Hacia los Muiscas, una reseña etnohistórica..., gif (3771 bytes)
Eduardo Londoño
Museo del Oro
 
Los mayores cacicazgos de Colombia

Tunjo (objeto votivo), mo6370, gif (11046 bytes)En realidad —por ejemplo— Tunja no podía tener el tamaño y magnificencia de Cajamarca, la capital Inca conquistada en 1532. A diferencia de un estado como el incaico que conquistaba a otras etnias, les imponía gobernadores y tributos, mantenía ejércitos permanentes y podía desplazar por la fuerza a comunidades enteras, la sociedad muisca se componía de cacicazgos. Estas eran entidades políticas más sencillas pero también centralizadas, que agrupaban distintas comunidades locales al mando de un cacique o señor al que se reconocían poderes civiles y religiosos. Los primeros europeos en pisar este territorio se refirieron a las unidades políticas como "valles":

Hase de presuponer queste dicho Nuevo Reino de Granada, que comienza pasadas las dichas sierras de Oppón, es todo tierra rasa, muy poblado en gran manera, y es poblado por valles. Cada valle es su poblazón por sí. (Epítome, [1547]: 287).
 
Es la tierra toda allí dividida en provincias y valles, y cada señor tiene su valle, y el valle y el señor un mismo nombre; y es señor según su calidad. Hay señor de diez mil vasallos, y tal que tiene veinte mil, y otros de a treinta mil; y tiene cada uno sus poblaciones derramadas por sus valles y territorios, de diez, de veinte, de treinta, de ciento, e más e menos casas cada pueblo, como es la disposición y más fertilidad de la tierra. (Oviedo, [1548]: 3:125).

El territorio de los muiscas abarcaba las cuencas y valles del río Bogotá hasta Tena, el río Negro hasta Quetame, el Guavio hasta Gachalá, el Garagoa hasta Somondoco, el Chicamocha hasta Soatá y el río Suárez hasta Vélez. No existe un acuerdo sobre cifras de población, pero los conquistadores son enfáticos en destacar la multitud de los indígenas. También, aunque conocían las ciudades empedradas de la Sierra Nevada de Santa Marta, les llamó la atención el refinamiento y complejidad de las casas y construcciones:

Llegados a estos pueblos de la sal, ya aquí mostró la tierra lo que en ella había y lo que había adelante, porque era muy gruesa y de muchos indios, y la manera de los edificios de casas, diferentes de los que hasta entonces habíamos hallado; en especial, una jornada más adelante de dicho pueblo de la sal entramos en la tierra del más principal señor que hay en ella, que se dice Bogotá; y bien mostró ser así, porque le hallamos una casa de su aposento que, para ser de paja, se podría tener por una de las mejores que se han visto en Indias. (Lebrija y San Martín, [1539]: 84).

Vista desde lo alto del cerro de Suba, la sabana de Bogotá presentaba una amplia zona pantanosa rodeada por una llanura cubierta de pastos y vegetación baja. En ella se destacaban numerosas aldeas —Suba, Tuna, Tibabuyes, Usaquén, Teusaquillo, Cota, Engativá, Funza, Fontibón, Techo, Bosa, Soacha...— y palacios compuestos por bohíos rodeados por dos o tres empalizadas concéntricas, semejantes a los alcázares árabes del sur de España.

...el cual pueblo era muy hermoso de pocas casas y muy grandes, de paja muy bien labrada; las cuales casas estaban muy bien cercadas de una cerca de haces de cañas, por muy gentil arte obradas. Tenía 10 o 12 puertas con muchas vueltas de muralla en cada puerta. Era cercado el pueblo de dos cercas. Tenía entre cerca y cerca muy gran plaza, y entre las casas tenía otra muy hermosa plaza. Una casa de ellas estaba llena de tasajos de venados, curados sin sal. (Anónimo, [1545]: 235).

Este "Valle de los Alcázares" que con las sierras nevadas de la Cordillera Central en el horizonte dio pie para el nombre de Nuevo Reino de Granada, era en efecto el núcleo del cacicazgo de Bogotá. Las Sierras Nevadas de granada continúan en España la cadena sagrada para los grupos Chibchas!

Con su sede de gobierno en Funza, este era el cacicazgo regional más extenso y poblado, no sólo del territorio muisca sino de todo el norte de Suramérica en aquel siglo. Sus gobernantes, los Zipas, lo habían conformado recientemente anexando los cacicazgos intermedios de Guatavita, Ubaque, Ubaté, Zipaquirá y Fusagasugá (Londoño, 1988).

Sin embargo, y por esa misma razón, Bogotá era a la vez el más inestable de los cuatro cacicazgos regionales en que se dividía en ese entonces el territorio de los muiscas. Así, aunque el cacique de Bogotá opuso resistencia a la conquista, muchos de sus sujetos prefirieron sacudirse su dominio aliándose a los europeos, como sucedió cuando Quesada salió por el valle del Teusacá hacia el norte:

Salieron los españoles de Bogotá en demanda de las esmeraldas de Somondoco; y pasaron por las grandes poblaciones de Engativá, [Techo], Usaquén, Teusacá y Guasca, donde hicieron alto, admirados de ver tanta multitud de naturales, y mucho más de que los recibían de paz, con abundancia de comidas. Pasaron a Guatavita, corte de señores poderosos que en su prosperidad fueron soberanos, hasta que la fortuna del Zipa Tisquesusa los sujetó a su dominio. (Zamora, [1701]: 1: 214).
 
...Poco se detuvo allí el campo español, pues al día siguiente, habiendo sesteado en Sesquilé, descubrieron a Chocontá, grande por su fábrica de casas y copioso número de vecinos, y aumentada con presidios como frontera de los Reinos del Zipa contra las invasiones del Tunja... (Piedrahita, [1666]: 1: 238-239).

Al norte del país muisca existían otros tres grandes cacicazgos regionales. Tunja, una entidad más antigua que Bogotá aunque territorialmente más reducida, guardaba la venerable tradición de los Zaques que se oponían permanentemente a la expansión de los bogotáes; Sogamoso tenía un carácter sagrado por la presencia de templos y tradiciones de índole solar; Duitama, finalmente, se destacó por su belicosidad ante los invasores.

La expedición que conquistó estas tierras obtuvo el mejor botín de cuantas exploraron la América al norte de los Incas y al sur de los Aztecas: extensos valles planos de tierras fértiles y clima agradable para el europeo, como no los tenían los taironas de Santa Marta; y sociedades complejas pero pacíficas, limpias de yerba ponzoñosa, que trabajarían para ellos como estaban acostumbradas a hacerlo para sus caciques.

 
 Los Muiscas: una reseña etnohistórica... (índice)
 
Introducción
La encumbrada vida de los caciques
Las comunidades locales
Poblamiento y recursos
El mundo visto desde la religión
Bibliografía