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Canción del Umú o de la Oropéndola

Gente 1873-02-25 Caquetá, Colombia Tomo IX
Hallábase entre los indios uno ya muy anciano, tullido de las piernas y tuerto del ojo izquierdo; este indio se llamaba Güecó, que en su dialecto significa loro; había sido en sus buenos tiempos profesor de canto y de baile entre los de su tribu; y, aunque ya no podía ejercer la segunda parte de su profesión, cantaba todavía más que medianamente al decir de sus compañeros. Le rogué que me cantara la canción más conocida entre los coreguajes, y mediante un pequeño regalo que le hice, se prestó al punto a complacerme.

La canción parece dividida en tres estrofas, según las pausas que hizo el cantante. Aunque algo monótona la entonación, advertíanse de cuando en cuando algunas notas, cuya armonía imitativa dejaba bien comprender que el tipo había sido tomado del canto especial de algún ave del monte. Los versos, si tal pueden llamarse, tenían también alguna cadencia métrica, que se dejaba conocer por el apoyo periódico de ciertas notas, donde sin duda debía verificarse algún movimiento del bailes, a que la canción sirve de acompañamiento, al son de las flautas de caña, del tambor hecho de un tronco ahuecado artificialmente, y de algún otro instrumento igualmente sencillo y ruidoso; pero carecía de rima.

Árbol con nidos de oropéndolas (mochileros)
Tomo IX
Árbol con nidos de oropéndolas (mochileros)
1873-02-21
Gutiérrez de Alba, José María
Acuarela sobre papel blanco
24,2 x 15,2 cm

He aquí las estrofas que cantó el viejo coreguaje, escritas lo menos imperfectamente que me fue posible, por la dificultad de comprender bien las palabras, confusamente pronunciadas. Llámase esta canción del Umú, que es el nombre que dan a la oropéndola, y no deja de tener en sus primeras notas alguna semejanza con el canto de esta ave:
 
 COREGUAJE/ESPAÑOL
 
  Capirumú: Este es el canto de la oropéndola;
  chesque-amé:  luego oiréis otro
  güecó-ujá:  que es el canto del loro.
  Seubjuá:  Así canta el turpial
  ujé-ujuá:  y así la pava.
  Chaí-ujuá:  De este modo ruge el tigre.
  Ujuá-chaiñú:  Vamos a bailar.
  Mayacú-ñoñú:  Pongámonos los brazaletes,
  pupsá-sooñú:  untémonos con achiote
  curí-gegeñú:  y pintémonos con chica;
  jiú-betetú-oñú:  coronémonos de plumas
  quehuesá:  después de peinarnos.
  Ñasemá:  Colguémonos el plumaje
  maroro-huí:  con las colas de tulcán,
  majicó:  de guacamayo
  suiseró:  y de camarana
  huitó-cohuí:  y del plumón del pato.
  Cajú-reré:  Pongámonos las orejeras.
  Aú-huañú:  Vamos a comer.
  Onó-cuñú:  Dame chicha.
  Huaic-sañú:  Vamos a cazar al monte.
  Chió-sañú:  Después iremos a la roza
  Chi-hué:  Allí está mi casa,
  maí-higué:  que es también la de todos.
  Mejá-huí:  Más tarde iremos a la playa,
  güeá-conó:  donde beberemos chicha de maíz,
  ené-conó:  y de chontaduro,
  chichi-conó:  de caña dulce,
  o-conó:  y de plátano,
  ai-oco:  y agua del río;
  chi-achá:  y nos bañaremos,
  a-iró:  para irnos al monte,
  o-saracá: después de beber el aguardiante de yuca,
  ao-tonjí:  y comer pan de cazabe
  to-toró:  cocido en la olla común
  totorea-guá:  y vaciado en nuestros platos
  Peoumuén:  Y aquí se acabó mi canción.

 Como se ve, el Umú, o canción de la oropéndola, no es otra cosa que un breve compendio de los sonidos que escuchan con más frecuencia en los bosques, y una especie de recopilación de los más importantes actos de la vida salvaje. La versión que ofrezco a mis lectores, y que juzgo bastante fiel, si no en la traducción particular de cada palabra, por lo menos en el significado de sus frases, conseguimos hacerla aquella misma noche, ayudados por Eugenio, por el Padre Albis y por un joven indio de la misma tribu, que conocía algo el español, por haber estado desde sus primeros años entre racionales que hablaban esta lengua. Después la consulté varias veces con personas versadas en el dialecto coreguaje, y todos le encontraron la suficiente exactitud para dejarme satisfecho. Este fue el último trabajo del día.
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