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La menguada suerte del escritor Juan Francisco Ortiz

Gente 1871-08-10 El Guamo, Tolima, Colombia Tomo VI
Durante la noche fui a visitar [en el Guamo] a mi amigo Don Juan Francisco Ortiz, que se hallaba enfermo de una pierna, y no podía salir de su casa. Pocas veces he sufrido una impresión tan dolorosa como la que me proporcionó esta visita. El Sr. Ortiz, filósofo y poeta, después de haber disfrutado una posición desahogada y cómoda, se halla hoy reducido a un extremo de pobreza tal, que es verdaderamente lastimosa. Servíale de habitación, y en ella me recibió a mi llegada, un estrecho y miserable rancho pajizo con el pavimento de tierra, las paredes casi sin blanquear y el techo lleno de aberturas.

Aquel hombre, verdaderamente notable por su laboriosidad y por su talento, se hallaba tendido sobre una cuja, especie de catre formado de cuatro palos y un cuero de res sin curtir; tenía a uno de sus lados una mesa tosca y al otro un banco, ambos llenos de periódicos, libros y manuscritos, y a los pies un baúl bastante deteriorado, sobre el cual ardía, pegada a una piedra que le servía de candelero, una vela de sebo, cuyo grueso pabilo carbonizado apenas le dejaba alumbrar la estancia. A mi llegada se incorporó, recibiéndome con una jovialidad envidiable, y sentándome a su lado en un taburete muy en armonía con el resto del mueblaje, permanecimos conversando por más de dos horas sobre asuntos literarios, y leyéndome él algunas de sus últimas composiciones, cuyo tono festivo apenas puede comprenderse, hallándose el autor en situación tan deplorable.

Pocas veces he sufrido una impresión tan dolorosa como la que me proporcionó esta visita.

Retiréme de allí para ir a descansar a mi hotel, después de ofrecerle otra visita para el día siguiente, lo cual me agradeció sobre manera. Mi permanencia en aquel lugar tan miserable me había impresionado de un modo tan profundo, que tardé muchas horas en poder conciliar el sueño, no sabiendo qué admirar más, si la asombrosa resignación de aquel hombre, o la indiferencia de sus conciudadanos por la menguada suerte de uno de sus escritores más distinguidos.
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