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Para muchas sociedades
indígenas actuales los tejidos en fibras vegetales están
estrechamente vinculados con su vida cotidiana, con el ritual
y con la construcción del conocimiento por parte de los
líderes. El construir un canasto o tejer una manta es
como recrear la idea del universo; en este ejercicio se unen
el saber, la naturaleza (las fibras) y lo material que es el
trabajo en sí mismo. Al tejer se hace y se representa
la cultura.
En
las llanuras del Caribe, las sociedades zenúes, junto con su fauna, vivían
dentro de una red de caños, ríos y ciénagas, relacionados
con el sistema hidráulico, que a su vez formaba una intrincada malla de
canales artificiales. Las poblaciones se organizaban en un ordenado tejido de
relaciones comerciales, políticas y religiosas complementarias que hacían
parte del enorme tapiz del Gran Zenú. El
tejido se relacionó con todos los aspectos de su cultura. Para ellos, el
universo parece haber sido un enorme tejido sobre el que reposaban los seres vivos.
Así como el tejido de los canales era el lugar donde se desarrollaban la
existencia, el tejido metálico de las orejeras soportaba también
las representaciones de la fauna y de la gente, elaborados de forma esquemática,
así como las pequeñas mochilas de algodón sostenidas por
barras de hueso talladas con diseños de aves. Debido
a su naturaleza orgánica, los vestigios prehispánicos de tejidos
con fibras vegetales son prácticamente inexistentes; no así las
herramientas usadas para este oficio, como agujas de hueso o concha, o volantes
de huso de cerámica, concha o hueso. Las evidencias de la proliferación
de textiles las encontramos en sus múltiples representaciones en la orfebrería
y en vasijas cerámicas de uso ritual y funerario depositadas en los recintos
sagrados o bajo los túmulos. La
técnica distintiva de manufactura y decoración en la orfebrería
de las Llanuras del Caribe fue la falsa filigrana, por medio de la cual el oro
se expresó como un verdadero tejido de metal, especialmente en las orejeras.
En la representación de músicos que llevan puestas estas orejeras
se pueden observar además viseras tejidas o sombreros. En
arcilla modelaron diversas vasijas en forma de canastas, cestas posadas sobre
bancos y otras vasijas redondeadas con diseños de redes. Las mujeres se
mostraron vestidas con largas faldas tejidas de los más variados diseños
y adornadas con pintura corporal que reproducía diseños similares
a los tejidos de las faldas. En
las crónicas de la Conquista se consignaron numerosas referencias sobre
la industria textil entre los pueblos zenúes. Se mencionaba una hamaca
finamente labrada en algodón y receptora de las ofrendas de
oro del templo de Finzenú, la cual era además el sitio de descanso
de los ancestros, al decir de los zenúes de la época. También
se hablaba de chinchorros de algodón, canastos para recolectar cangrejos,
grillos y langostas o esteras tejidas con caña fleche usadas a manera de
alfombras, así como las faldas de las mujeres. En
las representaciones de la orfebrería y de la cerámica de los pueblos
zenúes, es evidente la mezcla de elementos, ambientes y trabajo para manifestar
su cultura como un verdadero tejido que en conjunto simbolizaría su Universo:
metales o arcillas del mundo subterráneo, tejidos de la tierra que permitía
los cultivos, animales de los más variados ambientes y la gente que trabajaba
todo esto y que se representaba a sí misma.
Zenú
en la exposición del Museo del Oro
Tradición zenú
El tejido y la representación
del universo
Tecnologías
y escenas de la vida diaria
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