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Las ofrendas jugaron un papel fundamental
dentro del sistema de prácticas religiosas de las antiguas
sociedades de la Cordillera Oriental. A través de ellas
buscaron mantener el equilibrio del mundo.
Ofrendas
de oro, madera, cuentas de piedra, artefactos de concha y hueso, uñas,
pelo, semen, sangre, tabaco, coca y otras sustancias alucinógenas; bebidas,
comidas, plantas y hierbas; textiles, vasijas de cerámica, canastos, cristales
de cuarzo, carbón y un gran número de esmeraldas fueron objetos
que encarnaron a través de su materia y forma, algunos de los principios
básicos del amplio sistema de oposiciones alrededor del cual se organizaba
el cosmos para estas poblaciones. Principios
que tomaban vida cuando los objetos eran depositados en lugares sagrados como
lagos, ríos, cuevas, terrazas agrícolas, cimas de montañas
o colinas, plantas de viviendas, templos y tumbas. Allí acudían
los jeques a depositar aquellas ofrendas que, a través de su conocimiento
y sus actos adivinatorios, en su concepto poseían las facultades que se
requerían para enfrentarse a aquellos fenómenos naturales o eventos
sociales que les afectaban, y que eran consecuencia de las alteraciones del equilibrio
cósmico dual. Objetos
como los tunjos o santillos, que eran figurinas de oro y tumbaga con forma humana
o animal, o de objetos de uso personal y cotidiano, o escenas de vida, eran entregados
por lo general en parejas o grupos. Las dos figuras encarnan una pareja de opuestos,
como el hombre y la mujer. Sin
embargo, esta liberación de las fuerzas de los objetos no se conseguía
solamente con la entrega de las figuras de manos del jeque en aquellos lugares
sagrados. La comunicación con el mundo inmaterial era bastante más
compleja, y de la precisión del proceso en su totalidad dependían
los beneficios que se pudiesen obtener. Ésta se llevaba a cabo en momentos
determinados por uno o varios jeques en ceremonias conformadas por rezos, cantos
y bailes que eran escogidos por estos sacerdotes según las necesidades
de la ofrenda. Muisca en la exposición
del Museo del Oro
Caciques, jeques, capitanes y pregoneros
Vida religiosa y ofrendas
La balsa de Eldorado
Los tres estilos |
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