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Cuando se mencionan los manglares,
llega a nosotros la imagen de una serie de árboles con
grandes raíces que afloran sobre el agua, a veces secos
y en ocasiones frondosos. Resulta difícil imaginar al
hombre viviendo en un ambiente con estas características,
sin embargo, la existencia de algunas gramíneas, helechos
y esporas de algas indica la presencia de áreas pantanosas
donde la baja acción del ciclo de mareas, el arrastre
y la sedimentación, hicieron posible el asentamiento
humano y el cultivo de algunas plantas.
Esta
presencia está registrada hace más de dos mil cuatrocientos años,
entre el sitio de Esmeraldas en el Ecuador y Buenaventura en Colombia, región
que fue habitada de forma permanente por sociedades que se adaptaron a estos ecosistemas. En
las áreas pantanosas donde crece el manglar, existen islotes,
depósitos arenosos consolidados en medio del agua salada, que son zonas
secas de forma plana llamados firmes, que fueron utilizados para levantar
montículos artificiales sobre los cuales construyeron sus viviendas y cementerios.
En cerámica
representaron sus casas y algunas estructuras especializadas destinadas a rituales
y ceremonias. Las viviendas en general son de plano rectangular a cuadrado con
techo a dos aguas. Los arqueólogos han podido verificar esta información
con el hallazgo de restos de construcciones como un fragmento de bahareque encontrado
cerca de los campos de cultivo en el sitio El Gran Cebú y fragmentos con
marcas de caña encontrados en la zona baja del río Guayas. Por
las particularidades del territorio, su alimento se basó en la explotación
de los recursos que brinda el manglar, como moluscos y crustáceos que se
enredan en sus raíces y crecen allí; numerosas aves y peces. Sobre la pesca artesanal
prehispánica en estuarios tenemos algunos datos como el del uso de pequeñas
canoas, redes con pesas de piedra y anzuelos de oro y concha. Es una tradición
que se conserva en la actualidad con el uso de potrillos a vela, como
se conoce en Ecuador y Perú a estas embarcaciones. Para
preparar los peces debieron utilizar descamadores donde se incrustaban pequeñas
piedritas que facilitaban el desprendimiento de las escamas. Su diseño
básico es en forma de pez, posiblemente inspirado en el áspero escamado
de algunas de las especies, entre la que se destaca el pez erizo. También
cultivaron el maíz y la yuca, en parcelas agrícolas dispuestas alrededor
de los asentamientos. Con relación a la agricultura, en las costas ecuatorianas
el cultivo del maíz ha sido fechado hacia el 3200 a.C. en sitios como Loma
Alta y San Isidro, mientras que para la costa sur de Colombia la introducción
de este cultivo, así como el de la yuca, se da durante el primer milenio
antes de Cristo. Esta información se obtuvo a través de los registros
de polen, realizados por los arqueólogos en el desarrollo de sus excavaciones
en sitios como la Cocotera, en el río Bubuey (Cauca). De
acuerdo con las representaciones en cerámica también debieron consumir
otras especies como armadillos (Dasypus novemcinctus), micos (cebus
sp.) y faras o chuchas (Didelphys sp).
Tumaco
en la exposición del Museo del Oro Vivir
en el Manglar
La
Expresión de poder en Tumaco- la Tolita
El ciclo de la vida |