simposio Regional ampliará la conversación hacia los pagos inmediatos y las finanzas abiertas, la prevención de estafas y fraudes, la educación a lo largo del ciclo de vida y en los colegios, las brechas de género y el impacto de la inteligencia artificial. Es una agenda amplia, pero tiene un hilo conductor muy claro: las personas necesitan herramientas no solo para acceder al sistema financiero, sino para usarlo de manera segura, consciente y favorable para su bienestar.

Esta noche tendrán también la oportunidad de visitar el Museo del Oro y el Museo Botero, dos espacios culturales del Banco de la República. Su existencia recuerda otra dimensión de una institución pública: además de cuidar la estabilidad económica, puede ayudar a conservar y poner al alcance de todos un patrimonio que pertenece al país.

Espero que estas dos jornadas nos dejen más que buenos diagnósticos: ideas concretas, alianzas duraderas y mejores formas de medir lo que realmente transforma la vida de las personas. En política pública, las buenas intenciones son solo el punto de partida; el impacto es la prueba final.

Bienvenidos nuevamente. Les deseo una reunión productiva y un diálogo franco y fructífero.

Muchas gracias.