Antecedentes

 

De acuerdo con el ordenamiento del Estado colombiano, al Banco de la República, a partir de su creación en 1923, como banco central del país, le ha correspondido ejercer de manera exclusiva el atributo de emitir la moneda legal colombiana, dentro de los términos que le establece la ley. Para el cumplimiento de dicha atribución el Banco debe proveer a la economía los instrumentos que le permitan realizar en forma eficiente las transacciones comerciales que requiere. Para el efecto, con base en el permanente análisis de los registros estadísticos y la proyección de las variables que rigen el desenvolvimiento de la economía, la Tesorería del banco, define la estructura de denominaciones tanto en billetes como en moneda metálica y dentro de los parámetros de emisión autorizados, establece la cantidad de piezas por denominación que cumplan a cabalidad con el objetivo citado.

 

Lo anterior implica la oportuna consecución de las cantidades de billetes que deben ser puestos en circulación ya sea para atender el crecimiento de la economía o la sustitución de las piezas que por el deterioro que les causa la manipulación, tengan que ser remplazadas.

 

Hasta la creación de la Imprenta de Billetes en Colombia el suministro de tales especies fue encargado en forma exclusiva a proveedores especializados del exterior.

 

La coincidencia histórica de las siguientes tres circunstancias, dio origen a la creación de la Imprenta de Billetes del Banco de la República:

 

  1. La escasez de billetes que en la década de los años cuarenta, tuvo que afrontar el Banco como resultado de la falta de suministro por parte de los países europeos, consecuencia de los efectos de la Segunda Guerra Mundial en la generalidad de las industrias.

    En efecto, alrededor de 1942, los principales proveedores de billetes y materias primas para su fabricación, con excepción de algunas firmas de los Estados Unidos eran, fundamentalmente imprentas de origen inglés, italiano y alemán, cuya actividad se vio seriamente afectada, a causa de los inconvenientes generados por la guerra. La insuficiencia en el suministro causó a muchos bancos centrales, entre ellos el nuestro, que no contaban con imprentas propias, seria afectación en la disponibilidad de billetes para atender las necesidades con la consecuente situación de tener que mantener en poder del público billetes en muy pobre estado. Esta situación incentivó el apoyo a la idea de que el Banco pudiera autoabastecerse de los billetes necesarios para atender su función esencial. De esta manera se lograría la flexibilidad requerida, la seguridad en el abastecimiento además de disminuir los costos y mejorar la limpieza de la circulación.
     
     
  2. La celebración en Alessandria (Italia) en 1951 de una demostración de cubrimiento mundial, organizada para presentar un moderno equipo diseñado para imprimir con carácter específico, a alta velocidad, especies valoradas. Dicho equipo permitiría que la técnica conocida hasta la fecha sólo por los bancos centrales de países desarrollados, pudiera ser aplicada en todo el mundo.

    Este adelanto tecnológico fue promovido por la Organización Giori, la cual trabajó con estos propósitos en Italia y Argentina. 

     
  3. La constancia y tesón del capitán (R) Eduardo Torres Roldán, hombre de gran visión futurista, quien firmemente convencido de la utilidad que representaría para el banco y el país, la fabricación local de sus billetes, se convirtió en el generador y motor de este ambicioso y difícil proyecto.

    El Capitán Torres se vinculó al Banco de la República el 16 de octubre de 1941, como director de un pequeño taller de impresión destinado a imprimir las publicaciones del Banco y los formularios de contabilidad para uso de sus dependencias. A partir de febrero de 1942, esta Imprenta inició la edición de la, hasta ahora vigente, Revista del Banco de la República. 

 

Las tres circunstancias descritas motivaron a la junta directiva del Banco y en particular al Dr. Luis Ángel Arango, quien como gerente de la institución en esa época, apoyó irrestrictamente la idea para adelantar los estudios necesarios tendientes a dotar al banco de las instalaciones, maquinaria y personal capacitado, requeridos para imprimir localmente documentos de valor. 

 

Dichos estudios que incluyeron visitas técnicas a varias imprentas similares en el mundo y la adquisición de los necesarios equipos especiales para impresión de valores, concluyeron en 1955 con la decisión de las directivas de construir el edificio destinado a la Imprenta de Billetes, ubicada en el sector industrial de la ciudad llamado Paloquemao.

 

Conviene destacar que durante esta preliminar etapa, se recibió asistencia técnica y valiosa colaboración de muchas entidades bancarias, casas de moneda y firmas comerciales vinculadas a la actividad entre las que se destacaron: Casa de Moneda de Buenos Aires - (Argentina), Imprenta de Billetes Enschedé - (Holanda), Imprenta de Billetes del Banco de Bélgica, Taller Especies Valoradas - (Chile), Imprenta del Banco de Francia, Istituto Poligráfico e Zecca dello Stato - (Roma, Italia), Calcografía e Cartevalori - (Milán, Italia), Thomas de la Rue - (Inglaterra) y Giesecke & Devrient - (Munich, Alemania).