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Cochas: hidrogonías andinas
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William
Torres C.
Director - Fundación de Investigaciones Chamanistas
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Summary |
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From the viewpoint of
the Andean cosmogony, lagoons are natural graphic representations of the mythologies that
they relate: they are narratives of the myth, in the geography of its space is legible
that mythology. The mythologies and geographic narratives of the lagoons located in the
province of Imbabura, Ecuador, and in the Department of Nariño, Colombia, are studied
here from the ethno literature: (or Mojanda lagoons), Cuycucha, Inpacucha and
Yahuarcucha, in Ecuador, and La Cocha (or Guamués lagoon), Doña Juana and
Red Lagoon, in Colombia. In some cases, the mythic stories have been lost because of
the processes of transculturation, and their condition of geographic narratives and
sacred spaces have disappeared. In other cases, these narratives have been conserved, some
of pre-Hispanic origin, and others articulated with the cultural influence of
Christianity.
Key words:
Andean cosmogony, lagoons, quichua, mythology, ethno literature, cultural geography.
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Resumen |
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Desde el punto de vista de la
cosmogonía andina, las lagunas (cochas) son representaciones gráficas naturales de las
mitogonías que las narran: son correlatos del mito, en la geografía de su espacio es
legible esa mitogonía. Se estudian aquí desde la etnoliteratura las mitogonías y
correlatos geo-gráficos de lagunas ubicadas en la provincia de Imbabura, Ecuador, y en el
departamento de Nariño, Colombia: Caricucha, Huarmicucha y Yanacucha (o Lagunas de
Mojanda), Cuycucha, Inpacucha y Yahuarcucha, en Ecuador, y La Cocha (o Lago
Guamués), Doña Juana y Laguna Roja, en Colombia. En algunos casos, los relatos
míticos se han perdido por los procesos de transculturación, lo que ha desconfigurado su
condición de correlatos geo-gráficos y de espacios lacustres sagrados. En otros casos,
estos correlatos se han conservado, algunos de procedencia prehispánica y otros,
articulados con la influencia cultural del cristianismo.
Palabras clave: cosmogonía andina, lagunas, quichua, mitología,
etnoliteratura, geografía cultural
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Contenido |
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Introducción
Las cochas en la cosmogonía andina
Las cochas: correlatos mitogónicos
Bibliografía citada
Cómo citar este artículo
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En
las regiones andinas correspondientes al Departamento de Nariño (Colombia) y en la
Provincia de Imbabura (Ecuador), es común encontrar en pequeños valles interandinos la
presencia de varias lagunas, algunas de ellas de configuración cratérica mientras que
otras se forman en valles interfluvios.
En estas regiones, las lagunas son nombradas genéricamente como cochas, por efectos de
préstamos lingüísticos del Quichua al Español. Este término procede del Quichua:
Cucha, que además de designar "laguna, lago", tiene un campo semántico más
amplio, puesto que también significa: "charca, estanque; espacio llano y grande;
semilla; almácigos; insolación; destino; taza, tazón" (Torres Fernández de
Córdoba, 1982). Además de esta nominación genérica, cada cocha tiene asignada una
nominación específica. En algunos casos esta nominación específica o nombre propio es
dado en lengua Quichua y en otros en Español: Yahuarcucha ("lago de
sangre") en Ibarra (Ecuador), Inpacucha ("lago de Imba", también
conocida como "Lago San Pablo") en Otavalo (Ecuador), Cuycucha
("Laguna del Cuy" - cuy: cobayo, conejillo de indias-) en Cotacachi
(Ecuador), La Cocha (conocida también como "Lago Guamués") en el Corregimiento
de El Encano (Pasto, Nariño), Laguna Roja en el Municipio de Ospina (Nariño), Laguna
Doña Juana en el volcán Doña Juana (Nariño), Laguna Negra en el volcán
Galeras (Nariño), Laguna Verde en el volcán Azufral (Nariño), para solo nombrar
algunas. El nombre propio de estas cochas está dado como configuración geo-gráfica
correlativa de un mito que relata su origen.
En algunos casos, por efectos de los procesos de transculturación, los relatos míticos
se han perdido. En otros casos se conservan. Algunos de estos relatos conservados son de
clara procedencia prehispánica, otros se articulan a la influencia cultural de la
evangelización del cristianismo.
El presente documento consta de dos partes. En la primera se ubican las cochas en el
contexto de la cosmogonía andina. En la segunda parte se realiza un estudio
endoconceptual de las cochas como correlatos mitogónicos. Para ello se ha escogido como
corpus referencial las mitogonías y los correlatos geo-gráficos (oro-gráficos e
hidro-gráficos) de las cochas Caricucha, Huarmicucha y Yanacucha (o
Lagunas de Mojanda), Cuycucha, Inpacucha y Yahuarcucha, ubicadas en
la Provincia de Imbabura (Ecuador), y La Cocha (o Lago Guamués), Doña Juana
y Laguna Roja, ubicadas en el Departamento de Nariño (Colombia).
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En el año de 1613, el cronista indígena Juan de Santa Cruz Pachacutic
Yamqui Salcamayhua publica, en su libro Relación de Antigüedades deste Reyno de Perú
(Crónicas peruanas, 1968: 281-319), un grafismo de la imagen andina del cosmos (ver
figura 1). Este grafismo de Pachamama se encontraba en el altar mayor del santuario
del Sol de Curicancha ("patio de oro") en el Cuzco.
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FIGURA 1. Curicancha-Intihuasi según Juan de Santa
Cruz Pachacutic
Yamqui Salcamayhua en su libro Relación de Antigüedades
deste Reyno de Perú, 1613.
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Curicancha
Siguiendo la descripción que realizara Lesmann-Nietzche (1929), el Curicancha
constaba de seis edificios mayores colocados para formar un patio y conectados por una
pared que los rodeaba. Dichos edificios eran: el santuario del Sol, la capilla de la Luna,
la capilla de las Estrellas, la capilla del Rayo, la capilla del Arco Iris, y la
sacristía y casa del cabildo. Este complejo ceremonial fue construido con el auspicio de
Manco Capac, el primer gobernante Inca en la primera mitad del siglo XII. Los siguientes
gobernantes lo agrandaron y enriquecieron, entre ellos: Mayta Cápac, Pachacutic y
Huascar. En 1533, después de haber sido saqueado, fue entregado a Juan Pizarro por su
hermano el Marqués. Juan Pizarro, a su turno, se lo obsequió a los frailes dominicos,
quienes destruyeron el Curicancha para erigir una iglesia que hoy ocupa su lugar.
El santuario de la Luna, esposa del Sol, se encontraba totalmente cubierto con láminas de
plata, así como también era de plata la imagen de la Luna. En él se encontraban
sentadas las momias de las reinas muertas.
La capilla de las Estrellas estaba dedicada a Venus, las Pléyades y otras constelaciones.
La puerta de entrada y las paredes interiores estaban enchapadas con láminas de plata y
tachonadas de estrellas. Una parte de las paredes tenía numerosos agujeros destinados a
recibir los ornamentos astrales.
De la capilla dedicada al Rayo, el Trueno y el Relámpago, no se tiene mayor descripción.
Para los Incas estos seres no eran divinidades sino guerreros del Sol.
La capilla del Arco Iris estaba totalmente guarnecida de oro. En uno de sus costados,
sobre las planchas de oro, tenía pintado al natural el arco del cielo, tan grande, que
iba de una pared a otra con todos sus colores al vivo. Los Incas sabían que el Iris
proviene del Sol y lo tomaban como su blasón puesto que ellos se consideraban
descendientes del Sol. Cuando veían el Arco Iris en el aire, cerraban la boca, tapándola
con la mano, puesto que su presencia desgastaba y producía podredumbre en los dientes.
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Nota 1. Mallki:
1."Momia, retoño, almácigo, cepa, vástago". 2. "Bosque artificial que
servía de escenario para las representaciones teatrales, antepasado". Torres
Fernández de Córdoba, 1982. Todas las palabras en cursiva pertenecen a la lengua
Quichua, y sus correspondientes traducciones al español corresponden a las dadas por este
diccionario.
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A propósito de Illapa
(rayo, trueno, relámpago) y de Cuichi (arco iris), podemos anotar lo siguiente: el
Rayo era la potencia sagrada del fuego, cuyo cuerpo es una serpiente luminosa que avanza
zigzagueante entre las nubes (fuyu) para profundizarse en el submundo (ucu
pacha). Así mismo es un guerrero celeste que al sacudir su honda (huaraca) producía
un estallido que gestaba fuego, luz y ruido; en su otra mano portaba una porra y con ella
producía lluvia y granizo. El Rayo (Illapa) configuraba en sí tres potencias celestes: Chuki
Illapa (lanza-rayo), Cutu Illapa ( gargajo-rayo, como su sonido-estruendo) e Inti
Illapa (sol-rayo). Además de su relación con el fuego y lo ígneo, el Rayo está
relacionado con el agua (yacu): él es Yacumama, quien dará origen a los
grandes ríos. Cuando el Rayo se profundiza en el submundo, al emerger de él surge como
la sierpe madre de las aguas-ríos, el río Allcumayu (perro-río), como lo señala
el dibujo de Pachamama copiado por Juan de Santa Cruz Pachacutic Yamqui
Salcamayhua. De esta manera el Rayo se relaciona zoogónicamente con la serpiente (amaru)
y con el perro (allcu). Siguiendo a Luis Carrera (Carrera, 1990: 2, p.111), se
considera a la serpiente (amaru) como Sachamama (sacha: monte, selva): una sierpe
de dos cabezas que se erecta como un árbol, el árbol Mallki (Nota
1) en el dibujo de Santa Cruz Pachacutic. Al ascender del árbol proyectada a lo
celeste, se convierte en el Cuichi (Arco Iris) para fertilizar y dar color a la
Tierra y a todas las cosas vivas. Así mismo, el arco iris se conforma por el destello
energético de la gran serpiente amaru.
La denominada por Lesmann-Nietzche como sacristía y casa del cabildo, estaba dedicada
para el uso del sumo sacerdote y sus asistentes. Allí se ordenaban los cultos y
sacrificios que habían de hacerse. Este recinto, como los demás, estaba cubierto de oro.
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Nota 2. Es importante anotar que, en lengua Quichua, "tazón" es cucha,
al igual que "laguna".
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En el centro de este recinto
sagrado de Curicancha, estaba el Inti Pampa o Campo del Sol. El círculo de
los muros exteriores medía aproximadamente 68 metros por 59, con un ábside redondeado
que se proyectaba sobre 34 metros desde la esquina suroeste. El lado exterior de este muro
estaba adornado, a la mitad de su altura, con una franja de oro de unas dos palmas de
ancho. Las diversas puertas también estaban cubiertas de oro. Los muros interiores que
daban frente al patio, también estuvieron adornados con un friso de oro y tenían más de
una yarda de ancho. El patio era un jardín sagrado, cultivado por el Inca y sus parientes
más cercanos. El abono era llevado desde el Valle de Chincha, ubicado en la costa; y el
jardín era regado por una de las cinco fuentes situadas dentro del patio, que desde
manantiales distantes era surtido por tuberías subterráneas, en parte en oro. Esta
fuente era un tazón (Nota 2) de piedra de forma octogonal de 7
pies de largo, 4 de ancho y 3 de profundidad. En él se vertía la chicha de maíz
ofrecida al Sol y allí se bañaba la cuya (esposa) del Inca, realizando un baño ritual
previo a su matrimonio. La piedra de este tazón estaba encajada en oro, en el cual se
hallaba estampada una imagen del Sol.
Tres grandes fiestas se realizaban en el Inti Pampa del Curicancha: en la
época de siembra, después de la cosecha y durante la investidura de los señores
principales o Curacas. Durante estas fiestas, el Campo del Sol estaba plantado con
crecidos tallos de maíz, forjados en oro. Además, allí había un jardín de oro sobre
terrazas situadas debajo del ábside circular: maizales de oro, tanto sus cañas como las
hojas y las mazorcas. Junto a ellas había más de veinte llamas con sus crías, también
en oro; y los pastores con sus hondas y cayados, hechos del mismo metal.
El santuario principal de Curicancha estaba dedicado al Sol y se hallaba sobre el
ábside circular. Su techumbre era de paja. Sus paredes estaban cubiertas de arriba a
abajo de planchas de oro. El altar mayor estaba al oriente, regido por la figura del Sol
hecha de una plancha de oro. A uno y otro lado de esta imagen estaban los cuerpos de los
Incas muertos, colocados de acuerdo a su antigüedad como hijos del Sol, momificados y
sentados en sus sillas de oro, puestas sobre tablones de oro.
El altar mayor estaba hecho en oro y plata, de acuerdo a la imagen de Pachamama que
reprodujo Juan de Santa Cruz Pachacutic en 1613. Según la descripción de
Lesmann-Nietzche, estaba conformado por 20 partes principales, las cuales configuran los
más importantes aspectos de la cosmogonía andina. De éstas, sólo mencionamos las
pertinentes a las cochas:
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Nota 3. Tiksi: "cimiento; génesis, causa, raíz, fundamento;
confín; pelo; radical". Muyu: "semilla; fruta; pepa; grano; esfera;
bola, círculo; redondez; circunferencia; turno; simiente".
Nota 4. El dibujo que realizan estos autores (Tatzo y Rodríguez, 1998: 72) se basa en el
levantamiento por geometría descriptiva que realiza el arqueoastrónomo y arquitecto
Carlos Milla Villena, en su libro citado (1992:128 b), de la imagen del altar del Sol de Curicancha
elaborada por Juan de Santa Cruz Pachacutic Yamqui Salcamayhua en 1613. Ver figura 2. |
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Viracocha
En la parte superior del dibujo del altar mayor de Curicancha,
Santa Cruz Pachacutic escribe el nombre de "Viracocha Pachayachachi"
debajo de un conjunto de cinco estrellas que forman una cruz. Inmediatamente bajo ellas
hay un trazo en forma de huevo, y bajo él, otra constelación de cuatro estrellas en
forma de cruz. A las constelaciones en forma de cruz les da el nombre de "chacana en
general". De acuerdo con Carlos Milla Villena, estas constelaciones de estrellas
(chacana) corresponden a la constelación de la Cruz del Sur o Crux Australis.
