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Primero estaba el mar, todo estaba oscuro. No había
sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. El mar estaba
en todas partes. El mar era la Madre; la Madre no era gente,
ni nada ni cosa alguna. Ella era espíritu de lo que
iba a venir y ella era pensamiento y memoria.
Mitología kogui
(Reichel-Dolmatoff 1985,
p. 17)
Era la nada, no había cosa alguna. Allí
el Padre palpaba lo imaginario, lo misterioso. No había
nada. ¿Qué cosa habría? Naainuema, el
Padre, en estado de trance, se concentró, buscaba dentro
de sí mismo.
Mitología uitoto
(Preuss 1994, p. 19)
Dicen que una llovizna cayó y la laguna Ñimpi
se puso grande. Vino un derrumbe y de allí bajó
una niñita envuelta en un chumbe de colores. Como a
los diez años sembraba plantas de oro y enseñó
a cultivarlas; las cocinaba en canoas y en el fondo quedaba
el oro en esferas que se derretían para hacer otras
cosas. Por eso los antiguos podían amasar el oro.
Mitología guambiana
(Vasco Uribe 2002, p. 7-8)
El tabaco era antes gente. Le gustaban los cuentos; cuando oía
hablar en una casa se arrimaba a la pared y escuchaba. Por eso
la Madre hizo que creciera siempre alrededor de las casas, cerquita
a la pared. Allá puede escuchar. También la Madre
mandó que el tabaco se tomara junto con la coca, porque
así puede oír todos los cuentos.
Mitología kogui
(Reichel-Dolmatoff 1985,
p. 64)
Tomirepa, el que primero nos hizo hablar, fue quien primero
comenzó a trabajar. Fue el primero que sembró
con ellos. Entre todos tumbaron un palo por medio del fuego;
hacían una hoguera alrededor del palo y lo quemaban.
Quedaba un pedacito limpio, y ahí sembraron toda clase
de frutas. Él hizo retoñar todos los cultivos
que hay: yuca, piña, maní, coca, ají.
Andoque, Caquetá
(Landaburu y Pineda C. 1984,
p. 176)
Un cazador llevaba tabaco yüi makuira, el que utilizan
los chamanes. Partió un trozo, se lo metió en
la boca y le sacó el zumo. ¡Sulum! ¡Lo
escupió hacia arriba! Enseguida los venados corrieron
por aquí y por allá. Antes eran mujeres. Ahora
se habían transformado en ciervos con sólo oler
el tabaco yüi makuira.
Wayuu, Guajira
(Perrin 1995, p. 120)
Caragabí le dijo al carricerito pequeño: usted
sí va a poder, vaya suba. Cuando troce el bejuco, deje
el hacha y corra para abajo. El carricerito se subió
y cuando trozó el bejuco se bajó y llegó
a la tierra antes de que cayera el árbol. Cuando cayó
ese árbol se volvió todo agua, como mar, y donde
cayeron los bejucos se formaron los ríos. Y la gente
pudo tomar agua.
Emberá-chocó, Chocó
(Dogiramá 1984, p. 27-28)
El padre Yoí pensó: “Como ya tengo hijos
grandes voy a hacer la primera fiesta, para que ellos aprendan
y sigan mi ejemplo”. Nos lo enseñó y desde
entonces se siguió haciendo. La hizo en el tiempo de
la oscuridad, con toda su gente, para alegrar el mundo hasta
hoy. Se escucha con todos sus instrumentos: motelo, tambores,
bocinos y la bulla de la gente. La corona que tenía
el padre era de plumas de la cola del gavilán. Todos
tenían sus aretes grandes que brillaban y cada uno
se pintaba la cara con zumo de huito.
Ticuna, Amazonas
(Camacho 1995, p. 46)
El tigre era humano, era payé. Se vistió, se
transformó en tigre y atacaba a los hombres, pero de
otro clan. A las jóvenes, antes de la pubertad, las
asustaba; les hacía caricias refregándolas con
la cola. En una ocasión se encontró con un hombre.
Cuando se disfrazaba de tigre, les advertía que lo
llamasen con su nombre, para no matarlos por equivocación.
Este hombre no lo llamó, entonces lo mató.
Desana, Vaupés
(Reichel-Dolmatoff 1986,
p. 206)
En cuanto llegó abajo el manguaré, empezaron
a hacer la casa donde lo iban a instalar. El jefe del trabajo
era el pájaro cucarachero. En esa maloca vivieron.
