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Sogamoso: La Roma de los Chibchas

Ciudades y pueblos 1871-12-12 Sogamoso, Boyacá, Colombia Tomo VII
Plaza e iglesia principal de Sogamoso
Tomo VII
Plaza e iglesia principal de Sogamoso
1871-12-12
Anónimo
Fotografía sobre papel
8,9 x 11,5 cm

Antes de concluir las impresiones de este día, me permitirán mis lectores que haga una especie de paréntesis para consignar en este lugar las noticias más curiosas que me ha sido posible adquirir sobre Sogamoso y su célebre templo.

Al describir esta población el Sr. D. Felipe Pérez en su Geografía de Colombia, dice: "Sogamoso, villa pintorescamente situada en medio del valle, y a orillas del río de su nombre, era antiguamente la capital del gobierno teocrático de Suamós o Sugamuxi, gran sacerdote muisca. Su templo, que era de una fábrica soberbia y cubierto de láminas de oro, y lugar de depósito de los archivos del imperio, fue incendiado casualmente por dos soldados españoles. Quesada entró en esta ciudad en 1537. Hoy es centro de un gran comercio, tanto de cereales como de ganados y artefactos. Los cronistas españoles llaman a Sogamoso la “Roma de los chibchas”, tanto por ser una metrópoli religiosa, como por sus muchas riquezas. Fue curato de la orden de San Francisco, y poco después pasó a ser cabeza de corregimiento. Habitantes 6.400; se halla a 2.536 metros sobre el nivel del mar, y su temperatura es la de 15°.

Plaza de Sogamoso en un día de mercado
Tomo VII
Plaza de Sogamoso en un día de mercado
1871-12-12
Anónimo
Fotografía sobre papel
9,4 x 12,1 cm

El Dr. Ancízar dice en su "Peregrinación de Alpha": "La ciudad sagrada de Iracá, patrimonio del Uzaque Sugamuxi, que era también Sumo Sacerdote de los chibchas, y encargado del famoso templo allí fundado por el legislador Nenqueteba, se hallaba un poco más al sureste de la villa actual de Sogamoso, en un pequeño valle ceñido de cerros y sembrado de arboledas simétricas. Después del saqueo de Hunsahúa, se dirigió Quesada con veinte caballos y los mejores infantes de Iracá. Saliéronle al encuentro las tropas de Sugamuxi, esperándolo en el descampado de la llanura grande, donde acometidos por los caballos, fueron deshechos tres veces los escuadrones de indios, que asombrados y llenos de terror, huyeron a los montes vecinos, abandonando la ciudad y el templo. De la primera sacaron los españoles gran suma de oro, llegando a cuarenta mil castellanos el valor de las planchas arrancadas de sólo la fachada de la casa que ocupaba Sugamuxi. Bien veían los codiciosos invasores el brillo de los platos y lunas de oro con que resplandecía lo exterior del templo, edificio gigantesco sustentado por pilares de madera corpulentos; pero el día se les acabó ocupados en robar la ciudad y acordaron diferir para el sol siguiente el saqueo de lo demás, acampando cerca del templo.

Los cronistas españoles llaman a Sogamoso la “Roma de los chibchas”, tanto por ser una metrópoli religiosa, como por sus muchas riquezas.

En el silencio de la noche sonaban las lunas de oro, dando golpes agitados por el viento, y aquel ruido desveló a Miguel Sánchez y Juan Rodríguez Parra, peones vulgares y rudos, y más que todo esto, avarientos, quienes no pudiendo refrenar su impaciencia, se fueron furtivamente al templo, rompieron las puertas, y con un haz de paja encendido comenzaron a reparar gran copia de riquezas y primores, dispuestos por las paredes y techos, y dos filas de momias lujosamente ataviadas; de que deslumbrados, pusieron el hachón en el esterado suelo, y empezaron a derribar joyas con tal ansia, que no echaron de ver que ardían las esteras, hasta que, prendiendo en las paredes, cubiertas de telas finas, se levantó un torbellino de llamas tan furioso, que hubieron de salir apresurados y con las manos casi vacías. La serie de Sumos Sacerdotes desde el sucesor de Bochica, conservada en las momias, los anales de la nación chibcha, las crónicas de su civilización, lo más bien labrado de sus manufacturas, en muebles, telas y metales preciosos, todo pereció reducido a pavesas" (nota al pie de Gutiérrez de Alba: Para hacer muchas de estas afirmaciones, el autor de ellas no ofrece otra autoridad que la suya propia).
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