Ella rige el cosmos andino, ubicando su punto equinoccial en la noche del 2 al 3 de mayo,
para marcar así, a partir de esta fecha uno de los ciclos anuales andinos (Milla Villena,
1992: 62).
La figura ovoide, demarcada entre las dos cruces de estrellas, es Tiksimuyu (Nota 3), el "todo en absoluto", el "huevo
cósmico", regido y protegido en su parte superior e inferior por la Cruz del Sur. Tiksimuyu
está conformado en su interioridad por las tres partes fundamentales de Pachamama
(el cosmos): Hanan Pacha ("el mundo superior"; de hana:
"norte"), Kai Pacha ("este mundo"; kai: "ser,
existencia; verdad, orden") también nombrado Allpamama ("Madre
Tierra") y Uku Pacha ("inframundo"; uku: "dentro; entre;
profundo"), tal como se puede apreciar en la esfera elaborada por Alberto Tatzo y
Germán Rodríguez (ver figura 2) (Nota 4). |
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FIGURA 2. Los
tres niveles del cosmos. Tatzo, Alberto y Rodríguez, Germán. 1998.
Visión cósmica del los Andes. Abya-Yala,
Quito. Pag. 72.
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Nota 5. Huiracucha: Huira:
"sebo, grasa, manteca; gordura; espuma". Cucha: "laguna, lago,
charca, estanque; espacio llano y grande; semilla, almácigo; insolación; destino;
taza". Pachayachachic: Pacha: "tiempo; lugar; tierra; mundo".
Yachachic: "sabio; maestro; educador" (de yachana: "saber;
instruir"). |
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"Viracocha
Pachayachachi" o Huiracucha Pachayachachic, (Nota 5)
es el demiurgo ancestral, enseñante y creador del cosmos, la cultura y lo social. Es
también conocido por otros dos nombres: Cun Tiki Huiracucha (Cun:
"divinidad"; Tiki: "rechoncho") y Cuniraya Huiracucha (Cuni:
"caliente; abrigado; tibio"; raya: infijo verbal, "seguir haciendo").
De él, en el diccionario de Glauco Torres Fernández de Córdoba se cita lo siguiente:
"En los tiempos pasados, i antiguamente, estaba en la Tierra i Provincias del Perú a
oscuras, en las que no había luz, ni sol, i por consiguiente tampoco Día, havia cierta
Gente en ese tiempo, que las habitaba. A quien mandaba, i governaba cierto Señor, de cuio
Nombre, i del de aquella Gente no se acuerdan. Dicen mas los Indios, que en este tiempo,
en que todo era Noche, i no havia Luz, ni Día, salió de una Laguna, que está en la
Provincia de Collasuyu, un Señor, Contice Viracocha (Cun Tiki Huiracucha), el cual
sacó consigo cierto número de Gente; i salido de allí, se fue a un sitio junto á la
Laguna, donde ora está un Pueblo, llamado Tiaguanacu, a do luego que llegó con su Gente,
hizo en un instante el Sol, i el Día; el cual mandó que con su veloz movimiento rodeáse
i diese vuelta a todo el Mundo. Luego hizo la Luna, planetas y Estrellas, que están en el
Octavo Cielo, i firmamento. Mas porque podría alguno preguntar, cuando crió este
Viracocha la Tierra i Gente, que vivía en aquella oscuridad, i la que salió con él de
la Laguna. Dicen los Indios, que antes de eso havía salido de la Laguna el Contice
Viracocha, i entonces crió el Cielo, i la Tierra, dejándola sin Sol, i sin Luz, que
alumbrase, i hizo á los que con él salieron, i la Gente que en aquella sazón havía, la
cual hizo cierto desercicio al Viracocha; por cuia causa salió enojado esta voz postrera,
i en pena i castigo de su delito, convirtió en Piedra á ellos, i á su Señor, i
entonces hizo el Sol, Día i Estrellas. (...) Hecho esto hizo de Piedra en el mismo sitio,
i lugar de Tiaguanacu una Figuras, e Imágenes de Hombres y Mugeres, unas preñadas, i
otras paridas, cuios niños estaban en sus Cunas, según su uso, i costumbres de ellos,
los cuales havía de ser dechado, i muestra de la Gente, que después havía de
producir". Por esta razón, en el texto Dioses y Hombres de Huarochirí,
recopilado en 1598 por el jesuita Francisco de Avila Cabrera y traducido por José María
Arguedas, se dice: "La gente para adorar decía: "Cuniraya Viracocha, hacedor
del hombre, hacedor del mundo, tu tienes cuanto es posible tener, tuyas son las chacras,
tuyo es el hombre: yo". Y cuando debían empezar algún trabajo difícil, a él
adoraban, arrojando hojas de coca al suelo: "haz que recuerde esto, que lo adivine
Cuniraya Viracocha, diciendo, y sin que pudieran ver a Viracocha, los muy antiguos le
hablaban y adoraban. Y mucho más los maestros tejedores que tenían una labor tan
difícil, adoraban y clamaban" (Avila Cabrera, 1975: 25). O como dice el cronista
inca Waman Puma: "De cómo los dichos filósofos antiguos, que ellos le llamauan camasca
(hechicero), amauta runa (sabio), entendían por las estrellas y cometas y del clip
del sol y de la luna y de tempestades y de ayres y de animales y de paxaros. Uían estos
dichas señales y dezía que auía de suceder mortansa de grandes rreys de Castilla y de
otras naciones del mundo, alzamiento, hambre, sed, muertes de gente de pestilencia, guerra
o buen año o mal año. Y ací supieron que auía Castilla y ací los llamaron a los
dichos antiguos yndios Uira Cocha porque tenía noticia de que salieron y
desendieron de Uira Cocha (lit. 'laguna de grasa')" (Guaman Poma de Ayala,
1992: 57). Y, "a la uaca de Titicaca sacrificauan con mucho oro y plata y bestidos y
con beynte niños de dos años" (Ibid.). El texto citado en el diccionario de
Glauco Torres termina diciendo: "Y dejando orden y traza para que se produjesen i
criasen los primeros Señores del Cuzco, de quien proceden los Reies Ingas del Perú, se
partió de aquí, prosiguiendo su obra. Y como llegáse a la Provincia, que ahora se llama
Puerto Viejo, se juntó con los Suios, que antes havía enviado delante de si, con los que
les se metió la Mar dentro, por donde dicen los Indios, que andaba como si caminara por
Tierra" (Torres Fernández de Córdoba, 1982: 106-107).
Respecto a la desaparición de Cuniraya Huiracucha, en Dioses y Hombres de
Huarochirí se narra lo siguiente: "Cuniraya Huiracocha dicen que fue muy
antiguo, más antiguo que Pariacaca y que todos los demás huacas. A él
cuentan que lo adoraban más. Algunos afirman: "Dicen que Pariacaca también
era hijo de él", así dicen por eso vamos a hablar de cómo se extinguió Cuniraya
Huiracocha.
"Cuando los huiracochas (españoles) estuvieron a punto de aparecer, Cuniraya
fue hacia el Cuzco. Y entonces hablaron, él y el Inca Huayna Capac, entre
ellos. Cuniraya le dijo: "Vamos, hijo, al Titicaca; allí te haré
saber lo que soy". Luego, diciendo, dijo: "Inca, da orden a tu gente, a los
brujos, a todos los que tienen sabiduría, para que podamos enviarlos a las regiones
bajas, a todos". Apenas habló Cuniraya, inmediatamente, el Inca dio la orden.
"Y así, algunos hombres (¿emisarios?) dijeron: "Yo fui creado por el
cóndor". Otros dijeron: "Yo soy hijo del halcón". Y otros: Yo soy el ave
voladora golondrina". A todos ellos les ordenó (el Inca): "Id hacia las
regiones bajas y allí decid a todos los padres: me envía vuestro hijo; dicen que le
remitas a una de sus hermanas. Así hablarán". De ese modo les ordenó.
"Entonces, el hombre que fue creado por la golondrina les tomó la delantera. Llegó
a su destino e hizo saber lo que se le había ordenado. Y le entregaron una pequeña caja:
"No has de abrirla -le dijeron-, el mismo poderoso Inca Huayna Capac la
abrirá". Así cumplieron.
"Y ese hombre golondrina, cuando estaba ya por llegar al Cuzco, exclamó:
"¡Má! Voy a mirar lo que aquí hay encerrado". Y abrió la caja. Una señora,
una gran señora hermosísima estaba dentro; sus cabellos eran como oro encrespado, su
traje era excelso, pero era muy pequeña de estatura. Apenas vio al hombre, la señora
desapareció. Entonces, entristecido, el emisario llegó al Titicaca y llegó al Cuzco.
"Si no hubieras sido creado por la golondrina, al instante te habría hecho matar.
Vuelve, pues; tu mismo regresa", le dijeron.
"Y el emisario regresó y cumplió. Mientras de vuelta traía (la caja) y en el
camino sentía sed mortal o hambre, no necesitaba sino hablar y se le presentaba una mesa
tendida con todo lo que pedía. Lo mismo ocurría cuando necesitaba dormir. De ese modo, a
los cinco días exactos llegó. Y, tanto el Inca como Cuniraya, lo recibieron con
alegría.
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Nota 6. "Si bien pachac
corresponde exactamente al número cien, esta significación no concuerda con el contexto
que parece dar a esta palabra el sentido de dirección, área geográfica o agrupación
social; por tal razón no la hemos traducido" (Nota explicativa del traductor José
María Arguedas). |
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"Y así, antes de que
abriera (la caja), Cuniraya dijo: "Inca: sigamos este pachac (Nota 6). Yo, sí, yo entraré a este pachac; y tu entrarás a ese
otro pachac, con mi hermana. Ni tu ni yo debemos encontrarnos, no". Diciendo esto
abrió el cofre, y al instante, en ese instante, nació una luz, relampagueó una luz.
Entonces, el Inca Huayna Capac habló: "No he de volver de aquí a ninguna
parte; aquí he de vivir con esta ñusta (princesa) mía, con este amor". Luego
ordenó a un hombre de su ayllu: "Y tú, mi doble, mi semejante: soy Huayna Capac,
proclamando, vuelve al Cuzco". Y no bien pronunció esas palabras desapareció
con esa señora; Cuniraya hizo lo mismo, desapareció.
"Y desde entonces, después de aquel al que hemos llamado Huayna Capac murió,
ya uno, ya otro: "Yo antes que nadie" diciendo, pretendieron presentarse como
poderosos jefes. Y cuando esto ocurría, aparecieron en Cajamarca los huiracochas
(españoles).
"Hasta hoy sólo sabemos de Cuniraya Huiracocha lo que de él cuentan la boca
de los checas. De las cosas que hizo cuando anduvo por estas regiones no hemos concluido
de escribir" (Avila Cabrera, 1975: 74-76).
En este mismo documento se narra otra relación específica de Huiracucha con el mar:
"Este Cuniraya Viracocha, en los tiempos más antiguos anduvo, vagó, tomando
la apariencia de un hombre muy pobre; su yacolla (manto) y su cusma (túnica) hechas
jirones. Algunos, que no lo conocían, murmuraban al verlo: "miserable piojoso",
decían. Este hombre tenía poder sobre todos los pueblos. Con solo hablar hacía concluir
andenes bien acabados y sostenidos por muros. Y también enseñó a hacer los canales de
riego arrojando (en el barro) la flor de una caña llamada pupuna; enseñó que los
hicieran desde la salida (comienzo). Y de ese modo, haciendo unas y otras, anduvo,
emperrando (humillando) a los huacas de algunos pueblos con su sabiduría.
"Y así, en ese tiempo, había una huaca llamada Cavillaca. Era doncella,
desde siempre. Y como era hermosa, los huacas, ya uno, ya otro, todos ellos:
"Voy a dormir con ella", diciendo, la requerían, la deseaban. Pero ninguno
consiguió lo que pretendía. Después, sin haber permitido que ningún hombre cruzara las
piernas con las de ella, cierto día se puso a tejer al pie de un árbol de lúcuma.
En ese momento Cuniraya, como era sabio, se convirtió en un pájaro y subió al
árbol. Ya en la rama tomó un fruto, le echó su germen masculino e hizo caer el fruto
delante de la mujer. Y de ese modo quedó preñada, sin haber tenido contacto con ningún
hombre. A los nueve meses, como cualquier mujer, ella parió así doncella. Durante un
año crió dándole sus pechos a la niña. "¿Hija de quién será?", se
preguntaba. Y cuando la hija cumplió el año justo y ya gateaba de cuatro pies, la madre
hizo llamar a los huacas de todas partes. Quería que reconocieran a su hija. Los
huacas, al oír la noticia, se vistieron con sus mejores trajes. "A mí ha de
quererme, a mí ha de quererme", diciendo, acudieron al llamado de Cavillaca.
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Nota 7. Pachacamac: Pacha: "cosmos, mundo"; camac:
"cuidador". Esta, al igual que Pachayachachic, es otra designación del
creador-demiurgo (Huiracucha).