La maloca es de ese tiempo. A lo que terminaron de trabajar,
Tomirepa se puso a nombrar todos los palos de la maloca: el
estantillo, la viga, la vara, la zancona, los bejucos, la
cumbrera, la culata. Dijo: “Ya sabemos todos los nombres.
Ya sabemos hacer casa. Así seguiremos haciendo”.
Andoque, Caquetá
(Landaburu y Pineda C. 1984,
p. 89)
A ese Bungu, búho, lo nombraron como autoridad, lo
nombraron como comisario. Tenía un banco grande en
el medio del templo, y tenía su comunidad, su gente,
sus pájaros. Por eso ahora cuando nombran una autoridad,
un comisario, tiene siempre un banquito bien bueno, y lo mismo
es el mamo.
Wiwa, Sierra Nevada de Santa Marta
(Echavarría Usher 1994,
p. 16)
Todo comenzó en la rodilla del padre. Ésta
se hinchó durante varios días; luego salieron
todas las personas que poblaron el mundo. La rodilla era como
un espejo. Los primeros grupos de personas venían con
los diferentes instrumentos y materiales. Los de adelante
portaban una caparazón de tortuga motelo; luego venía
un grupo con un bocino de caña; otros hombres traían
frutos de huito.
Ticuna, Amazonas
(Camacho 1995, p. 33)
Por los lados de Taibá vivía Porré.
Era un animal que crecía muy alto y como culebra; era
de oro y tenía barbas. Cuando tocaban un caracol, crecía
para arriba, se oscurecía todo, había viento
y tronera. Dos jaibanás tocaron la caracola, clavaron
una hilera de lanzas en el piso y brujearon a Porré
para que se durmiera. Cayó encima de las lanzas y se
murió. De allí salieron las vetas de oro entre
la tierra.
Emberá-Chamí, Risaralda
(Vasco Uribe 2001, p. 23)
El pájaro cucarachero le preguntó a Tomirepa:
“¿Y ahora cómo nos vamos a poner alegres?”.
“Vamos a buscar”, contestó Tomirepa. Y
entregó al personal de Nenefi casabe, caguana, manicuera,
ambil y coca. Colgaron el manguaré, lo tocaron e hicieron
el primer baile, el baile de cabeza.
Andoque, Caquetá
(Landaburu y Pineda C. 1984,
p. 89)
El que enseñó a hacer zarcillos de cobre tenía
unos moldes de greda amarilla. Cerca había un agua
amarilla. Allá, sin que nadie lo pudiera observar,
sacaba agua y la echaba en el molde; de allí sacaba
muchos zarcillos. Eran de dos metales: blanco y amarillo.
Era en los tiempos de la Hija del Sol. Luego llegaron los
españoles y eso se acabó.
Desana, Vaupés
(Reichel-Dolmatoff 1986,
p. 199)
Una vez controlada la nada, Naainuema creó el agua:
transformó en agua la saliva de su boca. Luego se sentó
en esta parte del universo, que es muestra tierra, para crear
el cielo: tomó una parte de esa tierra y con ella formó
el cielo azul y las nubes blancas.
Uitoto, Vaupés
(Preuss 1994, p. 20)
Baukara, del mundo húmedo, de los lagos de las tierras
altas, está pensando; ella piensa en los mundos de
abajo, del medio y de arriba. ¿Cómo hará
para ubicar el mundo del agua, el mundo abuelo? Baukara se
levanta, ella pone los lagos desde el Oeste hasta el Este,
ella pone el alma. De estos lagos del mundo del medio, en
las tierras altas, nacerán, después de la media
noche, las plantas, los árboles y los animales.
Uwa, Sierra Nevada del Cocuy
(Osborn 1995, p. 163-164)
Srekollimisak es un anciano con las manos llenas de llagas
y que usa un bordón de oro. Su trueno suena muy duro.
La vara de Srekollimisak es de oro, lleva fuego en la punta
y por eso puede lanzar el rayo. Con ella va a la laguna, mete
la punta en el agua y así sale la lluvia a través
del trueno.
