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Bogotá de fiesta

Fiestas y costumbres 1871-07-19 Bogotá Tomo VI
(20 de julio)
Desde el amanecer de este día el pueblo vagaba por todas partes, ansioso de que llegase la hora de presenciar los dos grandes espectáculos que se esperaban: la apertura de la Exposición de productos nacionales y la revista […] Los discursos del Presidente de la Comisión y el de la República, fueron muy apropiados al acto, y hacían comprender que en los círculos más ilustrados del país se vislumbra ya el camino de llegar, por medio del progreso en las mejoras materiales, al estado de prosperidad reservado por el tiempo a estas feracísimas comarcas.

Después del discurso, siguiéronse algunas salvas de fusilería en la misma plaza, literalmente llena de curiosos, donde milagrosamente no hubo que lamentar algunas desgracias. […] me dirigí a mi hotel; me puse en traje conveniente para asistir al baile, que era de ceremonia, y a las doce me presenté en él, acompañado de algunos amigos. Los salones de la casa en que se verificó eran pequeños para contener la numerosa y escogida concurrencia que había acudido; así es que ni las señoras ni los caballeros podían lucir su habilidad coreográfica con el desahogo necesario, ni las mesas del ambigú estuvieron abordables sino pasadas las primeras horas.

(21 de julio)
La fiesta de este día empezó con el encierro de unos cuantos toros que por la tarde debían lidiarse. […] Llegados a la plaza se encerró el ganado sin dificultad alguna, y soltaron sucesivamente dos de aquellos inofensivos animales, que fueron a su vez lidiados por la multitud, consistiendo la lidia sólo en algunas carreras sin orden ni concierto, y terminando con enlazar el animal por el cuello y las astas con un crecido número de rejos, arrastrándolo de este modo hasta el toril, donde volvían a encerrarlo. Salvo algunas caídas por atropello del toro o los caballos, a causa de hallarse la plaza literalmente llena de gente, no hubo lance alguno que merezca la pena de contase.

Por la tarde volvió a repetirse la misma función, sin más diferencia que una especie de despejo, tal como antiguamente se verificaba en España; pero despejo inútil, porque a los pocos minutos volvió a llenarse la plaza de jinetes y peones, para correr en tumulto, del mismo modo que lo habían hecho por la mañana, exhibiéndose algunos toros más, en los cuales la bravura no era la cualidad más sobresaliente.

[…] Los toreros, que parecían serlo de profesión, a juzgar por el traje que de los de la multitud los diferenciaba, eran sólo cuatro, africano uno y los demás de raza indígena. Estos no hicieron otra cosa que correr casi toda la tarde a más o menos distancia del toro, casi siempre fugitivo, agitando en el aire un trapo de color colocado en un palo a guisa de bandera; y aunque intentaron más de una vez clavar al pobre toro una sola banderilla, no pudieron conseguirlo, por un exceso de prudencia, y al fin la guardaron para ocasión más oportuna.

Los toreros, que parecían serlo de profesión, a juzgar por el traje que de los de la multitud los diferenciaba, eran sólo cuatro, africano uno y los demás de raza indígena. 

( 27 de julio)
Por ser éste el último día destinado a las fiestas, las cuadrillas ecuestres de la tarde fueron enteramente variadas, presentándose en ellas tipos caricaturescos de los diferentes Estados de la República, que divirtieron mucho a los concurrentes. Por lo demás, desde el primero al último día no dejaron de verse los excesos propios de este género de diversiones. El juego de envite y azar, en que la destreza de algunos servía para apoderarse del dinero de los incautos; la embriaguez como complemento de la diversión; la falta absoluta de respeto a las autoridades constituidas; riñas y alborotos, vapuleos, pedradas, cuchilladas y tiros, de que resultaron algunas víctimas, fue la atmósfera que se respiró por algunos días en la ciudad de Bogotá, llena de inmundicia más que de ordinario por la falta absoluta de policía urbana.

Guerra civil a presencia de la autoridad militar
Tomo VI
Guerra civil a presencia de la autoridad militar
1871-07-01
Torres Méndez, Ramón
Litografía iluminada a la acuarela
17,8 x 24,2 cm

Muchos días después, sólo se veían por las calles rostros macilentos y figuras escuálidas, como si toda la población hubiese tomado parte en la escandalosa y prolongada orgía que constituyó el alma de las fiestas.
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