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"La reunión se realizó en
Anchicocha donde vivía Cavillaca. Todos los huacas estaban reunidos, allí
también estaba Cuniraya Huiracocha, harapiento como siempre. Cavillaca
preguntó a cada uno de los asistentes: "¿Cuál de vosotros me fecundó con su
germen?". Ninguno de ellos asumió la responsabilidad. A Huiracocha no le
indagó, asqueada pensó: "No puede ser hija de un miserable". Al no encontrar
respuesta, le ordenó a la niña: "Anda tu misma y reconoce a tu padre". Y a los
huacas les dijo: "Si alguno de vosotros es el padre, ella misma tratará de
subir a los brazos de quien es el padre". La niña empezó a gatear, pasó sin
detenerse frente a todos los huacas, pero al llegar donde el harapiento se abrazó
a sus piernas. Al ver esto, la madre enfurecida gritó: "¡Qué asco! ¿Es que yo
pude parir el hijo de un hombre tan miserable?", exclamando, alzó a su hija y
corrió en dirección del mar". Cuniraya Huiracocha de inmediato se vistió
con su traje de oro y en vano la empezó a llamar. Ella no quiso verlo, siguió huyendo
hacia el mar. Al llegar al mar dijo: "Por haber parido el hijo inmundo de un hombre
despreciable, voy a desaparecer" y diciendo esto se arrojó al mar. "Y allí
hasta ahora, en ese profundo mar de Pachacamac (Nota 7) se
ven muy claro dos piedras en forma de gente que allí viven. Apenas cayeron al agua, ambas
(madre e hija) se convirtieron en piedra".
Madre e hija habían sido mucho más ligeras que Huiracucha. En su recorrido de Anchicucha
al mar, Huiracucha se encontró con varios animales a quienes preguntaba si ellas
iban cerca o lejos. A los animales que le daban ánimos diciéndole que estaban cerca, les
otorgaba dones; mientras que a aquellos que lo desanimaban les confirió castigos y
maldiciones. Por fin llegó a la orilla del mar, "entró al agua y la hizo hinchar,
aumentar. Y de ese suceso los hombres actuales dicen que lo convirtió en Castilla;
'el antiguo mundo también a otro mundo va', dicen". Por esta razón a los
españoles, procedentes de Castilla, se les llamó huiracuchas.
Cuando Cavillaca se arrojó al mar, Urpayhuachac ("la que pare
palomas") la fue a visitar al fondo del mar. "En aquel tiempo, dicen, no
existía ni un solo pez en el mar. Unicamente la mujer a quien llamaban "la que pare
palomas" criaba (peces) en un pequeño pozo que tenía en su casa. Y el tal Cuniraya,
muy enojado: "¿por qué esta mujer visita a Cavillaca en el fondo del
agua?", diciendo, arrojó todas las pertenencias de Urpayhuachac al gran mar.
Y sólo desde entonces, en el lago grande, se criaron y aumentaron mucho los peces".
No contento con esto, enfurecido Cuniraya violó a las dos hijas de Urpayhuachac
(Avila Cabrera, 1975: 26-31).
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Nota 8. Anchi, también es "cáscara". En la envoltura-cáscara del fruto
del árbol lúcuma, Huiracucha deposita su "germen" para preñar a Cavillaca.
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En esta serie mitogónica de Huira
Cucha Pachayachachic, se puede apreciar su relación directa con Mama Cucha (
"mar", "laguna madre"), la cual, de manera ambivalente, en los relatos
citados, se relaciona con el lago Titicaca y con el Océano. Huira Cucha nace en el
lago Titicaca, en la región de Tiahuanacu. Es la "espuma" o "grasa" (uira)
de esa cocha, y en por lo menos dos ocasiones va al mar: en la primera, relacionada con su
aventura amorosa con Cavillaca. Ella habita en Anchicucha (anchi:
"afrecho"; "lago de afrecho") (Nota 8), desde
donde se dirige a Mamacucha, en donde quedarán madre e hija hechas piedras y en
cuya ocasión Huira Cucha hará que surjan los peces en el mar. En la segunda
ocasión va al mar para desaparecer dejando sólo la "espuma" o
"grasa" como su rastro en el "lago madre". Al emerger en el lago
Titicaca produce la creación y germinación del cosmos; al aparecer en Anchicucha
hace germinar el cuerpo de la huaca Cavillaca cuyo fruto se petrifica en el mar.
Antes de regresar al mar por segunda vez, vuelve a salir del lago Titicaca para entregarle
allí al Inca Huayna Capac una mujer encantada. Estos recorridos de lago a lago, de
cucha, en el interior de Allpamama (Madre Tierra), a Mamacucha
("mar"), determinan la íntima relación que existe entre las cochas y el mar.
Así lo sugiere el dibujo de Juan de Santa Cruz Pachacutic, al conectar con una línea a Mamacucha
con un pequeño círculo, al cual le asigna el nombre de pucyo calco (pucyu:
"fuente, manantial, laguna"; callcu: "agrio").
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Cochas
En los pueblos andinos quichuas o con influencia quichua, los lagos y
lagunas son percibidos y conceptuados como configuraciones al interior de la Tierra de Milli
Cucha o Mama Cucha, la gran laguna ancestral que bordea la Pachamama, el
gran océano. Milli Cucha o Mama Cucha es el líquido amniótico y al mismo tiempo
matriz en la que se engendra la Madre Tierra. Lagos y lagunas al interior de la Tierra y
entre sus montañas, son el líquido amniótico y matriz de Gaia, en y desde las cuales se
genera la vida, en y desde las cuales se potencia su encantamiento mágico. Lagos y
lagunas son, así mismo, una manifestación encantada de la Gran-Laguna-Ancestro, la
mar-océano (Milli Cucha). La Gran-Laguna-Ancestro se filtra a través del cuerpo
de la Madre-Tierra para emerger en ella, decantada de su salobridad, como agua dulce, y
dar lugar a la vida en la Tierra con el encuentro energético de la fuerza de Yaya Inti
(Taita Inti, Padre Sol). Mama Cucha bordea, engendra y protege la Pachamama, y
emerge en el interior de sus montañas y valles como Cucha ("laguna"),
afecto encantado, devenir matriz y líquido amniótico de la Tierra, propiciando a su vez
en el cuerpo vivo de la Tierra sus potencialidades para producir y transformar la vida.
En una investigación de campo realizada entre los años de 1952 y 1956 por el
antropólogo José María Arguedas en Puquio, capital de la Provincia de Lucanas,
Departamento de Ayacucho (Perú), localidad donde había pasado su niñez y adolescencia,
encuentra una serie de relaciones mitogónicas con el agua, las cuales permiten
complementar la documentación cosmogónica relacionada con las cochas. Dice Arguedas que
si bien el nombre común del agua, en los Departamentos de Ayacucho y Huancavelica, es yaku,
empero, el nombre del agua en los himnos de los aukis, durante la fiesta de la
sequía que es la fiesta del Agua y de los wamanis, es unu, al igual que en el
quechua hablado en el Cuzco: "Los indios de Puquio acumulan los términos unu,
Aguay Unu, en el lenguaje ritual. No utilizan la palabra castellana agua en su
lenguaje común, sino yaku, pero cuando se refieren al agua con sentido religioso,
además de la palabra unu, emplean el término castellano (...) El Aguay Unu es un
don de los wamanis, "Wamanikunamantan llogsimuchkan yawar bena, Uno. Ima
wawanchikpag, todo, lliopag, riki", dijo el regidor y auki menor de
Chaupi: "De los wamanis brota la vena sangre, el agua. Para nuestros hijos de
toda especie, todo, para todos, pues". "Orqotaytapa venan, riki unuqa, aguay
unu", afirma don Viviano: "El agua es la vena del Padre cerro, el aguay
unu". En el relato del mito de Inkarrí, el mismo Don Viviano dijo: "Taytanchik
wamanikunamamtaqa aguay unullata chaskinchik" ("De nuestros padres, los
wamanis, recibimos el agua, el agua solamente"). Porque la lluvia es obra de Dios. El
Aguay Unu es, pues, el agua que brota de la tierra" (Arguedas, 1989: 49). Este mismo
informante le comentó a Arguedas que en el cerro Pedrorqo, de cuyas laderas brota un
manantial que fluye al estanque de Moyalla o Qorecocha, junto a esta fuente,
existen tres figuras pequeñas, antropomorfas, las cuales son los espíritus del agua. El Aguay
Unu es la sangre fecundante de los wamanis y pertenece tanto a los humanos como a
todos los animales. "El Aguay Unu recibe las ofrendas más preciadas: el
corazón de una llama y el corazón de una oveja de Castilla. Don Viviano nombra a la
oveja "castilla" a la llama "Qoyllor" (Estrella). Los aukis
declaran que a los wamanis se les paga frutos de la tierra y el llampu, "Plankuchallata",
elementos incruentos, blancos. Pero el Aguay Unu es un don de los wamanis
(...) Los corazones aún palpitantes de las víctimas, no son arrojados en el ojo del
manantial que brota del Pedrorqo, sino más debajo de la corriente, en Pallqa,
donde el agua es más profunda. Los aukis afirman que el agua, allí, devora las
ofrendas, pues desaparecen al instante, hundiéndose" (Ibid.: 50-51).
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Las Cochas:
correlatos mitogónicos
Las cochas, como espacios geo-gráficos, se constituyen en correlatos
gráfico-naturales, en la Tierra, de los relatos míticos que dan cuenta de su origen y de
su configuración geográfica. Desde el punto de vista de la cosmogonía andina, las
cochas constituyen los grafismos naturales de las mitogonías que las narran. Conocer una
cocha implicará una relación específica desde el saber con relación a la Tierra, la
cual está dada por varios aspectos: en primer lugar lo geográfico. En diferentes valles
interandinos se encuentran las cochas como relaciones íntimas entre lo hidrográfico y lo
geográfico, ya sea como lagunas cratéricas o como lagunas en valles-interfluvios. En
segundo lugar, para la cosmogonía andina, estas lagunas no existieron siempre. Su
existencia está determinada por un acontecimiento de carácter mítico adscrito a la
regulación de una pauta de comportamiento que ha sido transgredida. El acontecimiento
mítico quedará transcrito al trazar una huella en la superficie de la Tierra, al
configurarse la laguna que habla por sí sola como un murmullo o balbuceo silencioso de la
Tierra. Esto hace que con el solo hecho de estar presente la laguna, se produzca, entre
quienes comparten su cosmogonía, una evocación no narrada de su mitogonía, puesto que
en la geografía de su espacio es legible esa mitogonía. Esta característica de las
cochas es lo que permite su designación como correlato, en cuanto espacio geo-gráfico,
del relato mítico. El relato mítico será susceptible de ser narrado, en ausencia y/o en
presencia de ellas, para iniciar en este saber a quienes no lo poseen. Aprender el relato
mítico implicará, necesariamente, aprender a leer su correlato, aprender a escuchar el
murmullo o balbuceo silencioso de la Tierra.
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Nota 9. De acuerdo con el diccionario de Glauco Torres Fernández de Córdoba (1982), el
campo polisémico de pacha es muy amplio: "Tiempo, lugar, espacio, tierra,
mundo, comarca, región, país, manta, remolino, parásito, barriga, vientre, estómago,
faz, rostro, hora, cobija, vestidura, ropa, época. Hierba medicinal andina. Cien, entero.
Localidad de la parroquia Yaruquíes del Cantón Riobamba (topónimo)".
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Esta doble característica de
las cochas andinas, como correlatos evocativos de una tradición mítica y como
concreciones geo-gráfico-míticas, permite precisarlas como una particular manera de
constituirse lo etnoliterario andino. Doble característica, que a su vez es expresión de
una dimensión espacio-temporal, en la cual el espacio y el tiempo no corresponden a dos
vectores divergentes sino a una misma dimensión energética dinámica: las cochas como
concreciones geo-gráfico-míticas determinan una configuración espacial, la cual se
activa a partir de un acontecimiento mítico, desde el que se determina que no existieron
siempre. Esto es, su configuración se adscribe a una secuencia temporal. Este dinamismo
energético espacio-temporal es propio y característico de la tradición andino-quichua.
Es la característica primordial de Pachamama, en tanto que pacha en su univocidad
polisémica (Nota 9) designa tanto el tiempo como el espacio,
puesto que es expresión y manifestación del Todo que es lo Múltiple: Universo, Cosmos,
Madre. Más específicamente, en su configuración espacial es tríptica: Hanan (Hanak)
Pacha o "mundo de arriba", celeste; Kay Pacha, "este mundo"
o "mundo de aquí": La Tierra (Allpamama); y Uku Pacha o
"mundo de adentro", "inframundo", "submundo", "mundo
subterráneo". En su configuración temporal se expresa más específicamente como pachacuti,
ciclo mayor de quinientos años que señala la culminación y reinicio de periodos
socioculturales diferenciados, siendo así mismo designación de "cataclismos" y
de "fin del mundo". En esta perspectiva, si las cochas, en la tradición
andino-quichua, son concreciones geo-gráfico-míticas no tendrían por qué estar fuera
de este dinamismo energético espacio-temporal de Pachamama. El acontecimiento
mítico que potencia la espacialización de las cochas, acontece en Pachamama como
una acción de su inmanente dinamismo energético espacio-temporal, y como tal acción es,
al mismo tiempo, un correlato mítico, etnoliterario, de Pachamama que se presenta
geográficamente como un murmullo o balbuceo silencioso de la Tierra, en cuanto espacio
geo-gráfico del relato mítico. El relato mítico señala la temporalidad en la cual
empezó a configurarse y/o se configuró el espacio geo-gráfico-mítico de la Cocha en Pachamama.
Para constatar esta conceptualización se ha escogido los relatos míticos
correspondientes a las Lagunas de Mojanda (Caricucha, Huarmicucha y Yanacucha,
Cantón de Otavalo), Imbacucha (o Lago San Pablo, Cantón de Otavalo), Cuicucha (Cantón
de Cotacachi) y Yahuarcucha (Cantón de Ibarra), ubicadas en la Provincia de
Imbabura en el Ecuador, y a las lagunas Doña Juana (Municipio de La Cruz), Roja
(Municipio de Ospina) y La Cocha (o Lago Guamuez, Municipio de Pasto) en el Departamento
de Nariño (Colombia).
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FIGURA 3. Las lagunas de Mojanda son tres: Caricucha, Huarmicucha y Yanacucha.
