
Los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge inundan anualmente
las Llanuras durante ocho meses y dejan a su paso un fértil
depósito de sedimentos; los suelos arcillosos y planos
dificultan el drenaje de las aguas y su salida al mar. Al contrario
de lo que sucedía en épocas prehispánicas,
cuando los pueblos que habitaban las llanuras inundables aprovechaban
las crecientes de los ríos, hoy la gente sufre año
tras año la pérdida de sus viviendas, enseres, cosechas
y ganado.
Un enorme tejido en la tierra
Las poblaciones zenúes que habitaron estas tierras inundables
transformaron el paisaje con el fin de adecuar extensos terrenos
para vivienda, cultivo y vías de transporte, mediante
un ingenioso sistema de control de aguas. Fue un largo proceso
que alcanzó su mayor auge entre el 200 a.C. y el 1000
d.C.
El sistema hidráulico estaba formado por una gigantesca
red de canales y campos elevados de diversas dimensiones y disposiciones
que, con el pasar del tiempo, alcanzó a cubrir más
de 500.000 hectáreas en la cuenca del río San
Jorge y 150.000 hectáreas alrededor del río Sinú.
Los zenúes cavaron canales perpendiculares a los cursos
de agua principales, hasta de 4 kilómetros de largo con
10 metros de separación entre sí, para controlar
grandes volúmenes de agua. A través de éstos
circulaba el agua de la creciente hacia zonas bajas. Allí
la corriente del agua se frenaba y distribuía por entre
canales cortos en áreas dedicadas al cultivo.
La dirección y longitud de los canales excavados se
adaptaba a las curvas y recodos de los cauces principales. Desde
el aire, unos sectores parecen abanicos abiertos y otros se
ven como trenzas o espinas de pescado.
Para la agricultura extensiva fueron habilitadas extensiones
hasta de 2.000 hectáreas mediante la construcción
de grupos de canales y camellones cortos, de 30 a 70 metros
de largo, organizados de diferentes formas. Al aumentar el nivel
de las aguas, éstas eran dirigidas a través de
canales largos excavados perpendicularmente desde los cauces
principales.
Al bajar el nivel de las aguas, en los canales se mantenía
una reserva de humedad y el fondo quedaba cubierto de sedimentos
ricos en nutrientes. Estos eran recogidos y depositados sobre
los camellones que quedaban así abonados y listos para
el cultivo.
Algunos sectores eran dedicados a un solo cultivo, mientras
que otros sostenían diversos productos: coca (Erythroxylum
sp.), maíz (Zea mays), batata (Ipomoea
batatas), ahuyama (Curcubita maxima), ají
(Capsicum sp.), calabaza (Cucurbita mixta), yuca
(Manihot esculenta), y muchas frutas.
La abundancia de pesca en la zona inundable proporcionaba excedentes
utilizados con fines de intercambio. En ciénagas, riachuelos,
ríos principales y canales artificiales los zenúes
se abastecían de gran cantidad de peces, tortugas y otros
reptiles.
En América, además del sistema hidráulico
Zenú, se desarrollaron otras obras de drenaje e irrigación
con el fin de mejorar las condiciones del suelo para el cultivo.
Desde muy tempranas épocas se adecuaron tierras bajas
inundables, zonas altas, cuencas de lagos y ríos; sin
embargo, sus extensiones máximas no sobrepasaron las
100.000 hectáreas.
En Colombia se encuentran también sistemas hidráulicos
menores en la Sabana de Bogotá, en los Llanos Orientales
y en el río San Juan en el Pacífico.
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