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En épocas cercanas
a la Conquista española, las poblaciones de la Serranía
de San Jacinto y del bajo río Magdalena, a diferencia
de las poblaciones zenúes de las llanuras inundables,
orientaron la producción de su orfebrería hacia
el uso generalizado de adornos relativamente pequeños,
elaborados por fundición en aleaciones de cobre y oro.
Estos objetos hicieron parte de los ajuares funerarios depositados
junto a los muertos.
Su
característica fundamental es el predominio en el uso de la tumbaga con
altos contenidos de cobre, razón por la cual muchos objetos se encuentran
corroídos. Para que las piezas tuvieran un aspecto dorado en su superficie,
las sometieron a un proceso químico de calentamiento, conocido actualmente
como dorado por oxidación. El paso del tiempo y el intenso uso de los adornos
ocasionaron la pérdida de la capa superficial dorada, de manera que quedó
al descubierto el metal base, cobre oscuro y corroído. La técnica
de manufactura y decoración más generalizada fue la filigrana fundida,
por lo común con hilos muy delgados. El
arte orfebre de la Serranía incluía pequeños remates de bastón
con variadas representaciones de hombres y animales, orejeras circulares y semicirculares
de filigrana fundida muy fina, narigueras de prolongaciones laterales, hombres
con tocados bifurcados, narigueras circulares o en forma de n, campanas
y cascabeles. Los
motivos representados en estos adornos son variados; algunos con imágenes
realistas y otros con un alto grado de esquematización. Son naturalistas
las figuras de seres humanos que muestran hombres con totumas en las manos o músicos
con gaitas y maracas, de pié o sentados en bancos de espaldar alto. En
la fauna se incluyeron especies propias del ambiente quebrado de la Serranía
y también de las zonas ribereñas y cenagosas. Por otra parte, pequeñas
aves, mamíferos, reptiles y seres humanos esquematizados adornan las orejeras.
Muy característico
de estas piezas fue la representación de escenas: bandadas de patos posados
sobre una rama, la lucha de un felino con un caimán o un hombre que sostiene
las garras de un ave rapaz. Se
destacan en las escenas y otros adornos los felinos, anfibios y aves como los
principales animales que se asocian con los seres humanos. Generalmente hombres
y animales mantienen su individualidad, como los personajes ataviados de cuerpo
muy esquemático, algunos de los cuales llevan sapos o ranas muy reales
en el pecho; pero en ocasiones se advierten imágenes que muestran la fusión
de distintos seres en uno solo, con rostro humano y tocado bifurcado que sugiere
penachos de plumas, cuyo cuerpo se torna en el de un animal que bien podría
ser un pez, un lagarto o un crustáceo , de todas maneras un ser acuático
propio de aquellos ambientes cenagosos. Ciertos
aspectos de esta orfebrería como el uso generalizado del tejido de la filigrana
fundida, los remates de bastón, las orejeras semicirculares y las narigueras
con prolongaciones laterales, se hicieron bajo interpretaciones muy propias de
estos pueblos, pero al mismo tiempo sugieren relaciones sociales estrechas e influencia
de las poblaciones zenúes en la manufactura de los objetos tanto como en
ideas de su pensamiento simbólico. De
acuerdo con la alta concentración de piezas procedentes de la Serranía
de San Jacinto, posiblemente allí existió un importante centro de
manufactura. No sabemos desde qué época se inició la producción
orfebre en estas regiones, pero los temas y técnicas compartidas con la
orfebrería de las llanuras inundables, producida al menos desde el 200
a.C., sugieren que podría remontarse atrás en el tiempo. La certeza
radica en la continuidad en la producción hasta después de la Conquista
como lo atestiguan algunas fechas de radio carbono asociadas a estos objetos que
oscilan entre el 1420 y el 1665 después de Cristo.
Zenú
en la exposición del Museo del Oro
Tradición zenú
El tejido y la representación
del universo
Tecnologías
y escenas de la vida diaria
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