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Lagunas de Mojanda
Las Lagunas de Mojanda se ubican al occidente de Otavalo, en el macizo
montañoso del volcán Mojanda (ver figura 3). Son tres lagunas que conforman cráteres
apagados del volcán. Sus nombres son: Caricucha (Laguna Varón, también nombrada
Mojanda Grande) situada a 3.711 m.s.n.m., entre los picachos Fuya Fuya (a 4.294
m.s.n.m.), nombrado así por estar siempre cubierto de nubes (fuyu: "nube"), el
cerro Colongal (a 4.145 m.s.n.m.) y el Yanaurcu (yana: "negro", urcu:
"cerro", a 4.272 m.s.n.m.); Caricucha tiene 3.373 m. de longitud y 2.520
m. de ancho, y una profundidad aproximada de 86 m. Huarmicucha (Laguna Hembra,
también nombrada Mojanda Pequeña), ubicada a un poco más de un kilómetro al sur de la
anterior, a una altitud de 3.721 m.s.n.m., con 600 m. de longitud y 300 m. de ancho, con
profundidades de 751 m. por el oriente, 50 m. por el occidente, 75 m. por el sur y 250 m.
por el norte. Yanacucha (Laguna Negra, también conocida como Laguna
Sirvienta), situada al oriente de las dos anteriores y al pie de la basáltica
montaña de Yanaurcu, la cual le da su nombre puesto que se considera que el
reflejo del cerro negro en esta laguna es el que le da su color; su altitud es de 3.734
m.s.n.m. (San Félix, 1988: 49-52).
Este complejo lacustre constituye una característica fundamental de la paridad
complementaria constitutiva de Pachamama En el dibujo del altar de Curicancha
del Cuzco, realizado por Juan de Santa Cruz Pachacutic Yamqui Salcamay-Hua en 1613, se
puede apreciar como Hanan Pacha está regentado por la pareja de astros-gente: Inti
y Quilla, quienes son esposos entre sí y por tanto configuran la pareja cari - huarmi
de lo celeste. En Kay Pacha, la pareja de lo celeste corresponde en Allpamama
(Tierra) a la pareja hombre - mujer (cari - huarmi), lo masculino - femenino, lo
varón - hembra; esta correspondencia no puede ser ajena a las configuraciones
geo-gráficas-lacustres del macizo montañoso de Mojanda, en las cuales esta pareja
primordial se manifiesta como pareja cari - huarmi - cucha, y en donde además se
activan y reconfirman como dualidad yacu - allpa (laguna - tierra) al manifestarse en este
mismo macizo montañoso de Mojanda la dimensión Uku Pacha en la paridad oscura de Yana
Urcu y Yana Cucha.
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Nota 10. Remigio Cáceres pertenece a la etnia Imbaya, residente en la parroquia de
Ilumán en donde es presidente del Consejo Parroquial. Es profesor de la Pontificia
Universidad Católica del Ecuador - Sede Ibarra, y profesor visitante de Lengua Quichua de
la Maestría en Etnoliteratura de la Universidad de Nariño (Pasto, Colombia). El profesor
Remigio Cáceres muy gentilmente donó la información fundamental recogida durante el
trabajo de campo realizado en la Provincia de Imbabura (Ecuador).
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En Mojanda se activa el sentido
semántico de la palabra cucha como "destino", en tanto que en Mojanda se
despliega y repliega la paridad yacu - allpa en el tríptico dimensional de Pachamama. Existe
allí, una relación intensa entre Hanan, Kay y Uku Pacha con las lagunas cari
- huarmi - yana. Según narra Remigio Cáceres (Nota 10), su
padre le contaba cómo un mes antes del solsticio de junio, época en que se realiza el
ritual del Intiraimi ("fiesta del Sol"), coincidiendo con el plenilunio,
los nativos de Otavalo iban a bañarse desnudos a la media noche en las aguas de Caricucha.
Este baño ritual les permitía adquirir "fuerza, vitalidad y fortaleza"
guerrera para participar en las danzas y combates rituales que se realizan con motivo de
esta festividad solar. Así, en Kay Pacha, en el cerro de Mojanda, existe un lugar en el
cual al filo de la media noche del plenilunio anterior al solsticio de junio, los cuerpos-cari
se sumergen en Caricucha para adquirir fuerza, vitalidad y fortaleza guerrera.
Espacio-tiempo en Kay Pacha para potenciar el cuerpo que danzará y guerreará la
fuerza-cari correspondiente al espacio-tiempo Hanan Pacha. Desde la noche, como
dimensión-huarmi, regida por Quilla en plenilunio, en la temporalidad de la
media noche, los cuerpos-cari se sumergen en las aguas Caricucha para fluir
al encuentro con Inti, dimensión-cari, para potenciar su existencia como
danzantes-guerreros en la temporalidad del mediodía del solsticio. La fuerza-cari
en Kay Pacha festeja la fuerza-cari de Hanan Pacha.
Y en este mismo sitio, recuerda Remigio Cáceres el acontecimiento que le narró su padre:
"En una de esas noches en que a la medianoche se bañaban desnudos los hombres en
esta laguna, apareció por la mitad de ella un demonio. Tenía cuernos grandes y ojos
prendidos de luces rojas, nadando por la mitad de la laguna. Los hombres recogieron sus
ropas y bajaron corriendo. Estas lagunas eran muy bravas. Quienes transitaban por allí a
veces se desaparecían. Días después regresaron con ladrillo asado, ardiendo, para
zumbarlo a la media laguna. Se escuchó una voz: "¡Ayayay! ¡Ñausa
saquirini!" -"¡Qué dolor, quedo ciego!". Luego un cura, el
presbítero Amable Herrera, bendijo las aguas para apaciguarlas". Agrega Remigio
Cáceres, que por allí pasa el Incañan, el camino del Inca, que conducía de
Otavalo a Quito y al Cuzco, y por el cual los Otavaleños iban hasta Cotopaxi para
adquirir lana que servía como materia prima para elaborar ponchos, chalinas y bufandas.
La emergencia de este monstruo en la mitad de las aguas de las lagunas de Mojanda,
confirma su "destino" (cucha) espacio-temporal de confluencia energética
entre Hanan, Kay y Uku Pacha.
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Nota 11. Según Waldemar Espinosa Soriano (1983: 240) el nombre Imbabura proviene
de imba: pequeño pez negro conocido como "preñadilla" (Pimelodus
cyclopum), y de bura: "criadero".
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Imbabura y Cotacachi
En las vísperas del Intiraimi, los imbayas -indígenas habitantes
de las regiones cantonales de Otavalo y Cotacachi-, a la media noche para amanecer a la
festividad del Sol, van a bañarse desnudos a la cascada de Peguche. Esta chorrera sagrada
se forma en la comunidad de Peguche, el nororiente de Otavalo, sobre el cauce del río
Cusín. El río Cusín nace en las faldas del extremo sur del volcán Imbabura, para
atravesar las aguas de Inpacucha (pronunciado Imbacucha, conocido también como
Lago San Pablo), recorrer el valle que queda entre este lago y el cerro Imbabura, en cuyo
recorrido sus aguas son utilizadas para el regadío, y luego formar la cascada de Peguche.
Este lago recibe su nombre del volcán Imbabura (Nota 11), quien a
su vez le da el nombre a la etnia Imbaya. Imbabura Urcu, es el cerro
protector masculino, de carácter sagrado, de la región. Él es un taita o yaya
y al mismo tiempo yachac primordial. Su nombre es Taita Manuel Imbabura.
Es un hombre grande y viejo, un sombrero grande cubre su cabeza blanca. Frente a él está
el volcán-nevado Cutacachi. Su nombre proviene del verbo cutana:
"moler, triturar, desmenuzar, pulverizar; piedra de moler", y de cachi:
"sal"; puesto que en el Cutacahi, así como en el Urcuquino (en la
región de Chachimbiro) y en Salinas, hay gran cantidad de sal. El Cutacachi Urcu
es el cerro protector femenino, de carácter sagrado, de la región. Es mama o milli y
al mismo tiempo yachac primordial. Su nombre es Mama María Isabel Cotacachi, una
mujer ya entrada en edad. En estos dos cerros se vuelve a configurar la paridad primordial
cari-huarmi.
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Nota 12. "Cerro
Negro", este no se debe confundir con el otro Yanaurcu ubicado en el Mojanda.
Nota 13. Para otras versiones de los amores de Manuel Imbabura y María Isabel Cotacachi,
se puede consultar: Álvaro San Félix (1988: 2: 65-70) y Aníbal Buitrón C.
(1974: 7-10). |
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Cuenta Don Remigio Cáceres que
"cuando Taita Imbabura era joven, empezó a salir del Imbabura (del cerro, pues este
cerro es su morada) y caminaba por las noches, solo, pensando que las demás personas le
iban a conocer, a ver y a criticar el por qué el Taita Imbabura tiene que salir del
cerro. Como a los jóvenes que empiezan a salir de sus casas y a recorrer el vecindario y
otros lugares, le decían puriqinchu ("andariego"). Caminaba, caminaba
por las noches... y de pronto se encontró con la Mama Cotacachi. Caminaban juntos, pero
que no podía declararse Manuel Imbabura, no podía declarar su amorío a María
Cotacachi. Cuando de repente se declaró diciendo que la amaba, que la quería, y la Mama
Cotacachi respondió: "Yo también desde muchos años que te conocí he estado
enamorada. Pues ahora, entonces, vamos a ser enamorados". Y transcurrió el tiempo.
Una vez que transcurrió el tiempo, obtuvieron un hijo. Un hijo que está a la derecha del
Cotacachi, que se llamó el Yanaurcu (Nota 12) y que está
unido al cerro Cotacachi. Entonces de este amorío entre Manuel Imbabura, un hombre
grande, con sombrero grande, cabeza blanca y viejo; igualmente la Mama Cotacachi,
procrearon un hijo que es el cerro Yanaurcu (Nota 13).
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Así mismo, señala Don Remigio
Cáceres que María Cotacachi y Manuel Imbabura son los padres y protectores de las
lagunas. En especial de las lagunas Cuycucha, Imbacucha y Yahuarcucha,
en las cuales con motivo del Intiraimi se realizan rituales: danzas y ofrendas para
que las lagunas se "mantengan mansas". Allí mismo, se hacen ofrendas a Inti y
a Quilla para que la Tierra dé buenos frutos. Tanto a las lagunas mencionadas,
como a los cerros Cutacachi e Imbabura se les ofrenda gallos blancos en
agradecimiento por las cosechas y para tener buena suerte. Es tal el aspecto sagrado de
estos dos cerros, que cuando la gente sale de sus casas, los invoca diciendo: "Imbabura
Taiticu, Cutacachi Mamita, Intitaiticu, Quillamamita". Invocación en la
cual se manifiesta de nuevo la paridad cari-huarmi.
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FIGURA 4. Aspecto de la laguna de Cuicocha.
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Cuicocha
Dice Don Remigio Cáceres: "Antiguamente no existían las lagunas. Se
formaron como lo cuentan los mitos. Los mitos son las versiones de cómo estuvo
formándose la naturaleza". Por ello nos cuenta que los imbayas saben que Cuycucha
es producto de una erupción volcánica del Cutacachi, por ello es hija de María
Cotacachi. De esa erupción volcánica no sólo surgió la laguna, sino los dos islotes
que se encuentran en su interior, y es en el más pequeño de los dos donde se realizan
los rituales correspondientes al Intiraimi (ver figuras 4 y 5). Su nombre, Cuycucha,
es debido a que en los islotes abundan cantidades de cuyes silvestres (cuy: cobayo,
conejillo de indias). Los nativos consideran que esta laguna está conectada
subterráneamente con el Océano Pacífico, ya que tras el cerro Cotacachi está la
Provincia de Esmeraldas (la cual se encuentra sobre el Océano Pacífico); se considera
que al pasar las aguas del Océano por el conducto subterráneo, el agua se filtra y
emerge dulce como aguas de Cuycocha. En la descripción que hace Don Remigio Cáceres de
esta cocha, señala que es una laguna que "tiene una profundidad sin orilla; no tiene
orilla, tiene un solo fondo total". Y relata cómo en la época en que construían
las instalaciones que hay en la orilla para los turistas, se cayó al agua un bulldoser;
esta máquina se hundió y no fue posible encontrarla, por más que fue buscada por buzos
contratados de Guayaquil. Con este relato se testifica la profundidad mágica de Cuycucha.
Con relación a otras leyendas de Cuycucha, Jorge Ubidia Betancourt dice que
"existe la tradición de que en tiempos prehispánicos, las islas del lago Cuycocha,
estuvieron pobladas de unos mamíferos semejantes a los cuyes; una especie intermedia
entre el venado y el conejo, animales superiores que solían salir a nado a las orillas y
cuya caza constituía el deleite de los aborígenes. Otra leyenda dice, también, que los
Incas utilizaron las islas de Cuycocha, como prisión y lugar de confinio político;
"en la desolación del páramo el exiliado sufría un doble castigo: el aislamiento y
la visión constante e imponente del airado monte: el Malava Topanthiu (el Cotacachi), que
en sus espíritus medrosos y panteístas ejercía un sentimiento de terror
incalculable"(...) También es evidente que las islas estuvieron pobladas de
aborígenes, que conocieron la embarcación, y que hasta hace treinta años, existió en
las islas una especie de lagartijas (reptiles) muy grandes que también han
desaparecido" (Ubidia Betancourt, 1938: 8-9).
Cuycucha está ubicada al noroccidente de Otavalo, a 3.064 m.s.n.m., con 3'775.621
metros cuadrados de superficie hídrica. El islote pequeño, al norte, ocupa un área de
266.100 metros cuadrados, con una altura de 3.144 m.s.n.m. El islote grande, al sur, ocupa
un área de 300.100 metros cuadrados, con una altura de 3.320 m.s.n.m. (Ibid.:11-12).
