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El nombre Sonso corresponde al de una
laguna y es un término autóctono que ha sobrevivido
desde la época colonial española hasta nuestros
días.
Hacia
el 650 d.C., aproximadamente, los grupos que habitaron la región Calima
sufrieron un cambio en cuanto al desarrollo de sus actividades cotidianas, políticas,
económicas y rituales. Sin embargo, características como la construcción
de las viviendas sobre aterrazamientos naturales o artificiales en las laderas
de las colinas y el sistema y tradición tecnológica de producción
agrícola de cultivar sobre camellones, sugieren continuidad con respecto
al periodo Yotoco. Además, la gente que vivió durante este lapso,
coexistió al parecer con gente del período anterior, ocupando probablemente
los mismos lugares de sus predecesores. Durante el período Sonso los asentamientos
se encuentran distribuidos a lo largo del Valle del Dorado, que comprende los
municipios de Darién, Yotoco, Restrepo y La Cumbre. Allí, la zona
usada para la agricultura se restringió a las laderas de las montañas
y al extremo del valle. Durante
el período Sonso aumentó la población con respecto al período
anterior, razón por la cual, debido a la necesidad de sostener una mayor
cantidad de habitantes, aumentó al mismo tiempo la producción de
alimentos. Así, una de las características representativas de este
período es la importancia que adquirieron las actividades de carácter
cotidiano como la pesca, la caza y el quehacer doméstico. Estas quedaron
ampliamente representadas a través de objetos de uso cotidiano como vasijas
de cerámica, utilizadas para la elaboración, cocción o ingestión
de alimentos, así como también por utensilios elaborados en piedra. Los
alfareros del periodo Sonso elaboraron gran variedad de formas cerámicas
que incluyeron diversos diseños así como técnicas de decoración.
Entre las principales formas encontramos ollas de base alta y cuerpo aquillado,
cántaros de tres asas, cuencos, platos, copas, vasos antropomorfos, volantes
de uso y sellos que fueron decoradas con diversos motivos geométricos principalmente
lineales, elaborados en pintura negativa negra sobre rojo, aplicada sobre la superficie
externa. El cuerpo
humano también fue importante para estas sociedades, no sólo por
las representaciones hechas en cerámica o los rostros que a ellas aluden,
sino por la presencia de sellos con los que se pintaban. De
igual forma, se elaboraron gran cantidad de artefactos en piedra bastante parecidos
a los del período Ilama. Entre las principales formas encontramos raspadores
y pulidores, utilizados para desarrollar actividades como la producción
de otros artefactos en diferentes tipos de material como hueso, concha o pieles
de animales, o para el procesamiento de alimentos, es decir, para cortar y despellejar
las presas que luego se cocinaban y se servían en vasijas de cerámica.
También se han hallado lanzas con punta de proyectil para actividades relacionadas
con la caza y la pesca. Dentro del grupo de artefactos utilizados para la pesca,
sobresale la elaboración de arpones de tipo brasileño,
caracterizados por un ensanchamiento hacia un extremo y un orificio redondo para
el dedo índice. Durante
el periodo Sonso, la elaboración de adornos en oro se caracterizó
por un fuerte cambio con respecto a las formas, diseños y temas representados
durante los periodos anteriores. Estos
atuendos y adornos podrían asociarse, al igual que los del periodo Yotoco,
con actividades de tipo ritual, chamánico, o de ofrenda, cargados de un
gran contenido simbólico. Sin embargo, si se tiene en cuenta que todo objeto
hace parte del mundo natural y cotidiano de un individuo y que sólo el
contexto histórico, social y cultural en el que se encuentra inmerso determina
su significado, podríamos decir entonces que los atuendos y adornos elaborados
durante el periodo Sonso son la representación material de una sociedad
con características políticas, sociales y económicas distintas
a las de períodos anteriores. Investigaciones arqueológicas sugieren
tal vez un cambio en la forma como se ejerció el poder político
y religioso en estas sociedades tardías. Esto es, un poder menos personalizado,
realzado a través de una orfebrería no tan suntuosa, es decir, un
poder más institucionalizado y sustentado en aspectos de tipo económico
