Resumen de la intervención del Dr. Miguel Urrutia Montoya, en la sesión plenaria del Senado celebrada el 22 de agosto de 2000.

La propuesta de algunos sectores de opinión de realizar emisiones para financiar el gasto público ha sido objeto de estudio por parte de la Junta Directiva del Banco de la República y de su equipo técnico. Al concluir su examen, la Junta considera pertinente pronunciarse de manera unánime al respecto rechazando dicha posibilidad.

 

La economía colombiana ha comenzado a superar su crisis, tal como lo muestran las cifras de actividad económica del primer trimestre y lo confirman numerosos indicadores líderes para el segundo. Durante el último año y medio, el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos se corrigió, las tasas de interés cayeron significativamente, la tasa de cambio real se elevó, la inflación se moderó y la competitividad de la producción nacional se incrementó. Con ello, la confianza del público y de la comunidad externa en la economía colombiana ha comenzado a restablecerse. Como resultado, durante el primer semestre de este año, las exportaciones, la inversión privada y el gasto de consumo empezaron a recuperarse, induciendo un crecimiento industrial, que según cifras del Dane alcanzó el 8.1% real, y cobijó a casi todas las ramas de la producción. Todo esto podría irse al traste si se envían señales contradictorias como la de una emisión para financiar gasto público, lo cual podría interpretarse como una falta de compromiso con las reformas estructurales y el necesario ajuste fiscal.

 

La política monetaria ha contribuido a crear condiciones propicias para la recuperación a través de un suministro adecuado de liquidez que ha estimulado la actividad productiva y el saneamiento del sistema financiero, sin comprometer el logro de las metas de inflación. Esto se ha reflejado en un crecimiento de la base monetaria, excluyendo el efecto de reducciones en el encaje, de 14.8% en 1999 y 21.6% en lo corrido del presente año. De manera similar, al concluir julio los medios de pago (M1) crecían a una tasa anual que superaba el 34%. El mayor suministro de liquidez ha estado acompañado de una disminución significativa de las tasas de interés de intervención del Banco de la República y de la flexibilización de las condiciones de apoyo de liquidez al sistema financiero, que ha facilitado el acceso a recursos extraordinarios del Emisor. De esta manera, dadas las circunstancias de subutilización de la capacidad productiva, la Junta ha ampliado el margen de expansión monetaria sin poner en riesgo las metas de inflación.

 

Compartiendo la preocupación de la sociedad colombiana porque la economía se reactive más rápidamente, la Junta concluyó que una decisión de emitir para financiar gasto público tendría resultados opuestos, haciendo abortar los inicios de recuperación. En una economía como la colombiana, con movilidad de capitales y un grave desequilibrio fiscal, una expansión de la cantidad de dinero superior a la prevista generaría tasas de inflación superiores a las metas propuestas. Esto incrementaría las expectativas de devaluación e inflación, presionaría al alza las tasa de interés, agravando el déficit fiscal y frenando la reactivación de la economía.

 

Por su parte, la comunidad financiera nacional e internacional interpretaría un crédito primario al Gobierno como la intención del Estado colombiano de reducir su deuda a través de una mayor inflación y, por lo tanto, una señal de falta de compromiso con el ajuste estructural de las finanzas públicas. Esto aumentaría la percepción de riesgo del país, incrementaría todavía más las tasas de interés a las cuales deben colocarse los bonos colombianos en los mercados internacionales, lo que afectaría negativamente la confianza de los inversionistas colombianos y extranjeros. Lo anterior terminaría erosionando el patrimonio de todos los colombianos.

 

El resquebrajamiento de la confianza, las dificultades de acceso a crédito externo y el encarecimiento del mismo, las mayores expectativas de devaluación e inflación y las presiones alcistas sobre las tasas de interés constituyen sólo algunos de los principales rasgos negativos del escenario que sobrevendría, de llegarse a caer en la tentación de una emisión para financiar gasto público. Muchos países latinoamericanos intentaron esta política en la década de los años ochenta, al igual que otras economías lo han hecho más recientemente. No sólo fracasaron, sino que condujeron al peor de los mundos: mayor inflación y mayor desempleo, la llamada estanflación y cuyos costos recayeron principalmente sobre los más pobres.

 

Santafé de Bogotá, D.C., agosto 18, 2000