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Desde el 200 a.C., cacicazgos de agricultores construyeron
un sistema hidráulico que por 1.300 años controló
las inundaciones en las cálidas llanuras del Caribe.
La metáfora del tejido estuvo presente en la trama de
los canales de drenaje, las redes de pesca, la alfarería
y la orfebrería hecha en aleaciones ricas en oro. Aves
acuáticas, caimanes, peces, felinos y venados fueron
recursos alimenticios y a la vez elementos esenciales de su
pensamiento simbólico.
Los difuntos eran enterrados con figuras de mujeres en arcilla
y cubiertos con túmulos donde se sembraban árboles
de cuyas ramas pendían campanas. La redondez de túmulos
y pectorales significaba gestación y renacimiento.
Después del 1100 d.C. y hasta la Conquista los zenúes
se replegaron a las sabanas altas y al valle del Sinú,
mientras grupos relacionados ocuparon la Serranía de
San Jacinto y las riberas del Magdalena. Los orfebres de la
Serranía de San Jacinto fabricaban objetos de uso masivo
en aleaciones ricas en cobre: orejeras, colgantes con personajes
ataviados y hombres-anfibios.
Zenú
en la exposición del Museo del Oro
Tradición zenú
El
tejido y la representación del universo
Tecnologías
y escenas de la vida diaria
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