Los primeros billetes


 

Hasta la época en que la Imprenta inició sus actividades, el Banco atendía sus necesidades de billetes con base en la importación procedente de reconocidas firmas de Europa y los Estados Unidos. Los diseños de estos billetes eran generalmente, contratados en forma simultánea con el suministro y aun cuando los motivos y grabados, algunos de excelente calidad y valor artístico, hacían referencia a aspectos de nuestro país, no necesariamente reflejaban plenamente la cultura colombiana. Asimismo, los motivos secundarios, orlas y otros elementos no presentaban carácter de exclusividad.

 

 

Cabe acá señalar que los billetes de Banco además de cumplir con la importante función de permitir el diario desenvolvimiento de la economía de los países, junto con la bandera, el himno nacional y el escudo, hacen parte de los emblemas de soberanía de cada Nación. En efecto, tales documentos son exclusivos, identifican los países y por las características de su diseño (motivos, colores, estilo) son un reflejo de la idiosincrasia de los pueblos. Igualmente, los billetes son la imagen de la integridad, carácter y calidad del ente emisor y por tanto deben inspirar la confianza y seguridad que de él espera el usuario.

 

La citada condición de diseño de los billetes colombianos, continuó para la mayoría de las denominaciones que aún con posterioridad al establecimiento de la Imprenta, fue necesario seguir adquiriendo en el exterior, hasta que en 1979 se dio origen a la Nueva familia de billetes del Banco, en la cual la institución intervino directamente en la definición de los diseños.

 

Para la puesta en marcha de la Imprenta y su actividad inicial se requería contar con diseños nuevos para las denominaciones a producir. En consecuencia junto con el desarrollo del proyecto y la preparación del personal, se contrató la preparación de los nuevos signos y de los materiales originales y de impresión necesarios. Igualmente mientras se cumpliera la etapa de asimilación de la tecnología el nivel de producción debería crecer gradualmente integrando a los programas cada vez nuevas denominaciones, iniciando por el billete de $1.

 

Como el esquema general propuesto contemplaba, a mediano plazo, la autosuficiencia de la Imprenta, es decir, el cubrimiento total del proceso desde el origen de los signos a producir, hasta su entrega a la Tesorería del Banco; dentro del programa de capacitación, se contempló la participación de los artistas y técnicos de diseño, quienes luego de recibir la instrucción básica tuvieron ocasión de practicar bajo la dirección de los expertos contratados, cada vez en mayor proporción, en la ejecución de los diseños de los billetes que produciría la Imprenta.

 

El proyecto básico contempló en principio la fabricación gradual de las denominaciones $1, $5, $10 y $20, para lo cual con la coordinación de la Organización Giori de Lausana (Suiza), se contrataron los servicios del profesor Mario Biardi, uno de los más grandes grabadores de billetes de la era moderna. El grabado para diseño de documentos valor, particularmente de los retratos utilizados como motivo principal de los diseños, base de la impresión intaglio, se reconoce como la combinación de arte y técnica con el mayor grado de refinación. 

 

 

Los trabajos de grabado de los cuatro signos, se realizaron en los talleres de diseño de la Imprenta de la Banca D’Italia en Roma.

 

La labor de generación de originales para la impresión en offset, se cumplió con la decidida colaboración del Banco de Bélgica, en las instalaciones de su Imprenta de Billetes en Bruselas. En este proyecto participaron activamente, además del Capitán Torres, los miembros del equipo colombiano seleccionado entre los que se destacaron: Jaime Pardo C., grabador, Simón Bernal, técnico de grabado mecánico, Gabriel Gutiérrez, técnico de galvanoplastia y José Molina, técnico de fotomecánica.

 

En esta forma y luego de enfrentar bastantes dificultades debido a la falta de experiencia, se terminó la preparación de los materiales necesarios para la producción del billete de $1, cuyo diseño recibió, en el ámbito internacional de la actividad, los mayores elogios. El anverso de este primer billete impreso en Colombia, estuvo dedicado a honrar a los dos más importantes próceres de nuestra historia, Simón Bolívar y Francisco de P. Santander. La fecha de edición correspondió al 12 de octubre de 1959. La primera edición llevó las firmas de Ignacio Copete Lizarralde como gerente y Jorge Cortés como secretario. Por el reverso se incluyó una viñeta con el grabado del cóndor de los Andes con el fondo de una bella composición de paisajes característicos del país, incluyendo una vista del otrora majestuoso Salto de Tequendama.

 

Sucesivamente entre 1961 y 1966, en la medida en que la Imprenta aumentaba su capacidad de producción, cada vez con mayor participación de los artistas y técnicos de la Imprenta, fueron concebidos y ejecutados los diseños y puesta en marcha la producción de los billetes de $5, $10 y $20, para lograr en ese mismo orden sustituir las importaciones en esas denominaciones.

 

Los diseños de estos billetes presentaron los siguientes motivos: el de $5 por el anverso, un grabado de José María Córdoba y del cóndor de los Andes. La fecha de la primera edición correspondió a enero 2 de 1961. Por el reverso, una vista del Castillo de San Felipe en Cartagena.

 

El de $10 por el anverso un fantástico grabado de un retrato de Antonio Nariño, acompañado de una viñeta con el valor de la denominación bajo la figura del cóndor de los Andes. Para la primera edición se puso la fecha: julio 20 de 1963. Por el reverso, la vista de un sector del Parque Arqueológico de San Agustín, con algunas de las monumentales esculturas que allí se encuentran.

 

En el de $20 se incluyó por el anverso, un retrato del sabio Francisco José Caldas. La fecha de la primera edición fue octubre 12 de 1964. Por el reverso la reproducción de las piezas más representativas de las culturas: Muisca, Quimbaya, Calima, Darién y Tolima, pertenecientes a la colección del Museo del Oro del Banco de la República. 

 

 

Las primeras ediciones de estos tres signos llevaron las firmas de Eduardo Arias Robledo y Germán Botero de los Ríos como gerente y secretario respectivamente.

 

A partir de 1966, la Imprenta suplió las necesidades del Banco en esas cuatro denominaciones.

 

Durante estos años, mientras gradualmente se fue atendiendo la demanda de los billetes de $1 a $20, el equipo de diseño completó su preparación y comenzó a trabajar el proyecto para un nuevo billete de $50, elaborado por completo con personal colombiano. Este diseño presentaba por el anverso la efigie de Camilo Torres como motivo principal, con el reverso dedicado a exaltar la actividad de la minería de esmeraldas. Lamentablemente, por circunstancias de diversa índole, entre ellas, la del desprestigio que la violencia del comercio de estas gemas le ocasionó a la noble labor, motivó la decisión de no producir localmente esta denominación con su nuevo diseño.

 

A pesar de las obvias dificultades por las que atravesó la Imprenta en sus primeros años, para 1968 ya se encontraba en las condiciones concebidas por sus promotores y se consideraba que los grandes esfuerzos realizados comenzaban a dar sus frutos. No obstante, al iniciar 1969 ocurrió un penoso hecho que afectó en forma trascendental la vida de la Imprenta. El 26 de febrero de 1969 falleció el Capitán Eduardo Torres R.

 

El infortunado suceso cierra la primera etapa de la Imprenta, su proceso de organización y puesta en marcha hasta alcanzar gran prestigio, especialmente reconocido en el ámbito internacional.

 

Contenido disponible en / Available in:

  • Español
  • English