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FIGURA 5. En el "cráter" de Cuichocha llegan a la superficie burbujas de la
actividad volcánica.
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Imbacocha
Al suroriente de Otavalo se encuentra la laguna Imbacucha, conocida
también como Laguna de San Pablo y como Chicapán. Está situada en una extensa hondonada
a los pies de los cerros Imbabura, Cusín y las estribaciones del Mojanda, a una altura de
2.697 m.s.n.m. Tiene una longitud de oriente a occidente de 3.950 m. y una latitud de sur
a norte de 2.666 m. Su extensión aproximada es de 6.360 metros cuadrados, con un volumen
aproximado de 184'400.000 metros cúbicos. Su profundidad varía entre 33 y 83 m. (San
Félix, 1988: 36-49). Está rodeada por las parroquias de San Rafael, La Ciudad Pequeña,
San Miguel Alto, San Miguel Bajo, San Pablo, Araque, Eugenio Espejo, Pucará Alto, Pucará
Bajo, Pucará de Velázquez, El Jordán de Otavalo, La Compañía, González Suárez y
Camuendo. Las aguas sucias de estas parroquias, pertenecientes al Cantón de Otavalo,
contaminan la laguna, por lo cual es necesario y urgente canalizarlas.
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Nota 14. "Hace tiempo
cerca del pueblo de Otavalo, dicen había una laguna grande. El nombre de esa laguna era
Imbacucha. Antes allí no había agua, así mismo hubo una hacienda. En los llanos de
esa hacienda ha habido un camino grande. Un día había estado quemando fuertemente el
sol. Una señorita enviada por su mamá, cargando la paila, había estado viniendo
sudorosa por el camino. Al pasar por la mitad de la hacienda, se había sentado para
descansar sobre un bordillo. La señorita cuando regreso a ver en la paila, en medio de la
paila había estado saliendo agua. Más y más había seguido creciendo, por eso
asustándose la señorita, había corrido para avisar a su mamá. Al regresar con la
mamá, había estado regándose el agua de la paila. Ellas asustadas así viendo,
corrieron a un cerro, de ahí estuvieron viendo el agua creciendo hasta tapar la hacienda.
Así terminó la gran hacienda tapada con agua. Después esa laguna tomó el nombre de San
Pablo". Traducción del Quichua al Español por Remigio Cáceres.
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Don Remigio Cáceres nos relata,
respecto al origen de esta cocha, lo siguiente: "Ñaupa pachapi Otavalo llactapac
quimiriac, shuc jatun cuchami tiyashca nin. Chai cuchapac shutica Inpacucha mi carca.
Ñaupacca mana chaipica yacu tiyarcachu, shinallata shuc hazindami tiyarca. Chai hazinda
panpacunapica shuc jatun ñanmi tiyashca. Shuc punchaca inti ninantami rupacushcarca. Shuc
cuitsaca mama cachacpi, pailata aparishca, junpisapa ñantaca shamucushcarca. Chaipi
hazindata yallicushpaca, shuc patajahuapi samancapac tiyarishcarca. Ashtahuan, ashtahuan
mirashpa catishcarca, chaimantami cuitsaca mancharishpa, mamaman huillancapac
callpashcarca. Mamahuan ticracpica, pailamantaca yacuca jicharicushcarcami. Paicunaca
shinata ricushpaca mancharishcami, shuc urcuman callparca, chaimantami yacu mirashpa,
hazindata quillpacta ricunacurca. Shinami jatun hazindata yacuhuan quilpacpi tucurirca.
Quipaman, chai cuchaca San Pablo shutirirca" (Nota 14).
En las regiones indígenas andinas, las haciendas son sinónimas de espacios de
dominación. Las haciendas se construyen a partir del despojo de tierra al nativo. El tema
de la inundación de esta hacienda está relacionado con el castigo al hacendado, en el
encuentro que propicia una joven entre el agua (yacu) y el sol (inti), en el
centro del espacio (chaupi), el cual es equivalente a Kay Pacha. La pareja
agua (yacu) - sol (inti), configura la relación cari-huarmi que ya
se ha señalado para las cochas de Mojanda y los cerros Imbabura y Cotacachi. El
recipiente que porta la señorita, y deposita en el centro (chaupi) del llano (panpa)
de la hacienda, la paila con agua, es semejante a un tazón. Tazón y taza en lengua
quichua reciben el nombre de cucha. De esta manera la joven porta en sus manos la
cucha (paila) que al ser depositada en el centro del llano de la hacienda en el momento en
que está "quemando fuertemente el sol" (shuc punchaca inti ninantami
rupacushcarca), de lo cual podría presumirse que fuese medio día (pachachaupi).
Se produce así una doble relación de la mitad-centro, tanto espacial como temporal, para
dar lugar en el encuentro yacu-inti a la generación de una cucha: Inpacucha.
En la cual, como ya se ha señalado, se realizan ofrendas con motivo del Intiraimi.
En este relato se hace evidente su relación inmanente con la fuerza gestora de Sol.
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Nota 15. Pucará de
Velázquez es una de las parroquias que bordean Imbacocha. Esta pucará
("fortaleza" -militar-) se llama "de Velázquez" porque todos sus
habitantes portan este apellido.
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De manera semejante
a lo sucedido en Cuycocha con el bulldoser, don Remigio Cáceres narra que en el verano
pasado (1999), un grupo de once personas del Ministerio de Defensa estuvieron en el Lago
San Pablo para pasar vacaciones. "Estaban paseando en un bote. De pronto en la mitad
de la cocha, el bote se viró, desapareciendo en la laguna. Los indígenas de Pucará de
Velázquez (Nota 15) escucharon que en luna llena, un mes antes,
la laguna bramaba. Bramó la laguna y los indígenas del sector dicen: "aquí va a
morir alguien". Y en efecto murieron once personas del Ministerio de Defensa.
Vinieron, desde Guayaquil, buzos contratados a hacer la búsqueda, pero no los
encontraron. Se dice que más o menos en el centro de la laguna hay un remolino. Pasaron
por ahí y les viró el bote. Desaparecieron. Pero por más que hayan hecho la búsqueda,
los buzos no los consiguieron. Al cabo de un mes, los cadáveres salieron flotando hacia
los extremos. Pero los buzos no los encontraron. Se dice que la profundidad de la laguna
San Pablo alcanza únicamente más que hasta 60 m. Los buzos que se metieron hasta esa
profundidad no encontraron sino únicamente lodo, bastante fino, no más. Así es la
laguna San Pablo".
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Nota 16. Camuendo es una de
las parroquias que bordea a Imbacocha.
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El bramido que se
escucha en las noches de luna llena, en Imbacocha, procede del aucacucha. Sus bramidos se
escuchan como los de un huacra (toro) al que le han clavado un cuchillo en el corazón.
Cuando va a ocurrir una tragedia en la laguna, se escucha también al allcusacra ("perro
brujo") que cuida la laguna y vive en Camuendo (Nota 16),
ladrando lúgubremente, como ladran todos los perros cuando alguien va a morir. Si esto
está por ocurrir, el aucacucha envía "telegramas" (las crestas blancas
de las olas) a Mama María Cotacachi "pidiéndole permiso para comerse a uno".
Al enterarse de esto, el Taita Manuel Imbabura se pone "pálido de pena" y
cubriéndose con un manto blanco de nieve, nieva durante varios días (Buitrón C., 1974:
17-20).
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Dice Aníbal Buitrón que los
indios afirman: "únicamente aquellos que se ahogan estando sin pecado rebalsan
inmediatamente. Los pecadores permanecen en el fondo hasta por siete días de acuerdo a la
calidad y cantidad de sus pecados. A veces para que aparezca el cadáver es necesario
realizar ciertas ceremonias (...) El diablo (aucacucha) se encuentra acostado de
espaldas, en el fondo del lago, con la cabeza hacia Camuendo y los pies en el muelle
construido al pie de Reyloma. Sabiendo la posición exacta en que se encuentra acostado el
diablo (aucacucha), se podría perfectamente pasar caminando desde Camuendo hasta
el muelle, esto es, casi toda la longitud de la laguna, sin que el agua llegue más arriba
de la cintura. El peligro está en que se puede resbalar al caminar sobre el filo de la
nariz, por ejemplo, y caer en uno de los ojos o en la boca, que son las entradas al
infierno" (Ibid.: 20). De manera similar a lo narrado respecto a las lagunas
de Mojanda, del fondo del agua de Imbacocha emerge un ser diabólico (el aucacucha)
procedente de Uku Pacha, y en este caso más explícitamente, en su cuerpo se
encuentran las cavidades que conducen al submundo. El aucacucha es descrito como un animal
que parece perro y tigre a la vez, despidiendo fuego de sus ojos (Ibid.: 22);
coincidiendo en la descripción con los ojos del demonio de Mojanda.
En el cerro de Imbabura, está ubicada la laguna Cunrro. Allí vive un gigante
orgulloso que considera que todas las demás lagunas son sólo unos pequeños charcos sin
suficiente profundidad para bañarse en ellos. Así recorría las lagunas. "Llegó
primero a la laguna San Pablo y se metió en sus aguas. En pocos pasos recorrió todo el
lago y en el lugar más profundo, el agua apenas le llegó a las rodillas. Pasó enseguida
a la laguna de Mojanda y el agua allí no le llegó sino a los tobillos. Pasó luego a la
laguna de Cuycocha y el agua de ese lago hermoso y agreste le llegó hasta los muslos.
Llegó finalmente a la laguna de Yahuarcocha y el agua allí apenas le cubrió los pies.
Con todo esto, el gigante acabó por convencerse que, en verdad, en toda la provincia no
había un solo lago suficientemente profundo... alcanzó a divisar, arriba del Imbabura,
una pequeña laguna... y una vez allí, no solo con confianza sino con arrogancia, se
metió en sus aguas frías y negras. Pues, sintió que el piso y que todo su inmenso
cuerpo se hundía, desesperado trató de sostenerse y al asirse de la roca más próxima,
la perforó, formándose así la Ventana del Imbabura" (San Félix, 1988: 2: 75).
En el cerro de Imbabura, en el sitio nombrado como El Lechero de Pucará, conocido
también como Rey Loma, en las inmediaciones de Imbacocha, nos cuenta Don Remigio
Cáceres, existe un gigantesco y milenario árbol de pinlluc ("lechero", Euforia
ovata; familia eufarbiáceas) en forma de cruz. A este árbol sagrado se le hacen
rogativas tanto en épocas de agudas sequías como en las de excesivas lluvias,
pidiéndole a Taita Inti que calme las excesivas inclemencias del tiempo. Estas ofrendas
reciben el nombre de huachacarai ("regalo del pobre"), consistiendo en
productos de las labores agrícolas. Llevando estas ofrendas, acuden todos los miembros de
las comunidades. Mientras los adultos y viejos van silenciosos, por considerarse
culpables, los niños van gritando: "perdonai señor" ("perdóname
señor" -refiriéndose a Taita Manuel Imbabura). Dice Don Remigio Cáceres que a este
árbol, también se llevan los niños que son desobedientes, allí al lado del árbol se
les azota (con uno o dos fuetazos) al tiempo que se les aconseja, y así dejan su
desobediencia. Se le llama "lechero", porque al cortarle una de sus ramas
segrega un líquido lechoso que se usaba para pegar los plegados de cartulina y de papel
en las escuelas, en épocas en que no existía goma ni otro pegante sintético; también
tiene uso medicinal para aplicarse sobre los hongos de la piel, secándolos.
Alvaro San Félix en su obra citada, presenta una versión mítica respecto al origen de
este árbol, la cual a su vez es otra versión del origen de la laguna San Pablo:
"Ya se habían formado los ayllus y los aborígenes abrían sus surcos
esperando la nueva cosecha; los soles recién creados poseían la tierra en la soledad del
pasto oloroso, mientras los inviernos volcaban su frescura y los ríos transportaban
vestigios de edades anteriores. La vida era una comunión directa del hombre con el cielo,
y el crecer del maíz, la única escala del tiempo.
"Más, un año, se ausentó la lluvia y la semilla se perdió en el árido campo; los
hombres se volvieron silenciosos y adquirieron el mirar cansino de las bestias. Huarcha,
el brujo, invocó tutelares espíritus y buscó el maleficio en las entrañas de los
cuyes. Al levantar la cabeza, su mirada era feroz:
- "Una virgen debe morir en el volcán para calmar a los dioses. La doncella que en
la próxima luna cumpla quince años será sacrificada" -condenó definitivo.
"Los ancianos miraron atónitos la cumbre donde habitaban seres que sólo Huarcha
había visto en noches de tormenta, y callaron. El pueblo vio desfilar a sus hijas ante
los curacas y a Huarcha mirarlas con su ojo de párpado caído.
"Cuando pasó Nina Paccha, el presentimiento de lo inevitable extinguió las
palabras. Nina era hermosa, de labios suaves y pechos redondos, tenía ojos como alas de
gorrión y el cabello trenzado le caía, doliente, sobre su espalda. Su nombre significaba
"Fuente de Luz".
- "¡Nina!, ¡Nina!" - clamaron como marea que crece.
"Los ancianos palidecieron hasta el color de las ubillas al comprender la sentencia,
bajaron la cabeza y se retiraron temblorosos. Sólo Gualtaquí se quedó mirando
las sombras y a la muchacha que era para él como amplia sonrisa.
"En la noche temprana, el último huirachuru cantó su despedida y el gemido
de Gualtaquí ascendió hasta las estrellas: "¡Nina, si tú mueres, yo
no quiero vivir!".
"El abuelo Isama quiso revocar la sentencia, pero el hambre del pueblo clamaba
dolorosamente y sus palabras murieron al pronunciarlas ante Huarcha que mantenía
el fuego y hacía hervir hierbas y amuletos para la ceremonia macabra.
- "¡Huyamos, Nina! -suplicó Gualtaquí mientras la noche envolvía a
la joven como suave mortaja.