Guambía, Cauca
(Vasco Uribe 2002, p. 21)
¿Viejo, qué estás haciendo? Estoy poniendo
peces en los ríos. Primero a Cangrejo y luego a todos
los demás peces. Nadan corriente arriba desde el mar;
echan una carrera río arriba. Ganan los grandes y fuertes,
que se pueden quedar en los grandes ríos. Los pequeños,
perdedores en la carrera, suben por los ríos más
pequeños y por las quebradas.
Uwa, Sierra Nevada del Cocuy
(Osborn 1995, p. 171)
En aquel tiempo el sol permanecía quieto, no había
noche. La gente no descansaba y comía continuamente,
los alimentos no rendían. Los Kawaiwa supieron que
hacia donde sale el sol, allí sí había
noche. Fueron hasta allá y el dueño del poder
de la oscuridad les entregó la Caja de la Noche; al
abrirla salieron murciélagos, el muchilero negro, el
ave correo, los animales nocturnos, y la noche se regó
por el mundo.
Cubeo, Vaupés
(Correa 1997, p. 28)
La avispa cortó nuestra cola, la cola que la gente
en un principio llevaba. Todos teníamos cola. Le cortó
la cola a la rana y también a nosotros, que así
nos convertimos en seres humanos. Finalmente se cansó
de tanto cortar y a partir de ese momento los hombres que
aún tenían cola se transformaron en micos churucos.
Uitoto, Vaupés
(Preuss 1994, p. 24-25)
Luna enamoraba a su hermana y cada noche iba a dormir con
ella. La hermana creía que era otro hombre y se preguntaba
quién sería. Una noche se mojó las manos
en tinta negra y cuando vino el hombre le dio una palmada
en la cara para pintarlo y poderlo descubrir al día
siguiente. En el día conoció que era su propio
hermano. Por eso Luna tiene muchas manchas negras pintadas.
Barasana, Vaupés
(Torres Laborde 1969, p. 31)
Entonces la esposa de Jitiruni repartió la yuca entre
la gente. Se colocaron porciones de masa debajo de las axilas,
así se cocía. ¿En qué otra cosa
la iban a asar si no había fuego? Se la comían
así. Toda la gente traía pedazos de la raíz.
Entonces tejieron canastos. ¡Como se saciaba la gente!
Al descubrir ese árbol dejaron de comer tierra.
Uitoto, Vaupés
(Preuss 1994, p. 50)
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Correa, Francois.
1997. Los Kuwaiwa, creadores del universo, la sociedad
y la cultura cubeo. Biblioteca Abya-Yala, Quito.
Dogiramá, Floresmiro. 1984.
Literatura oral Emberá. Centro Gaitán,
Bogotá.
Echavarría Usher, Cristina.
1994. Cuentos y cantos de las aves wiwa. Boletín
Museo del Oro, No. 37, pp 2-33. Bogotá: Banco
de la República.
Landaburu, Jon y Roberto
Pineda C. 1984. Tradiciones de la Gente del Hacha. Mitología
de los indios andoques del Amazonas. Instituto Caro y
Cuervo, Unesco, Bogotá.
Perrin, Michel. 1995. Los practicantes
del sueño. El chamanismo wayuu. Monte Ávila
Editores Latinoamericana, Caracas.
Preuss, Konrad Theodor. 1994. Religión
y mitología de los uitotos. Segunda parte. Textos y
diccionario. Editorial Universidad Nacional, Bogotá.
Reichel-Dolmatoff,
Gerardo. 1985. Los Kogi. Una tribu de la Sierra Nevada
de Santa Marta. Nueva Biblioteca colombiana de cultura.
Tomo II. Procultura, Bogotá.
Reichel-Dolmatoff, Gerardo.
1986. Desana. Simbolismo de los Indios Tukano del Vaupés.
Universidad de los Andes, Bogotá.
Torres Laborde, Alfonso. 1969. Mito
y cultura entre los Barasana, un grupo indígena tucano
del Vaupés. Universidad de los Andes, Bogotá.
Vasco Uribe, Luis Guillermo. 2001.
El oro y la plata entre los embera y waunaan. Boletín
Museo del Oro, No. 50, enero-junio 2001. Bogotá:
Banco de la República. (En Internet)
Vasco, Luis Guillermo. 2002. Guambianos:
una cultura de oro. Boletín Museo del Oro,
No. 50, julio-diciembre 2001. Bogotá: Banco de la República.
(En Internet)
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