Hacia los Muiscas, una reseña etnohistórica..., gif (3771 bytes)
Eduardo Londoño
Museo del Oro
 
Poblamiento y recursos

Venado, pieza votiva, mo33078, gif (31092 bytes)Al ser las capitanías unidades territoriales que se asentaban en la gran mayoría de los casos "pobladas de por sí", es decir, unas separadas de las otras, el poblamiento muisca tomaba una forma veredal similar a la que conserva el campesinado cundiboyacense de nuestros días. Un conquistador daba en el siglo XVI testimonio de cómo conoció los asentamientos muiscas en el momento mismo del contacto:

En aquel tiempo que este testigo entró, los hallaron... poblados junto a las vegas del río..., desparramados en una parte seis buhíos y en otra cuatro y en otra ocho o diez, y desta manera estaban poblados en aquel tiempo. (Sasa, 1595; ANC. TiBoy: 10: 465 r-v).
 
No había en estas provincias pueblos grandes, sino que cada principal tenía en sus tierras tres o cuatro casas juntas, y los otros, cada uno adonde sembraba tenía la suya. (Herrera, [1600]: 8: 69).

Debido a estas prácticas antiguas los arqueólogos contemporáneos tienen dificultad para ubicar rastros de sitios grandes que hayan permanecido habitados por largo tiempo; por su parte, los españoles —venidos de un país con amplias regiones donde se vive en aldeas nucleadas, rodeadas de campos cultivados pero vacíos de viviendas— vieron entorpecida su labor colonial por la separación física de las gentes que pretendían someter a obediencia y a catequización; pero el pueblo muisca era fundamentalmente agricultor y como tal obtenía ventajas del poblamiento disperso. Cada capitanía debió llevar una vida más tranquila en ese relativo aislamiento, y se dedicó a conocer al máximo las características de su nicho ecológico: qué vertiente es más propensa a las heladas, qué suelo se adapta mejor para algún cultivo, qué variedad de maíz es ventajosa en cada clima.

De acuerdo con algunos documentos, los indígenas poseían casas en distintos niveles altitudinales para aprovechar las diferencias entre los pisos térmicos. Así, cacicazgos de la Sabana como Bogotá y Fontibón controlaban tierras en Tena, que los proveían de cosechas más frecuentes de maíz para paliar las heladas frecuentes en el altiplano (Langebaek, 1987).

Cogen maíz, el cual siembran una vez al año. En la provincia de los indios que llaman Panches hay tres cosechas en el año, porque no se agosta la tierra como en el Nuevo Reino... (Oviedo, [1548]: 3: 125).
 
...Previénense presto, con sembrar en la tierra caliente que alcanzan, y en el entretanto que se coge se sustentan con papas. (Anónimo, [1559-1560]: 65 en Langebaek, 1987: 67).

De las tierras frías obtenían tubérculos como la papa, hibias, cubios y nabos. Cazaban venados de dos variedades —mazama y odocoileus— y tenían domesticado al curí.

Es su mayor bastimento y de lo que más se sirven, unas turmas que llaman yomas, que las siembran y como es dicho es la mayor provisión que tienen, porque con todo lo que comen, comen esas yomas, y siémbranlas con el maíz. Y asimismo otra simiente que se llama cubia, que cocidos tienen el mesmo sabor que nabos y son cuasi a manera de rábanos en sabor y en todo, estando crudos, y esto es el más verdadero mantenimiento, de que se sirven por pan. Hay muchas fructas y todas las que comúnmente hay en todas las otras partes destas Indias, así como piñas, ajes, batatas, guayabas, caimitos, guanábanas e pitahayas, etc. Tienen muchos venados, y un género de animales que quieren parescer conejos, y en la costa de la mar los llaman guajes y en el Nuevo Reino le llaman fico de que hay infinidad; pero dande mejor los conoscen, se dicen coríes. (Oviedo, [1548]: 3: 110).

Para cultivar en las faldas de las montañas los muiscas construyeron terrazas de cultivo simples, sin muro de contención en piedra. En los fondos de los valles planos e inundables labraron camellones de aproximadamente un metro de ancho, separados por canales, que les permitieron aprovechar la fertilidad del limo, la humedad en tiempos de sequía y el drenaje en época lluviosa. En estos canales, en los pantanos entonces no desecados y en los ríos, se hallaba el pez capitán cuyo sabor alabó Gonzalo Jiménez de Quesada:

Pescado se cría en los ríos y lagunas que hay en aquel Reino y, aunque no es en gran abundancia, es lo mejor que se ha visto jamás, porque es de diferente gusto y sabor de cuantos se han visto. Es sólo un género de pescado y no grande, sino de un palmo o de dos, y de aquí no pasa, pero es admirable cosa de comer. (Epítome, [1547]: 295-296).

La dieta muisca se complementaba con productos de tierra caliente obtenidos por intercambio. Las ferias y mercados fueron famosas por la variedad de bienes que a ellas llegaba cada cuatro o más días, ya fueran productos de la región o algodón y ají de la tierra caliente, o aún cuentas de collar en piedra o caracoles marinos que llegaban —trocadas de mano en mano— desde Santa Marta. A su vez, productos muisca eran apreciados en otras regiones, como la sal que bajaba el río Magdalena más allá de Barrancabermeja o las esmeraldas que se han hallado en la región Calima y el Sinú (Langebaek, 1987). Los españoles no dejaron de notar el ambiente ritual que se vivía en los mercados:

Sus tractos e mercaderías son muy ordinarios, trocando unas cosas por otras, e con mucho silencio e sin voces; e no tienen moneda; e aunque haya gran multitud de tractantes, no se oye ni hay vocinglería ni rencilla, sino extremada quietud, sin contienda. (Oviedo, [1548]: 3: 126).
 
 Los Muiscas: una reseña etnohistórica... (índice)
 
Introducción
Los mayores cacicazgos de Colombia
La encumbrada vida de los caciques
Las comunidades locales
El mundo visto desde la religión
Bibliografía