- "No, Taita Imbabura nos perseguirá hasta castigarnos".
- "Huarcha miente. El Taita es bueno y protegerá nuestro amor. ¡Vamos
antes de que nos encuentre la luz!"
"Pero ella sabía que huyendo, traicionaba a su pueblo sin lluvia, y que la muerte
caería como helada en los páramos sobre él.
- "Isama dijo que podríamos huir si cortando tu trenza la sujetábamos cada
uno por los extremos, y no te miraba al escapar... porque si lo hacía te perdería para
siempre".
"Después de un silencio, la doncella susurró decidida:
- "¡Corta mi trenza antes de que la mañana trepe el monte!".
"Cubriéndose con su fachalina avanzó tras Gualtaquí por la desolada
campiña, sosteniendo el cordón de su pelo. Como enanos, con sombreros hundidos hasta el
cuello, quedaron atrás las chozas envueltas en niebla donde los niños dormían
arrullados por el rumiar de los cuyes, y las mujeres escuchaban el eterno caminar de la
muerte. El recio mozo andaba deprisa, ansioso de que muriera un día aún no nacido para
poder gozar de la presencia de su amada.
- "Haré choza para ti y tocaré el pingullo para que cantes".
- "Tengo miedo" -musitó la doncella corriendo tras él; Gualtaquí
cerró los ojos y se mordió los labios al recordar que hasta entonces la felicidad fue
dulce caricia esperando su unión en la próxima cosecha; pero ahora la angustia los
empujaba a través de chaquiñanes empapados de amanecer.
"Cuando Huarcha acudió, impaciente, para prepararla al sacrificio, había en
su interior un caudal lujurioso que esperaba desatar cuando acariciara el núbil cuerpo de
la víctima, pero al ver que Paccha había desaparecido, sus labios se
contorsionaron en una maldición y su ojo relampagueó feroz:
- "¡Hay que encontrarlos! ¡Los dioses se vengarán si no aplacamos su sed!".
"El brujo corrió con una antorcha encendida y por los cuatro costados del monte se
fueron los hombres armados de venganza; hasta las mujeres y los niños emprendieron la
búsqueda; sólo el abuelo Isama se quedó, estático, mirando al vacío.
"Nina se quejaba de que los espinos se prendieran como garras a su cuerpo en
fuga, y Gualtaquí seguía corriendo adelante, soportando la tortura de no poder
acariciarla con la mirada.
- "¡No puedo más, Gualtaquí!" -clamó sin aliento, mientras en la loca
carrera un pedazo de fachalina se desgarraba en una rama.
- "¡Allá descansaremos. Corre Nina. Corre!".
"Huarcha encontró el pedazo de facahalina y ebrio de triunfo gritó
enloquecido: "¡Los agarraremos! ¡Los dioses no serán burlados!".
"La madrugada empezó a cantar sobre la hierba áspera. De cara al Sol, Gualtaquí
se tambaleaba cuando el grito de Nina desgarró el campo:
- "¡Allá vienen! ¡Mira!"
"Gualtaquí sorprendido, giró la cabeza y al ver a Nina, el cielo se
iluminó partiendo el amanecer como un hachazo. La muchacha desapareció mientras un
manantial de agua limpia comenzó a extenderse sobre la planicie. Huarcha, con sus hombres
se detuvo ante el sortilegio. Gualtaquí, sosteniendo aún el cordón de cabellos,
cayó al suelo, implorando:
- "¡Taita, Taita, castígame a mí también! ¡Nina se hizo laguna
porque yo la robé! ¡Castígame también, Taita!".
- "¡Quédate conmigo, Gualtaquí! -imploraba, lejana y cristalina- ¡No me
abandones!".
"Convulsionado por el llanto, Gualtaquí extendió los brazos tratando de
asirse a la voz amada que suplicaba:
- "¡Tengo frío, quédate conmigo!".
- "¡Taita, has que me quede junto a ella para siempre!".
"Un relámpago cruzó sobre Rey Loma y apareció un frondoso Lechero: era Gualtaquí
con su cuerpo convertido en fibra vegetal, sus músculos hechos ramas recortando el
paisaje y sus dedos, hojas en vuelo.
- "¡Malditos! ¡Están malditos!" -masculló el brujo arrojando la antorcha.
Él y los dioses estaban satisfechos. La lluvia nueva danzaba sobre el campo.
"Los imbayas aman al Lechero porque fue hombre que desafió a los
dioses y se quedó para siempre en el paisaje junto a la líquida doncella que fecundó la
región carcomida de sequía. Los españoles la llamaron San Pablo, pero su nombre es Nina
Paccha: Fuente de Luz.
"Eso sucedió hace tantos años que la memoria se debilita al recodarlo; allá,
cuando el maíz era la única escala del tiempo y los soles surgían recién
formados" (Ibid.: 2: 83-86).
Sólo cabe reiterar, respecto a este relato, la activa presencia de la paridad cari-huarmi
en la interacción tierra (cerro)-agua-árbol.
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Yahuarcocha
La laguna Yahuarcucha ("Lago de Sangre") está situada al
norte de la ciudad de Ibarra, a tres kilómetros de distancia, en la margen derecha del
río Tahuando. Está ubicada a 2.210 m.s.n.m., con un área de 2.500 metros cuadrados. Es
una laguna que corre el grave peligro de desaparecer debido al alto grado de
deforestación: ya en el año de 1936 se reportó que su mayor profundidad sólo era de
3,50 m., y que en relación con el nivel de hacía más o menos 25 años, había rebajado
9 m. Actualmente se considera que Yahuarcucha pierde 0,33 m/año en volumen
(Jaramillo, 1962: 1: 69-75).
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Nota 17. "Hoy donde es Yahuarcocha
fue una hacienda grande. Un día llegó ahí un viejecito con bastante sarna. Cuando
golpeó la puerta salió el dueño de la hacienda, viéndolo así sarnoso se enojó
bastante, más bien a su trabajador le dijo, suéltale al perro para que le hiciera correr
a ese hombre. Sin embargo el perro no le mordió, más bien le acarició, le lamió los
pies. Viendo eso el dueño de la hacienda se enojó con el perro, le dijo a su trabajador,
mátale al perro. El trabajador al viejecito le regaló un pan, le dijo así: ahora a
media noche de la mitad de la hacienda va a reventar el agua, cuando se haga de noche
sacando todo lo que haya irás a la loma de arriba, el trabajador se fue llevando un
sillón de oro. En la medianoche reventando fuertemente salió el agua. El agua le tapó a
la hacienda. Ese hombre pobre sarnoso era Dios (Pachacamac). El dueño de la
hacienda era miserable miserable. Así nació la laguna de sangre. Después los hombres Caras
pelearon bastante con los aborígenes de ese lugar, entonces el agua de la laguna se
mezcló con la sangre, por eso se nombró Yahuarcucha ("Lago de
Sangre")". Traducción al español por Remigio Cáceres.
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Don Remigio Cáceres nos dona el
siguiente relato, respecto a su origen:
"Cunan maipimi Yahuarcucha, shuc jatun hazindami carca. Shuc punchaca chaipi, shuc
caracha, caracha rucucumi. Puncuta huactacpica hazindayucmi llucshirca, shina carachata
ricushpaca ninantami piñarirca, ashtahuancarin chaipi llancac runata, allcuta cachari
chai runata callpachichun nircami. Shinacpica, allcuca mana canircachu, ashtahuancarin
cuyachircami, chaquita lanpirca, chaita ricushpaca hazindayucca, allcuta piñarca, llancac
runata allcuta huañuchi nircami. Llancac runaca shuc tantatami rucucumanca cararca,
chaica nirca: cunan chaipi tutapi, chaupi hazindamanta yacu tucyacrinmi, tutayacucpi tucui
imatiyashcata llucchispa jahua tulaman rinqui, llancac runaca shuc curi tiyarinatami
apashpa rirca. Chaupi tutapica ninanta tucyashpa ashtaca yacumi llucshirca. Yacuca
hazindata quillparca. Chai huaccha caracha runaca Pachacamacmi carca. Hazindayacca mitsami
mitsami carca. Shinami Yahuarcucha mi huacharirca Quipaman Caras runacuna chaipi causac
runacunahuan ashtacami macanacurca, chaica cuchamanta yacuca yahuarhuan chapurirca,
chaimantami Yahuarcucha shutirirca" (Nota 17).
En este tema, es más evidente la miserableza y el poder de los hacendados. Así mismo, es
evidente la reiteración de las dimensiones de mitad tanto espaciales como temporales (cunan
chaipi tutapi, chaupi hazindamanta yacu tucyacrinmi): "media noche",
"mitad de la hacienda", son determinantes para la configuración de la cocha. Si
en el tema mítico de Imbacucha es relevante la acción de una pareja de mujeres, madre e
hija, y la confluencia de la mitad del espacio (hacienda) y del tiempo (medio día) en el
encuentro con el agua (yacu) de un recipiente en forma de cucha (paila) y el
Sol; en el tema de Yahuarcucha la relación es inversa y recíproca: acá los
protagonistas son hombres (hacendado, trabajador, viejito sarnoso), pero a cambio de dos
mujeres, son dos hombres (en el caso de Imbacucha, el hacendado está implícito,
por tanto allí también son tres protagonistas: un hacendado y dos mujeres: madre e
hija). En Imbacucha, la joven porta un objeto: una paila. En Yahuarcucha, el
protagonista es portador de sarna, que le da apariencia de limosnero, pero no porta
ningún objeto. Mas bien es portador de un presagio: "ahora a la media noche de la
mitad de la hacienda va a reventar agua". El perro, así mismo, anuncia una presencia
divina (Pachacamac) mediante un gesto silencioso, desde el cual se activa un
reconocimiento por parte del trabajador, al obsequiarle pan al viejecito. Lo cual le es
retribuido, anunciándole la divinidad la inminente configuración de la laguna y
recomendándole la obtención de un objeto que lo transformará de trabajador en poseedor
de riqueza: "cuando se haga de noche sacando todo lo que haya irás a la loma de
arriba, el trabajador fue llevando un sillón de oro". Al igual que en el tema de
Imbacucha, las dos mujeres se refugian en un cerro adyacente a la laguna.
Se puede apreciar que mientras Imbacucha pertenece evidentemente al Sol (Inti),
Yahuarcucha evidencia su pertenencia a Quilla ("Luna"); Imbacucha
pertenece a un régimen diurno, mientras que Yahuarcucha pertenece a un régimen
nocturno. Entre Imbacucha y Yahuarcucha se activa el principio de paridad cari-huarmi,
siendo consideradas ambas lagunas como hijas-protegidas de Taita Manuel Imbabura.
Ambas están en las laderas de este urcu sagrado.
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Tal parece que, en el relato de Yahuarcucha,
el trabajador, ante la actitud del perro, rememorase implícitamente el tema, muy antiguo,
de la presencia de la divinidad que se presenta con apariencia de mendigo (viejo
andrajoso). En el capítulo anterior se presenta el caso de Cuniraya Huiracucha en
su relación con la huaca Cavillaca. Ahora es necesario retomar la reiteración de
este tema, en el cual es protagonista Pariacaca, del que se dice era hijo de Cuniraya
Huiracucha. El libro Dioses y Hombres de Huarochirí narra lo siguiente:
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Nota 18. Al igual que Taita Manuel Imbabura tiene su morada en el cerro Imbabura y él
mismo es el cerro Imbabura, Pariacaca es un Taita y al mismo tiempo un cerro en el que
reside.
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"Cuando Pariacaca
tomó ya la figura humana, cuando ya era hombre grande, se dirigió hacia el Pariacaca (Nota 18) de arriba, al sitio que habitaba Huallallo Carhuincho.
En ese tiempo, en una estrecha quebrada que había muy debajo de Huarochirí,
existía un pueblo yunca; se llamaba Huayquihusa. Los hombres de ese pueblo
celebraban una gran fiesta; era día de bebida grande. Y cuando estaban bebiendo, así, en
grande, Pariacaca llegó a ese pueblo. Pero no se dio a conocer; se sentó en un
extremo del sitio que ocupaba la concurrencia, como si fuera un hombre muy pobre. Y como
se sentó de ese modo, en todo el día, ni una sola persona le convidó nada. Una mujer
común se dio cuenta del aislamiento en que estuvo Pariacaca: "¿Cómo es
posible que a este hombre no le hayan invitado nada?", diciendo, le llevó chicha en
un mate grande, blanco. Entonces él le dijo: "Hermana: eres bienaventurada por
haberme servido esta chicha; de hoy a cinco días más, no sabes todo lo que ocurrirá en
este pueblo. Por eso, aquel día, tu no debes estar aquí; no sea que confundiéndote a ti
y a tus hijos con los otros, les pueda matar yo mismo. Estos hombres me han causado
ira", y siguió hablándole: "No has de comunicar nada de lo que te digo a estos
hombres, porque si algo les dijeras, a ti también te mataré". Obedeciendo la
advertencia, esa mujer se retiró del pueblo antes del quinto día, en compañía de sus
hijos y de sus hermanos. Mientras tanto, los hombres del pueblo siguieron bebiendo sin
temor ni pena.
"Al mismo tiempo, el tal llamado Pariacaca subió hasta una montaña que está
en la parte alta de Huarochirí. Esa montaña se llama ahora "Macacoto"
y el otro cerro, próximo, se llama "Puypuhuana". Y así, la ruta que
seguimos para bajar a Huarochirí se llama del mismo modo que los cerros. En esa
montaña, Pariacaca empezó a crecer, y haciendo caer huevos de nieve <granizo> roja
y amarilla, arrastró a los hombres del pueblo y a todas sus casas hasta el mar, sin
perdonar a uno solo de los otros pueblos. Fue entonces que las aguas, corriendo en
avalanchas, formaron las quebradas que existen en las alturas de Huarochirí"
(Avila Cabrera, 1975: 44-45).
