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En
las colinas del alto y medio río Calima y en la suela plana del río
Cauca, en el Valle del Cauca, se observan vestigios de casi 9.000 años
de poblamiento: antiguas viviendas, campos de cultivo, cementerios y caminos de
sociedades que inicialmente fueron de cazadores-recolectores y luego de agricultores,
ceramistas y orfebres. Los arqueólogos dividen esta historia en períodos
que denominan Precerámico, Ilama, Yotoco-Malagana y Sonso.

Se
conoce muy poco sobre la organización social, política y económica
de las sociedades que vivieron en la región Calima durante el período
Ilama, en los catorce siglos anteriores al inicio de nuestra era. No es claro,
por ejemplo, si utilizaron orfebrería. Sin embargo, sus representaciones
artísticas sugieren la existencia de relaciones sociales de género,
poder y jerarquía. Las vasijas de cerámica destacan los nexos entre
los seres humanos y la naturaleza, el mundo cotidiano y el sobrenatural. El aspecto
físico de las personas, sus peinados y adornos, sus funciones y actividades
cotidianas, pueden verse en esas vasijas de cerámica en forma de hombres
que cargan recipientes o de mujeres que amamantan a sus hijos.
Felinos,
armadillos, búhos y palomas fueron animales de la región Calima
que los alfareros plasmaron en representaciones realistas. Otros seres fabulosos,
probablemente míticos, combinan rasgos de humano, felino, anfibio, murciélago
y serpiente, tal vez con la intención de hacer propia la fuerza, audacia,
fiereza y agilidad de estos animales.

En el primer milenio de nuestra era la población aumentó en el valle
de Calima. Las viviendas se construyeron sobre plataformas en las laderas, se
abrieron caminos y se despejaron áreas de bosques para adecuarlas al cultivo
con tecnologías de camellones elevados y canales de drenaje. Los líderes
se rodearon de especialistas que les produjeron objetos suntuarios y vistosos
de orfebrería y otros materiales que a su muerte los acompañaron
como ajuares funerarios.
Los
adornos de este ajuar hallado en una sola tumba relacionan al cacique que los
usó con los felinos. En la nariguera, las placas colgantes semejan las
manchas del jaguar, las prolongaciones inferiores y superiores son las extremidades
del animal y la placa del centro, su rostro.
En estas sociedades el poder
de los líderes probablemente no era heredado sino que debía adquirirse
con el esfuerzo individual, por lo que los nuevos líderes demostraban su
capacidad de convocatoria obteniendo objetos suntuarios cargados de prestigio
que subrayaban su dominio económico y político. Al morir y enterrarse
con ellos, interrumpían su circulación: quien asumiera el cargo
debía iniciar su propio proceso de demostración del poder.
El
oro fino se prestaba para elaborar estos adornos porque es maleable y puede ser
martillado, repujado, recortado y pulido para crear objetos que juegan con el
sonido y los reflejos de luz. En anillos y narigueras de la región Calima,
como en la Costa Pacífica, se usó la granulación o soldadura
por fusión. . Pero
más allá de la tecnología es el simbolismo el que explica
la importancia del metal sagrado. Eterno, brillante y amarillo, el oro está
relacionado en el cosmos amerindio con el sol que renueva la vida todos los días.
Al vestirse de oro, los caciques comunicaban a la comunidad que su poder propiciaba
la fertilidad y la vida. Las
figuras de hombres y mujeres muestran los adornos y tocados típicos del
período Yotoco-Malagana de la región Calima. Los lóbulos
de las orejas se distendían para llevar orejeras en forma de carrete, de
las que se suspendían grandes platos de metal. En las diademas usadas en
la frente, en los pectorales, y en colgantes cuyo uso no es muy claro, se repite,
uniforme y enigmático, un mismo rostro humano dorado. Es un rostro emblemático
que lleva puestas una nariguera en forma de felino y orejeras en forma de carrete
con colgantes. Este ícono expresaba valores, creencias e ideales de belleza
y respaldaba el poder y rango de quienes lo usaban.

La comunidad se reúne
en el ritual para expresar los lazos sociales, políticos, económicos
y religiosos que la unen. Los objetos sagrados, los poporos y las máscaras,
el uso de bebidas y de plantas asociadas a la divinidad, los bailes, cantos y
ceremonias, marcan los momentos más importantes de la vida tanto de los
individuos como del grupo social.
Se llama poporos a los recipientes para
guardar y llevar la cal usada en la masticación ritual de la hoja de coca.
Tienen formas de figuras humanas; de animales como conchas, aves, caimanes y felinos,
y de vegetales como maíces, totumos y calabazas.
Máscaras,
bastones e instrumentos musicales transformaban a quienes participaban en los
rituales en seres fantásticos y poderosos. Los orfebres de las sociedades
del período Yotoco de Calima representaron a estos personajes enmascarados
en palillos para extraer la cal de los poporos, elaborados mediante la técnica
de fundición a la cera perdida.

En 1992, en la planicie del Valle del Cauca, un cementerio de caciques del año
200 d.C. fue objeto de destrucción y saqueo. Excavaciones arqueológicas
realizadas en lugares cercanos produjeron información sobre la vida en
esa época, pero el conocimiento sobre las circunstancias en que se fue
formando este importante cementerio y sobre las personas enterradas en él
se perdió para siempre.
En excavaciones cerca de sitios de vivienda
los arqueólogos hallaron figurinas femeninas arrodilladas. Formaban parte
de conjuntos de ofrendas que quizás tenían relación con la
fertilidad y con la reproducción biológica y social.
Objetos
de oro y de cerámica de gran calidad y tamaño fueron frecuentes
en Malagana. Parecen haber sido elaborados para ser usados únicamente como
ajuares funerarios pues no presentan huellas de desgaste. Algunos difuntos fueron
enterrados en el rico cementerio de Malagana con varias máscaras superpuestas:
símbolos de la muerte, unas semejan calaveras; en otras, el rostro representado
no tiene vida.

En
el período tardío de la región Calima cambiaron la política,
la economía y la ideología de las sociedades. La población
aumentó y el poder de los líderes no se manifestó ya en la
posesión de objetos suntuarios, sino en el control de la producción
económica. La gente continuó construyendo sus viviendas sobre plataformas
y usando el sistema agrícola de campos elevados, drenados por canales.
Los sarcófagos
de madera y los ajuares compuestos por elementos cotidianos de trabajo, como arpones,
lanzas y dardos de palma, reflejan el cambio en el significado de los objetos
materiales. En la restauración de este sarcófago, fechado por carbono
14 en 1250 d.C., fueron hallados restos de textil, madera y vegetales como semillas
de algodón. Se develaron además las huellas del amarre exterior
de la tapa. El material orgánico se preservó gracias a que las tumbas
estuvieron inundadas con agua estancada, sin oxígeno y por ende sin vida
bacteriana que pudiera deteriorarlo.
Calima
en la exposición del Museo del Oro Ilama:
Naturaleza y sociedad Expresiones de desigualdad
social durante el periodo Yotoco - Malagana Vida
y muerte durante el periodo Sonso |