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Los curiosos mamarrachos de la iglesia de La Jagua

Fiestas y costumbres 1872-12-27 La Jagua, Huila, Colombia Tomo VIII
Nos detuvimos a reposar un rato bajo un cobertizo, mientras se adelantaban nuestros peones, y al punto nos vimos rodeados de una multitud de curiosos, que se explicaban nuestras preguntas y nuestras miradas investigadoras. Como la plaza era, por decirlo así, toda la población, no nos separamos de ella. En su frente sur se halla un modestísimo templo, que es el más importante de sus edificios, y aunque de medianas proporciones, está cubierto de teja y en su interior bastante aseado. La curiosidad nos hizo penetrar en él, porque el templo casi siempre es un barómetro seguro para apreciar la ilustración de los moradores de un pueblo, y muy especialmente la del pastor que lo tiene a su cargo. Lo primero que encontramos a la derecha de su entrada, fue el retablo en que se presenta a los fieles el purgatorio con las ánimas de los que allí sufren temporalmente sometidos a los más ingeniosos martirios, algunos de ellos tan caprichosos y raros, que serían bastantes para honrar la inventiva de los más crueles e implacables inquisidores.

Al llegar al altar mayor, no pudimos menos de sorprendernos, al encontrar en él dos imágenes de tal manera ataviadas, que, a no asegurarnos el sacristán que la una representaba a la Magdalena y la otra a la Virgen de los Dolores, jamás hubiéramos podido sospecharlo. Figúrese el lector dos estatuas de mujer vestidas con trajes de muselina, recién salidos de los talleres de Inglaterra o de Francia, un pañolón de la misma ligera tela, colocado en los hombros con cierta coquetería, un ridículo o escarcela en el brazo izquierdo y un sombrerito de terciopelo adornado con cintas de colores, y de la misma forma de los que se usan actualmente para traje de calle; y tendrá una idea del curioso anacronismo y extraña profanación de que eran víctimas las dos efigies.

a no asegurarnos el sacristán que la una representaba a la Magdalena y la otra a la Virgen de los Dolores, jamás hubiéramos podido sospecharlo.

Salimos del templo poseídos de un sentimiento mezclado de asombro y de lástima, al considerar la idea que pueden formarse de la religión de Jesucristo los pobres fieles, ante cuyos ojos se ofrece culto a imágenes que se hallan tan poco en armonía con los objetos que representan. Valiera más que una sola y sencilla cruz les conmemorase los sagrados misterios de la redención; que así no extraviarían sus ideas, tributando un culto sacrílego a mamarrachos risibles, que sólo ha podido inventar el deseo de explotación, único móvil que parecen tener en su conducta los fariseos de la nueva ley.
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