Como se puede apreciar, el tema de la divinidad que toma la apariencia de mendigo es muy
antiguo en la tradición quichua-andina. Está asociado a la transgresión de una norma de
hospitalidad y al castigo, que en los dos casos (el de Huayquihusa y el de Yahuarcucha)
corresponden a una inundación: en uno, el agua brota en la mitad de la hacienda a la
media noche para formar una cocha; en el otro, como lluvia de granizo que hace fluir
avalanchas de la cima del cerro para formar quebradas.
Retornando a Yahuarcucha y a Imbacucha, no sobra mencionar que en los dos
casos la presencia de los perros (allcu) es también inversa: En Imbacucha
es un perro maléfico considerado como perro-brujo. En Yahuarcucha es más bien un
perro benéfico. Para ambos casos, el mensaje que trasmite es igualmente inverso: en Imbacucha
anuncia la muerte por ahogamiento; en Yahuarcucha anuncia la presencia de una
divinidad, esto implica la posibilidad de seguir viviendo para el trabajador de la
hacienda y así mismo el ahogamiento del hacendado, para dar lugar a que se origine la
cocha. En este punto es conveniente recordar la acepción de cucha como "semilla":
en Imbacucha es evidente la paila como "semilla"-cocha; mientras que en Yahuarcucha
es el espacio medio de la hacienda el que es "semilla"-cocha.
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La Cocha
El tema de la transgresión a una pauta de comportamiento cultural está
presente en los relatos míticos que atestiguan el origen de las cochas que hemos
seleccionado en el Departamento de Nariño (Colombia).
El Lago Guamués, más conocido como La Cocha, es un espacio encantado. Habitado
desde las épocas precolombinas por Quillasingas, y visitado continuamente por Sucumbíos,
Kofanes, Sionas y Mocoas del Bajo Putumayo, y por Camëntsas e Ingas del Valle de
Sibundoy. Durante el periodo de expansión territorial Inca, parte del Valle de Sibundoy
fue ocupado y habitado por los Incas (pronunciado 'Ingas', regionalmente), quienes
posteriormente también poblaron la región de La Cocha. Probablemente el actual
asentamiento urbano de El Encano, fuese nombrado El Incano, con población Quillasinga,
Inga y Mocoana, cuyo nombre se transformó en El Encano.
Solo hacia 1920 empieza un proceso de colonización no-indígena de esta región. Al
respecto Benhur Cerón dice: "En 1920 los misioneros en complicidad con las
autoridades civiles logran que las tierras de El Encano y la cuchilla de El Tábano se
declaren baldíos, legalizando la posesión de facto de los colonos, además de muchas
adjudicaciones nuevas que realiza el Ministerio del Trabajo, sin reconocer los territorios
indígenas; de esta manera se inicia un proceso sostenido de poblamiento, adecuando
extensas áreas de bosque a la agricultura y la ganadería" (Cerón Solarte, 1990:
76-86). La Cocha había pertenecido al resguardo y cabildo Quillasinga de San Pedro de La
Laguna, ubicado al extremo oriente de la ciudad de Pasto. Este resguardo indígena
existió hasta mediados de los años cincuenta del siglo pasado. La población actual de
La Cocha es una combinación de diferentes procesos de poblamiento indígena y
campesino-colono procedentes de diferentes regiones de Nariño. En la actualidad existe un
movimiento de reconstrucción étnico con la configuración de un cabildo indígena, el
Cabildo Quillasinga Refugio del Sol, y la conformación de la Red de Reservas Ecológicas.
La Cocha es un espacio encantado. Sus pobladores mejor que nadie, lo saben. Cuando se
produjo la toma guerrillera de la base militar del Patascoy, durante las tres semanas
siguientes toda la región estuvo nublada, sin mostrarse el Sol ni un minuto, en una
época del año que suele ser soleada. Al preguntar entre los pobladores a qué se debía
esta situación, comentaban: "El Patascoy está sentido y triste por esta masacre.
¿No ve que es una montaña viva?. Por eso todo está frío, porque la muerte ha tocado al
Patascoy". El Patascoy es una montaña viva, al igual que las
demás que bordean La Cocha, así como La Cocha es un ser vivo. Cuando se formó La Cocha,
pues no siempre existió el lago, el Patascoy ordenó a otros cerros que se
juntaran para trancar las aguas que crecían y evitar así una inundación mayor en las
partes bajas de las selvas del Putumayo. Así mismo, hay una latencia de vida en los
cerros de El Tábano y El Campanero, formados en el momento mismo de la
configuración lacustre. El Patascoy es el cerro padre, Taita o Yaya Urco
de la región. Es el protector de la región. Por esto no estuvo bien visto que colocaran
allí antenas y un puesto militar; en esa ocasión también el Patascoy
propició un oscurecimiento prolongado en la región, y con mayor razón estuvo mal visto
que se realizara una masacre en él y que posteriormente fuese invadido por vuelos de
helicópteros, por lo cual se enojó imponiendo el frío luto durante varios días. En
esto se puede apreciar una semejanza orográfico-mitogínica (orogónica) con el Imbabura.
Mucho antes de conformarse el Lago Guamués, ésta fue una región de mucha riqueza. Fue
un valle donde existieron siete ciudades quillasingas, en las que abundaba el oro, con
templos de oro destinados muy seguramente a sus prácticas rituales relacionadas con el Yaya
Inti (Taita Inti, el Padre Sol), y con Milli Quilla (Mama Quilla, la Madre
Luna). Sus habitantes, los Quillasinga: "gente-nariz-de-luna", tenían
este sitio como uno de los más sagrados y reservados. Probablemente el nombre de esta
gente era Quillasinca, compuesto de dos vocablos: quilla: "luna",
y, sinca (pronunciado 'singa'): "nariz; cresta; embriagado"; cuyo
modo de existencia probablemente era la embriaguez o encantamiento permanente con Milli
Quilla (Mama Quilla) por lo cual se dice que portaban narigueras de oro con la forma
de la Luna, como emblema de su diferenciación étnica. Un éthnos-luna poblaba
este espacio.
Por aquella época muchos visitantes llegaban o pasaban por este valle, provenientes del
Valle de Sibundoy, de las bajas selvas amazónicas o de las regiones andinas, quienes eran
recibidos con la debida hospitalidad, puesto que estas siete ciudades pertenecían tanto a
la Amazonia como a los Andes.
En ese entonces, existían estrictas normas de parentesco, matrimonio y alianza, las
cuales podían restringir las leyes de hospitalidad. Normas y prácticas que siempre
pueden ser transgredidas por la acción poderosa de las flechas áureas de Eros. Tal
parece que en la antigua región de Mocoa, un hombre sedujo, enamoró y raptó a una mujer
casada. Por su amante, ella abandonó a su hijo, y al perro guardián de la familia. Los
amantes llegaron al Valle de Sibundoy, perseguidos por el marido abandonado, su hijo y el
perro. Allí no se les permitió el alojamiento. Prosiguieron su viaje hasta llegar al Valle
de Sindamanoy ("Refugio del Sol"), así nombrada antiguamente esta región
de El Encano. El rumor llegó primero que los transgresores amantes, y ya se había
determinado negarles la hospitalidad.
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Nota 19. En lengua Quichua, curuta
significa "testículo".
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En ninguna de las viviendas se
les quiso brindar la hospitalidad, y a los amantes les cogió la noche en el Valle de
Sindamanoy. Según parece, al anochecer, encontraron un rancho vacío donde decidieron
quedarse. Esto fue motivo de un raro presagio: en el Valle tronó como nunca anunciando
algo nefasto. Los amantes se acostaron desnudos, dedicándose al amor. Habían dejado en
el suelo un pilche ("mate, totumo") con agua para calmar la fatiga de la
noche. Estando así retozando, un tábano (género Tabanus, familia Dípteros)
sagrado picó al hombre en la nalga y éste con el pié, al reaccionar al picotazo, regó
el agua del mate. En ese momento se desató una tempestad de rayos y truenos, al tiempo
que del matecito comenzó a fluir un inmenso caudal inundando las ciudades, el Valle y los
montes. Solo un inmenso templo de oro se salvó de las aguas, convirtiéndose en la isla
que hoy se conoce como La Corota (Nota 19). Los amantes, el
tábano, el marido frustrado que los perseguía con su hijo y el perro, se trasformaron en
los cerros que rodean La Cocha. Los habitantes de las ciudades se convirtieron en piedras
y las ciudades quedaron encantadas y sumergidas bajo el agua. En noches de luna menguante
los habitantes ribereños de La Cocha suelen ver las ciudades sumergidas, y los yachac
saben de su existencia, pues pueden visitarlas con la ayuda de plantas enteógenas.
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Existen otras versiones de este
encantamiento, producto de una transgresión amorosa; todas igualmente mágicas. En una de
ellas se narra que en un momento de la noche, el amante se levantó y sin darse cuenta
pateó el mate con agua. El agua empezó a regarse desmesuradamente y él decidió beberla
para que no se produjera la inundación. Pero el agua era demasiada y ya no aguantaba
tomar más. Cuando ya estaba por terminarla, llegó zumbando el tábano y lo picó en la
nuca. El picotazo le abrió un hueco en la nuca y por allí se le escapaba el agua
produciendo la inundación definitiva y la conformación de La Cocha.
En otra versión se cuenta que como les fue negado el alojamiento, los amantes decidieron
pasar la noche en el alar de una choza. Ellos traían mucha hambre de tanto caminar, y
como también les negaron cualquier comida, decidieron robarse una gallina, del gallinero
que en un árbol tenían los dueños de la choza. El hombre trepó al árbol, bajó la
gallina y pusieron a calentar agua en un caldero viejo que encontraron, para pelar la
gallina. Al encender el fuego se llevaron la sorpresa de que lo robado no era una gallina
sino una curiquinga (Phalcoboenus carunculatus, Falconidae). Esto no los
desanimó y decidieron preparar la curiquinga. Cuando estuvo hirviendo el agua,
metieron la curiquinga, pero del afán la metieron viva. Al sentirse pringada, la
curiquinga saltó de la olla y regó el agua caliente. La curiquinga quería huir volando
pero le era imposible pues se había quemado. La curiquinga saltaba y dejaba unos quingos
("rastros") en el suelo, formando una línea quebrada, por donde fluyó
copiosamente el agua regada. Al cabo de un rato la curiquinga desapareció. El agua
seguía fluyendo tras su rastro en forma tan abundante, que inundó todo el Valle. Los
amantes decidieron huir montañas arriba donde acabaron de pasar la noche. Al otro día
observaron cómo todo el valle era una inmensa laguna, y que el rastro que había dejado
la curiquinga era el río que baja de las montañas hasta la laguna (el río Guamués).
Decidieron bajar hasta la orilla de La Cocha. Ella se acercó y tocó el agua, y al tiempo
desapareció convirtiéndose en parte de La Cocha. Quizá es ella la Sirena que
actualmente la habita y eventualmente seduce a moradores incautos. El amante se convirtió
en una de las montañas.
En otra de las versiones se dice que los amantes se quedaron a vivir en el Valle de
Sindamanoy, y que el marido ofendido le hizo un maleficio al amante. Este visitó a una
bruja-curandera para solicitarle curación. La bruja le preparó un pilche con agua
conjurada y le recomendó beberla toda sin derramar ni una gota, de lo contrario podría
ocurrir un desastre. Mientras el hombre bebía del mate, apareció el tábano y le picó
tan duro que él soltó el pilche y el agua se derramó toda, haciéndose infinita e
inundando todo el valle hasta formar La Cocha. Se dice que en esa época existían
Iglesias en el lugar, las cuales tenían las campanas más grandes del mundo. Las gentes
del lugar decidieron salvar las campanas retirándolas del sitio de inundación, pero las
campanas se encantaron y formaron los dos cerros nombrados Campaneros. El uno
quedó en la Isla Larga y el otro un poco más arriba, cerca al Bordoncillo.
En este momento es cuando el Patascoy ordena que los cerros se junten para
detener el agua y la inundación. Se dice que las montañas al movilizarse gritaban en
lengua Inga (Quichua), y en este idioma se gritaban que debían atajar la
inundación. La montaña que más corrió y se apresuró quedó convertida en la Isla
Larga, y la Corota es la iglesia mayor. El tábano voló y se configuró
en una de las montañas que separan La Cocha de Pasto, allí mismo se hicieron montañas
el amante, el marido y el hijo. El perro quedó como montaña en la parte baja de La Cocha
y la amante es La Cocha (Torres C., 1999; Valdés Caicedo: 1995; Ruiz Montero:
1998).
Oswaldo Granda en su libro Leyendas de Nariño transcribe una versión
correspondiente a la tradición de los Mocoas: "Ñamuy fue el creador, él
trajo a los Mocoas a la Tierra, los dotó de buen clima, arrojó de su lado a las plagas,
les enseñó las palabras, pero faltaba que ellos pudieran sobrevivir; entonces Ñamuy
salió de su cueva, subiendo entre la floresta derribó un inmenso árbol haciéndolo
rodar pendiente abajo. De este tronco los antiguos sacaron la semilla de la yuca, así
nunca padecerían de hambre, pero faltaba que les diera el agua para que calmaran la sed,
sin agua morirían después de algunos días; aquellas gentes se desesperaban pidiéndose
agua entre ellos, pero nadie sabía dónde encontrarla.
"Ocurrió en esos tiempos que había dos amancebados que andaban pidiendo agua, en su
camino fueron a dar a la cueva de Ñamuy, el Creador, que había tomado la forma de
un niño chiquito. A ese niño le pidieron y él no quería darles agua porque le habían
dicho: "Si un hombre y una mujer pidiendo vienen, no les des". Pero el niño
viendo a los amancebados tan tristes, les dio agua en un pilche".
