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Ronda de hormigas

Fauna 1871-02-25 Villavicencio, Meta, Colombia Tomo V
A poca distancia encontramos un objeto, sobre el cual el Sr. Rey llamó mi atención, y que en efecto no deja de ser notable; era éste un hormiguero inmenso, compuesto de muchos millones de hormigas que, atravesando la estrecha vereda, se dirigía al través del bosque en dirección al parecer incierta y guiados en su marcha por el raro instinto que distingue a esta original clase de hormigas nómades. En efecto, entre estos pequeñísimos seres, sin duda para cumplir con una ley providencial de la Naturaleza, existen también razas que viven errantes y sin domicilio fijo, alimentándose de lo que encuentran al azar y confiados en la Providencia.

Cuando una de estas legiones de insectos, designados colectivamente en el país con el nombre de ronda, emprende camino en dirección determinada, no hay obstáculo alguno excepto las corrientes de agua o el fuego prendido en las rozas del bosque o en los pajonales del llano, que pueda hacerle cambiar de rumbo. Todos los demás son pequeños obstáculos, que vencen con facilidad su constancia y su osadía. Si a su paso encuentran un gran árbol, cargado de fruto, lo despojan de él en brevísimo tiempo, trepando algunas por sus ramas y haciéndolo caer al suelo, maduro o verde, para que el grueso de la legión lo aproveche con más facilidad, sin separarse de su camino.

También devoran con una facilidad y prontitud admirables los restos de cualquier animal que encuentran a su paso, sea cual fuere el estado en que el cadáver se halle, sin dejar otra cosa que los huesos perfectamente limpios y aquellas partes que como el pelo, las uñas o las astas no se prestan a ser devoradas. Si es una humana habitación la que a su paso se interpone, se ve en pocos momentos invadida por todas partes, aniquiladas sus provisiones y destruidos cuantos insectos o reptiles contenga. Y no sirve matar uno o muchos millones de la invasora falange, porque ni esto intimida a las demás, ni es fácil con esta matanza hacer mella visible en sus ejércitos numerosos.

Todos los demás son pequeños obstáculos, que vencen con facilidad su constancia y su osadía.

Así es que los moradores del campo o de cualquier casa en una población, que ven su hogar invadido por la especie de guerrilla que suele preceder al cuerpo compacto de la ronda, se resignan a sufrir la violación inevitable de su domicilio, contentándose con retirar del saqueo las provisiones de boca y cualesquiera otros objetos que pudieran ser devorados por aquellos vándalos en miniatura. Las consecuencias de esta invasión suelen ser a veces muy favorables para las familias, principalmente donde abundan los insectos que más molestan y mortifican a la especie humana, como cucarachas, mosquitos y chinches, así como los ratones y otras sabandijas que escogen para vivir la morada humana, haciendo al rey de la creación una cruda e interminable guerra.

Pasamos sobre la ronda, dejando los cascos de nuestras mulas algunos cadáveres destinados sin duda a nutrir los estómagos de sus compañeras, que no perdonan ni a su misma especie, y continuamos adelante, llegando a la hacienda, que se denomina El Carmen de Ocoa, una hora después de nuestra salida.
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