Hacia los Muiscas, una reseña etnohistórica..., gif (3771 bytes)
Eduardo Londoño
Museo del Oro
 
Introducción

Guerrero muisca, mo6365, gif (14257 bytes)¡Pirú! ¡Pirú! ¡Pirú! buen Licenciado, que ¡voto a tal! que es otro Caxamalca! Estas exclamaciones de alegría puso don Juan de Castellanos en boca de los europeos que, en 1537, saquearon los templos prehispánicos de Tunja.

Habían salido de la empobrecida Santa Marta para explorar las riquezas de la tierra, confiando en que el río Magdalena era un canal interoceánico que los llevaría al Perú, ese país cuyos tesoros veían pasar con envidia frente a sus costas, desde 1527, cubriendo la ruta entre Panamá y España (Friede, 1979). Tantas vidas se perdieron al remontar durante once meses el río Magdalena y luego el selvático Opón, que desde su entrada al altiplano por la parte de Vélez las tropas al mando de Gonzalo Jiménez de Quesada tenían razón en maravillarse con los muiscas.

Con ellos dejaban de temer los asaltos y emboscadas de tribus dispersas en el Magdalena Medio; en su lugar hallaban un pueblo acogedor de agricultores con cultivos estables y despensas bien surtidas de maíz y bastimentos. Unas sociedades con profunda vocación religiosa, que a pesar de hablar dialectos Chibchas como los aguerridos taironas que ya conocían en Santa Marta —quienes durante cien años habrían de resistir militarmente la conquista—, preferían recibirlos como dioses, con sahumerios, sacrificios y regalos. "Son gente que quieren paz y no guerra, porque aunque son muchos, son de pocas armas y no ofensivas", concluían en su informe al rey los capitanes Lebrija y San Martín ([1539]:73).

Los muiscas eran además "gente vestida", según escribió Castellanos poniendo de relieve su grado de civilización. Jiménez de Quesada describe sus trajes y tocados:

La disposición desta gente es la mejor que se ha visto en Indias. Especialmente las mujeres tienen buena hechura de rostros y bien figurados... Sus vestidos, dellos y dellas, son mantas blancas y negras y de diversas colores, ceñidas al cuerpo, que las cubren dende los pechos hasta los pies, y otras encima de los hombros en lugar de capas y mantos, y ansí andan cubiertos todos. En las cabezas traen comúnmente unas guirnaldas hechas de algodón, con unas rosas de diferentes colores de lo mesmo, que les viene a dar en derecho de la frente. Algunos caciques principales traen algunas veces bonetes hechos allá de su algodón, que no tienen otra cosa de qué vestirse; y algunas mujeres de las principales traen unas cofias de red, algunas veces. (Epítome, [1547]: 294).

Una selección de las primeras descripciones españolas nos va a permitir introducir a los muiscas tal como eran a la llegada de los conquistadores. Para obtener una opinión de primera mano daremos primacía al Epítome de la conquista del Nuevo Reino de Granada y a la Historia general de Gonzalo Fernández de Oviedo, que con la Hispania victrix de Francisco López de Gómara son versiones de una obra perdida del conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada que se conoce como el "Gran cuaderno". Aunque la visión que pudieron tener los europeos del siglo XVI era subjetiva y con frecuencia contradictoria, la escogencia que hacemos se basa en lo que la antropología actual ha establecido como más probable entre las múltiples opiniones de los cronistas.

 
Los Muiscas: una reseña etnohistórica... (índice)
 
Los mayores cacicazgos de Colombia
La encumbrada vida de los caciques
Las comunidades locales
Poblamiento y recursos
El mundo visto desde la religión
Bibliografía