![]() Eduardo Londoño Museo del Oro |
Poblamiento y recursos
Debido a estas prácticas antiguas los arqueólogos contemporáneos tienen dificultad para ubicar rastros de sitios grandes que hayan permanecido habitados por largo tiempo; por su parte, los españoles venidos de un país con amplias regiones donde se vive en aldeas nucleadas, rodeadas de campos cultivados pero vacíos de viviendas vieron entorpecida su labor colonial por la separación física de las gentes que pretendían someter a obediencia y a catequización; pero el pueblo muisca era fundamentalmente agricultor y como tal obtenía ventajas del poblamiento disperso. Cada capitanía debió llevar una vida más tranquila en ese relativo aislamiento, y se dedicó a conocer al máximo las características de su nicho ecológico: qué vertiente es más propensa a las heladas, qué suelo se adapta mejor para algún cultivo, qué variedad de maíz es ventajosa en cada clima. De acuerdo con algunos documentos, los indígenas poseían casas en distintos niveles altitudinales para aprovechar las diferencias entre los pisos térmicos. Así, cacicazgos de la Sabana como Bogotá y Fontibón controlaban tierras en Tena, que los proveían de cosechas más frecuentes de maíz para paliar las heladas frecuentes en el altiplano (Langebaek, 1987).
De las tierras frías obtenían tubérculos como la papa, hibias, cubios y nabos. Cazaban venados de dos variedades mazama y odocoileus y tenían domesticado al curí.
Para cultivar en las faldas de las montañas los muiscas construyeron terrazas de cultivo simples, sin muro de contención en piedra. En los fondos de los valles planos e inundables labraron camellones de aproximadamente un metro de ancho, separados por canales, que les permitieron aprovechar la fertilidad del limo, la humedad en tiempos de sequía y el drenaje en época lluviosa. En estos canales, en los pantanos entonces no desecados y en los ríos, se hallaba el pez capitán cuyo sabor alabó Gonzalo Jiménez de Quesada:
La dieta muisca se complementaba con productos de tierra caliente obtenidos por intercambio. Las ferias y mercados fueron famosas por la variedad de bienes que a ellas llegaba cada cuatro o más días, ya fueran productos de la región o algodón y ají de la tierra caliente, o aún cuentas de collar en piedra o caracoles marinos que llegaban trocadas de mano en mano desde Santa Marta. A su vez, productos muisca eran apreciados en otras regiones, como la sal que bajaba el río Magdalena más allá de Barrancabermeja o las esmeraldas que se han hallado en la región Calima y el Sinú (Langebaek, 1987). Los españoles no dejaron de notar el ambiente ritual que se vivía en los mercados:
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| Los Muiscas: una reseña etnohistórica... (índice) Introducción Los mayores cacicazgos de Colombia La encumbrada vida de los caciques Las comunidades locales El mundo visto desde la religión Bibliografía |