Los muiscas descendemos de los pueblos de lenguas chibchas que llegaron hace siglos a los altiplanos de esta Cordillera Oriental.

En estas magníficas tierras, saludables y fértiles aunque generalmente frías, hoy somos muchos, más de cinco millones de personas. Por eso nos organizamos en grandes cacicazgos: el de Bogotá con su cacique el Zipa, el de Tunja donde manda el Zaque, el de Duitama con el Tundama y el de Iraca o Sogamoso con el Sugamuxi. Cada gran cacique gobierna sobre muchos caciques menores y éstos mandan a otros más pequeños. El Zipa de Bogotá, por ejemplo, es señor del Fusagasugá, del Ubaque, el Suba, el Usaquén, el Ubaté, el Guatavita y tantos otros. El gran Guatavita, a su vez, manda al Sopó y el Sopó al Neusa, que tiene unos cincuenta indios sujetos que le rinden tributo.

Parece difícil, pero lo cierto es que todos estamos bien organizados y aunque hay guerras, somos gente de paz. Es más, somos grandes comerciantes, porque gracias a las alianzas que hacemos los caciques, los mercaderes pueden ir de aquí para allá con productos de todos los climas y regiones. Y gracias a los graneros de maíz que tenemos los caciques, todo el pueblo puede comer cuando hay heladas o sequías.

 
 
 
  
 
   
  
 Soy un sacerdote muisca
Soy un cacique muisca
Somos un hombre y una mujer muiscas
Soy un mercader muisca
Soy un orfebre muisca
La ceremonia de ElDorado
Soy una momia muisca
 
 
 
  
 Avioncitos del Tolima
Para mirarte mejor: el pez alado
 
   
 

 
 
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