Mi trabajo es hacer bellas cosas de oro y cobre. Son cosas sagradas, y yo soy muy respetado por hacerlas.

El oro es un metal sagrado. Tiene el color del Padre Sol, que nos da la vida todos los días. Tiene el color del maíz y también el del jaguar, que ruge con voz de trueno. Los objetos de oro contienen la energía de la vida y por eso el sacerdote los ofrenda en bosques, rocas y lagos, para restablecer el equilibrio del mundo.

Cuando voy a hacer un tunjo fundo oro del Magdalena con cobre de Moniquirá, un pueblo que está lejos de aquí de Pasca. La mezcla debe tener el color y hasta el olor necesario para la ceremonia. Antes hice en cera de abejas la figurita que voy a fundir: un guerrero valiente, rapado, con sus armas y la cabeza de un Panche en las manos. Cubro el modelo con polvillo de carbón de madera y luego con arcilla, dejando un canalito de salida. Cuando está seco el molde, lo caliento para que salga la cera y deje hueca adentro la forma del tunjito. Ahí es donde echo el metal fundido para que tome la forma que tenía la cera. Cuando rompo el molde de arcilla, ¡nace un tunjo de metal!

¿Quieren que les vuelva a explicar?

 
 
 
  
 
   
  
 Soy un sacerdote muisca
Soy un cacique muisca
Somos un hombre y una mujer muiscas
Soy un mercader muisca
Soy un orfebre muisca
La ceremonia de ElDorado
Soy una momia muisca
 
 
 
  
 Avioncitos del Tolima
Para mirarte mejor: el pez alado
 
   
 
 
 
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