o político, pero no individual. Efectivamente estos adornos elaborados
en oro fueron menos grandes y suntuosos, inclusive más pesados, sin embargo
no podemos descartar su posible relación con un uso fúnebre o ritual,
al tiempo que tampoco podemos dejar de relacionarlos con el mundo cotidiano. Encontramos
una interesante forma de evidenciar el uso probablemente cotidiano de estos adornos
en diferentes representaciones de rostros en cerámica que muestran la forma
de estas piezas y el lugar que ocupaban en el cuerpo humano. Estas vasijas de
cerámica enfatizan la representación del rostro humano a través
de máscaras en las que aparecen narigueras anulares como las de oro, pero
elaboradas en arcilla, y de figuras humanas esquematizadas en las que los rasgos
del rostro y las extremidades apenas se insinúan. La
elaboración de piezas se concentró en la confección de adornos
para el rostro, en su mayoría narigueras torzales, anulares y de sección
redonda abierta, con forma de letra n y que pueden o no, tener remates
en los extremos. Las orejeras por su parte fueron hechas de alambres y láminas
en forma de horquilla, espirales, láminas y placas colgantes. Las
aplicaciones para piel, usadas principalmente en el rostro, con frecuencia rematan
en pequeñas esferas y conos que tienen la forma de un sombrero. Sin embargo,
la forma más común es la de terminación circular, que con
frecuencia tiene decoración de puntos repujados. En
cuanto a las técnicas utilizadas para su elaboración, tal vez la
más recurrente es la del martillado sobre la fundición para la elaboración
de objetos laminares planos sobre los cuales se repujaba. En ellos se utilizó
oro de alta pureza o en algunos casos, aleaciones de oro y cobre en proporciones
variables, utilizado principalmente en piezas que eran elaboradas mediante la
técnica de dorado por enchape. Para
la gente de este período, las necesidades colectivas fueron tal vez más
importantes que aquellas de tipo ritual e individual. Los objetos hallados dentro
de las tumbas y sarcófagos, corresponden a elementos que tuvieron que ver
con actividades cotidianas y de subsistencia en las que se involucraba a varias
personas. Esto no quiere decir que los bailes, cantos y los suntuosos objetos
de ofrenda hechos de oro o cerámica utilizados como medio de representación
del poder de personajes especiales o grupos de poder, dejaran de ser empleados
durante el acto fúnebre, sólo que no constituyen la manifestación
más común. Muchos
cementerios del período Ilama fueron re-utilizados por gente del período
Yotoco y más tarde por gente del período Sonso. Se encuentran ubicados
fuera de los sitios de vivienda en áreas aplanadas para este fin, en la
cima de una cuchilla o en las laderas de colinas. Observamos tumbas de pozo rectangular
profundo con cámaras de diversas formas y tamaños que se abren hacia
uno de los extremos del pozo y selladas en algunas ocasiones por una pared de
troncos hincados en el umbral. En el interior de la cámara se colocaba
el cadáver, casi siempre sobre el suelo, acuñado con piedras; en
otras ocasiones se disponía sobre esteras de fibras vegetales. En
una proporción mucho menor, se cavaron tumbas de pozo rectangular simple
de poca profundidad con una pequeña cámara. El ajuar funerario de
estas tumbas generalmente se componía de vasijas de cerámica como
cuencos, y ollas globulares; una reducida proporción de tumbas contenía
objetos de oro como pequeñas narigueras torzales. En
otras ocasiones, probablemente cuando se trataba de personajes de mayor importancia,
se usaron sarcófagos de madera para depositar los cuerpos. Las tumbas que
contenían estos sarcófagos medían entre 5 y 15 metros de
profundidad y tenían cámaras funerarias donde se colocaba el sarcófago.
Como parte del ajuar funerario el cuerpo se acompañaba de objetos de madera
como dardos, lanzas y bancos, y de cerámica como cuencos, ollas y cuentas
de collar. Los sarcófagos se han conservado hasta nuestros días,
porque las tumbas se mantuvieron inundadas y la falta de oxígeno evitó
la descomposición de la materia orgánica.
Calima
en la exposición del Museo del Oro Ilama:
Naturaleza y sociedad Expresiones de desigualdad
social durante el periodo Yotoco - Malagana Vida
y muerte durante el periodo Sonso |
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