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Sombreros de Jipijapa

Trabajo y técnica 1872-12-29 Suaza, Huila, Colombia Tomo VIII
Deseaba la llegada de este día, por ser el de mercado; pero me llevé un chasco solemne: plátanos y carne, maíz y panela, arroz y otros comestibles de menos importancia, fueron las únicas mercancías que llenaron la extensa plaza del pueblo. Sin embargo, lo más curioso para mí era la compra de sombreros de que ya he hablado, por los agentes que aquí tienen establecidos dos respetables casas de comercio de la isla de Cuba.

Como apenas hay familia que deje de ocuparse, ya en la totalidad de sus individuos, ya sólo las mujeres y muchachos, cuando los hombres tienen que acudir a sus faenas campestres, que es la excepción de la regla general; como no hay familia, repito, que no se ejercite en la confección de sombreros, desde el sábado por la tarde muchas veces, pero principalmente en la mañana del domingo, acuden a la plaza hombres, mujeres y muchachos con la obra hecha en la semana. El comprador suele situarse en la puerta de su casa con una buena cantidad prevenida para pagar los sombreros que vienen a ofrecerle, y que consigue ajustar después de un prolongado regateo; porque casi siempre los vendedores piden por sus manufacturas el doble o triple del precio corriente en el mercado. Desde luego se conoce el género de mercancía que traen por el mayor o menor esmero con que envuelven su obra en pañuelos muy limpios cuando es el sombrero de alto precio, mientras que si la manufactura es ordinaria la llevan casi siempre debajo de la ruana o del pañolón, según el sexo de la persona que la conduce.

no hay familia [...] que no se ejercite en la confección de sombreros

El precio es tan variable que hay sombreros que se adquieren por cinco o seis reales fuertes, mientras que otros no se compran por menos de 25 o 30 pesos, cuando la obra es muy fina, de buen color y el tejido igual y esmerado.

La compra de sombreros suele durar hasta las dos o tres de la tarde; pero como salen a la venta en un mismo día en todos los principales pueblos productores, que son además de Santa Librada o Suaza, los inmediatos de Timaná, Guadalupe, El Naranjal, Altamira y Mesa de las Limas, los agentes de las casas ya mencionadas tienen que enviar a cada uno de estos puntos encargados subalternos para adquirir la mercancía.

La compra ordinaria de un año, sólo para el extranjero, sin contar los que salen para diferentes puntos del mismo país, llega, haciendo un cálculo aproximado, al número de sesenta mil, cuyo importe no baja de doscientos veinte mil pesos fuertes, alcanzando quizás a la mitad de esta suma los adquiridos por compradores eventuales, ya para abastecer a los distintos Estados de la república, ya para exportar en pequeñas pacotillas.

Fabricantes de sombreros de jipijapa
Tomo VIII
Fabricantes de sombreros de jipijapa
1872-12-30
Price, Henry
Acuarela sobre papel crema
14,7 x 20,1 cm

(30 de diciembre)
Habiendo manifestado a mis paisanos, establecidos allí para la compra de sombreros, la curiosidad que tenía de conocer los procedimientos empleados en la preparación de la nacuma hasta el momento de empezar el tejido, lleváronme a la casa de uno de los operarios que para ellos trabajan, donde satisfice a mi sabor la curiosidad que desde un principio tenía. La palma a que me refiero es, como en otro lugar tengo manifestado, muy semejante en su forma a la palma enana que se emplea en algunas de las provincias meridionales y orientales de España en la confección de escobas ordinarias y otros varios usos. Para la elaboración de sombreros. Se extrae del centro de la planta lo que se llama el cohollo, o sea la hoja que ha brotado poco antes y que no se ha desplegado aún en forma de abanico. Hecha la provisión de cohollos, cuya longitud ordinaria es de veinticinco a treinta centímetros, y los cuales, según dicen, no se hallan en perfecta sazón sino en la menguante de cada luna, proceden a lo que se llama el ripiado, que consiste en quitar a la palma sus orillas por medio de un instrumento generalmente de hueso con dos puntas muy agudas y separadas entre sí algunos milímetros, según la mayor o menor finura que han de dar al tejido.

De este modo consiguen que las palmas todas resulten de una anchura igual, utilizando sólo la parte céntrica de la hoja, que es la de mayor finura y delicadeza, sin tener por eso menos tenacidad que las orillas, que por su mayor rigidez no se aprovechan para nada. Una vez ripiado el cohollo, operación que generalmente practican los muchachos o las mujeres, se forman manojos de cuatro o cinco sin desprender las hojas del peciolo, a que se hallan adheridas por su base, y dispuestos estos manojos en hacecillos, se prepara una olla de tamaño proporcionado; se coloca en el fondo de ella una capa de los desperdicios del ripio; se ponen los manojos sobre esta capa, cubiertos con otra igual por la parte superior y sujetos por medio de unos pedacitos de caña que mantiene cierta presión sobre ellos, se echa en la olla agua muy limpia y se pone a hervir por espacio de unas dos horas. Terminada la cocción se sacan los manojos, se desenvuelven y sacuden y se cuelgan después en cuerdas preparadas al efecto en un local ventilado y sombrío. A los tres días de estarse así oreando, adquieren un color blanco amarillento, que se hace más limpio exponiendo las hojas al sol durante tres o cuatro horas, precisamente de la mañana, con lo cual se encanutan y repliegan a lo largo sobre sí mismas, formando una especie de tubo, de la tercera parte próximamente de la primitiva anchura de la hoja ripiada. En este estado han adquirido ya la blancura, elasticidad y demás cualidades indispensables para la confección del sombrero, que se empieza a tejer sobre la horma misma, empezando por la parte superior y central de su copa y se concluye por el extremo del ala.

En el dibujo que ofrezco y que representa un taller de esta clase de trabajo, se ve que en la fabricación se ocupan a la vez dos o más operarios, algunos de los cuales trabajan a jornal, ayudando a sus maestros. Este jornal suele ser de un real o real y medio del país, que son dos o tres reales de vellón, y además los alimentos cuyo importe es insignificante.
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