"Los terrenos de La Cocha eran entonces secos y planos. Los amancebados que llevaban
agua en el pilche pasaban por esos lugares en la mitad de la planada asentaron en el suelo
el pilche y se acostaron. El hombre dizque no se dio cuenta y pateó el pilche regando el
agua que fue creciendo y creciendo, entonces la mujer bebía el agua acostada, pero un tábano
le picó la nalga y le hizo vomitar toda el agua y el agua fue creciendo hasta que formó
La Cocha.
"Los amancebados dizque continuaron aguas arriba hasta que con el tiempo se
convirtieron en piedras y fueron a parar en un peñasco donde permanecerán hasta el día
del juicio" (Granda Paz, 1990: 17-18).
La Cocha está habitada por otras existencias encantadas. Además de la Sirena que
suele seducir y enamorar, y dona a quienes quiere sus artes de canto y musicalidad,
existen otros seres como el Yaya Urcu, el Taita o Padre de la Montaña, conocido
también como Sacha runa u "hombre de la montaña", o simplemente como Urco,
quien se presenta como un "indio pequeñito". Acostumbra ayudar en el trabajo a
quienes laboran solitarios en las montañas, siempre y cuando conserven el secreto de su
existencia y de los dones que les otorga. Urco es también el dueño y cuidador de
los animales silvestres, de las plantas, de los bosques y ante todo de las plantas
medicinales cuyas virtudes curativas sabe enseñar a quienes él escoge, de tal manera que
al mismo tiempo es yachac-ancestral. Muy seguramente su mascota es el carbunco.
El carbunco tiene la apariencia de un perro negro con un diamante en la frente. Su
hábitat está en los ríos y las corrientes de agua, pero tiene también relación con la
Tierra pues es el dueño de los tesoros, de los asentamientos de aluvión y de filones de
oro, y es también quien cuida el bosque para que los carboneros no abusen de la
extracción del carbón. Como en muchas regiones, en La Cocha también existen los duendes
y las duendas. Entre los duendes existe uno muy particular encargado de cuidar las
moras (Rubus glaucus). Es el Chutún. Habita entre las zanjas aledañas a
los cultivos de las moras. Su apariencia es la de un niño en edad de comer moras, blanco,
coloradito, rubio y ojizarco; como la Sirena, sólo la mitad de su cuerpo aparenta
ser humano, pues de la cintura para abajo, en lugar de tener piernas, tiene patas de ave
como las de gallo; a veces, se le ha visto con patas de ternero y de otros animales.
Cuando los niños están engolosinados comiendo demasiadas moras, se les aparece sonriente
pero en su mirada fluye el "mal de ojo", y los asusta con su doble apariencia.
También son comunes los cagones, pareja de animales con apariencia de gatos unidos
en relación sexual y atados con cadenas que producen ruidos tenebrosos al ser arrastradas
por el piso y los tejados, al tiempo que maúllan, gritan y chillan desesperadamente. Se
dice que aparecen como consecuencia de relaciones sexuales entre compadres. En las noches
sin luna, estos animales atacan a los compadres-amantes, arrastrándolos con sus cadenas
hacia lugares despoblados y castigando sus cuerpos con arañazos y convulsiones (Torres
C., 1999: 3-4).
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Nota 20. Es de señalar que
actualmente en la isla Corota se encuentra un templo dedicado al culto de la Virgen
de Lourdes, cuya festividad se realiza el 11 de febrero. |
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En esta tradición mítica de La
Cocha se evidencia la continuidad mitogónica en los andes centrales suramericanos, entre
los pueblos de tradición quichua, incásicos, y las culturas vecinas como, en este caso,
la Quillasinga. La geo-grafía del Valle de Sindamanoy se configura en semejanza a la
geo-grafía de la región de Imbabura. Es análoga la relación entre el cerro Imbabura y
el cerro Patascoy, ambos son taitas protectores de sus respectivas regiones.
Así mismo, los cerros que rodean La Cocha son cerros sagrados que geo-grafican la
tradición mítica: hacia el oriente y el suroriente de La Cocha, se encuentran los cerros
que hacen relación a objetos sagrados como los campanarios de los templos (los dos Campaneros)
precedidos hacia el sur por el Tayta Patascoy. Hacia el occidente y el
noroccidente de La Cocha, en la cadena montañosa que la separa de Pasto, se encuentran
los cerros que hacen relación a las personas y los animales protagonistas de esta
mitogonía: los amantes, el marido abandonado y su hijo, el perro y el tábano. Entre
estos cerros encantados, está la Laguna Guamués y en su seno sobresale la isla Corota
como reminiscencia de la cúpula del templo principal (Nota 20),
dedicado al culto solar en este antiguo Valle Refugio del Sol (Sindamanoy).
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Al igual que ocurre con el río
Cusín, en la Laguna de San Pablo (Otavalo), el río Guamués que baja de las montañas
del norte del Valle de Sindamanoy y atraviesa La Cocha para deslizarse hacia las selvas
del Putumayo, es en este caso la configuración del rastro que dejó la curiquinga
cuando vació el agua hirviente en que iba a ser pelada viva. De la misma manera, es en el
centro de una planada o llano donde se activa el acontecimiento fundamental que da
lugar a la existencia de La Cocha, así como ocurre en Imbacocha y en Yahuarcocha. Y de
manera similar al caso de Imbacocha, en La Cocha persiste el sentido semántico de cucha
con relación a "taza, tazón, recipiente": en Imbacocha será la
"paila" que portaba la joven, en La Cocha será el pilche. Se evidencia
así, cómo los correlatos geo-gráficos tienen correspondencias de similitud, semejanza y
analogía tanto para las cochas de la región de Imbabura como para la Cocha Guamués.
No sobra mencionar la presencia recurrente de un perro mítico en estas tres lagunas:
Imbacocha, Yahuarcocha y Cocha Guamués. En los tres casos, es un perro guardián con
connotaciones positivas, negativas y pasivas. En Yahuarcocha su connotación es positiva,
puesto que al lamer los pies del aparente limosnero permite que el trabajador lo reconozca
como Pachacamac; en Imbacocha su connotación es negativa, pues aparece como
perro-brujo propiciador de ahogamientos; y en La Cocha es pasivo, sólo acompaña al
marido abandonado y a su hijo en la persecución de los amantes, pero también existe en
La Cocha otro perro, el Carbunco, el cual si es activo, tal como se ha descrito.
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Doña Juana
Mas al norte de La Cocha, en este mismo territorio Quillasinga, se
encuentra el volcán y la Laguna Doña Juana, en las inmediaciones del municipio de
La Cruz. Según narra doña Josefina Táquez, en un lugar cercano al actual municipio de
La Cruz vivía una mujer muy rica y severa llamada Doña Juana. Doña Juana vivía
con su marido y su hija Juanita, a quien cuidaba con mucho celo y rigidez. Juanita, en
pleno albor de su juventud y víctima de la represión materna, se enamora de un muchacho
pobre y humilde por quien tiene que sufrir el rechazo y trato despiadado de Doña Juana.
Un día Doña Juana y su marido salieron de viaje al Ecuador, dejando a Juanita con muchas
advertencias, encargada del cuidado de la casa y de un baúl lleno de tesoros.
Aprovechando la ausencia de la madre y motivada por el amor de su novio, Juanita planeó y
decidió fugarse con él, llevándose el oro y las joyas a lomo de tres mulas. Caminaron y
caminaron durante varios días y noches sin descansar, arriando las mulas para aligerarles
el paso porque Mama Juana al descubrir la ausencia de su hija y la pérdida de su tesoro,
emprendería una tenaz persecución. Cuando Mama Juana llegó del viaje, enfurecida,
lanzando miles de maldiciones, salió inmediatamente en su busca, ayudada por un poder
diabólico que la llenaba de fuerzas. Así caminó varios días hasta llegar a lo alto de
una montaña. Desde allí divisó en un pequeño valle a las mulas que pastaban y a la
pareja que descansaba. Al instante Mama Juana entró en ira y dio un grito que retumbó:
"¡Juanita! ¡Hija maldita, detente!". Su maldición se escuchó como un trueno
y Juanita y su novio, junto con las mulas, emprenden nuevamente la fuga. La maldición se
repite cada vez más fuerte, pero ellos no hacen caso. La vieja Juana se enfureció más y
escupió en dirección de los fugitivos, formando con la saliva una laguna que les cerró
el paso. Desesperados buscaron y encontraron una salida. El rostro de la vieja estaba
desfigurado por la ira y en ese instante una nueva maldición se escuchó en el aire:
"¡Maldita! ¡Por tu desobediencia, tu cuerpo se convertirá en roca y tu alma
llorará por siempre!". Al instante se convirtió Juanita en una gran roca que hoy es
el Volcán Doña Juana. Su novio y las mulas formaron elevados picos que la acompañan
para siempre. Cada año, en verano, los campesinos que viven en las faldas del volcán,
escuchan horribles rugidos en la gran montaña y dicen que son los lamentos del alma de
Juanita, desde las profundidades de la Tierra.
La transgresión de una pauta de comportamiento por parte de la joven es evidente: ella
debía establecer relaciones amorosas con alguien que perteneciera a su mismo rol social.
Al transgredir esta norma se desencadena la ira y el castigo de la madre, quien poseída
de furia diabólica la maldice para hacer configurar la geo-grafía que interrelaciona lo
terestre con el agua, las rocas y el volcán. La descripción del relato es precisa.
Si bien, esta cocha, al igual que las anteriores, se configura geo-gráficamente como un
espacio-castigo ante la transgresión de una pauta de comportamiento, se puede considerar
que como relato está emparentada con el tema de los amores de Nina Paccha y Gualtaquí,
quienes a su vez son transgresores de una decisión de inmolación. Si bien los temas
relacionados con las dos jóvenes, Nina Paccha y Juanita, tienen
correspondencias, los resultados de concreciones geo-gráficas son divergentes: el cuerpo
de Nina Paccha se hace laguna, el cuerpo de Juanita se hace volcán; algo
similar sucede con los jóvenes: el cuerpo de Gualtaquí se transforma en árbol,
mientras que el cuerpo del enamorado de Juanita se hace picacho como parte del
volcán, esto es, el cuerpo de Gualtaquí sigue acompañando de cerca de su amada,
mientras que el cuerpo del otro joven se funde con el de Juanita. En este caso no
será el cuerpo de la joven transgresora el que se convierta en "semilla"-(cucha)
de la cocha, como si sucede con Nina Paccha, sino que la "semilla" de la
cocha será la saliva-furia de Mama Juana perseguidora. En estas secuencias se puede
apreciar cómo, si bien los dos relatos están emparentados, no se pueden considerar como
variantes de un mismo tema, sino más bien como transformaciones temáticas
correspondientes a la misma serie mitogónica hidro-geo-gráfica.
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Laguna Roja
Con el siguiente relato de esta serie mitogónica hidro-geo-gráfica,
correspondiente al municipio de Ospina (Nariño), interesa destacar la permanencia
recurrente de las variaciones y transformaciones del tema de la transgresión de una pauta
de comportamiento sociocultural que da lugar a la configuración correlativa de una cocha
en un espacio mitogónico hidro-geo-gráfico. La constatación se hace interesante debido
a lo relativamente reciente del acontecimiento narrado.
Cuenta don Jesús Táquez, habitante del municipio de Ospina, que en esa localidad, en el
año de 1956 se produjo una erupción volcánica. El sitio donde estaba el pueblo en ese
entonces, se hunde y allí se configura una laguna. Todas las personas que lo habitaban
mueren ahogadas, a excepción de la familia de una vivienda que en ese momento se
encontraba velando al Niño Jesús de Praga. Esta es la única casa que no se hunde y sus
habitantes son los únicos que se salvan de la catástrofe. Los demás habitantes se
ahogan porque no se comportaban correctamente, eran "peliaringos" y
"mujeriegos", y no practicaban la fe católica. Surge así una cocha que de
lejos se ve roja debido al color de la sangre de los ahogados, por ello se la nombra como
la Laguna Roja. En la mitad de esta cocha roja suele aparecer una mujer, cuyo
propósito es seducir a los hombres. Los invita a caminar con ella sobre la laguna, y
después de caminar un trecho se hunden y ahogan. Se dice que se puede visitar este sitio
con respeto, "sin hacer bulla", de lo contrario la cocha "se pone
guapa". Hay quienes consideran que el color rojo de la laguna es producto de la
presencia de algas rojas en su lecho.
Al escuchar este relato, de inmediato se siente su íntima relación con el de
Yahuarcocha. La transgresión que precipita la emergencia de la cocha tiene que ver con un
acto de impiedad y su color rojo-sangre indica y constata que en ella se produjo un
ahogamiento masivo. Conviene señalar que el municipio de Ospina está ubicado en el
territorio de la etnia de los Pastos, cuyo territorio limitaba al sur con el de los
carangues, cayambes e imbayas a quienes pertenece la mitogonía del lago Yahuarcocha.
Pastos, caras, cayambes e imbayas no solo compartían una misma frontera territorial, sino
que junto con los quillasingas pertenecían al mismo horizonte cultural: gentes con
tradición y/o de influencia quichua en los Andes Centrales de Suramérica.
* * *
En la cosmogonía expresada en mitogonías de la América Indígena
perteneciente a los Andes Centrales de Suramérica, correspondiente a los pueblos de
tradición cultural quichua y de influencia cultural quichua, existe una particular
relación con los espacios lacustres que se configuran en la geo-grafía cultural como
correlatos mitogónicos. Estos correlatos hacen parte de una hidrogonía y una
oro-grafía-mitogónica que postula acciones y actitudes ético-étnicas, como prácticas
ecosóficas que testifican geo-gráficamente la configuración material, conceptual y
energética de Pacha Mama.
Lastimosamente, en nuestra región de estudio, Provincia de Imbabura (Ecuador) y
Departamento de Nariño (Colombia), se han perdido los relatos correspondientes a la gran
cantidad de cochas existentes. Esto conlleva un hecho determinante, cual es el que estas
cochas, huérfanas de sus mitogonías, se desconfiguran de su condición como correlatos
geo-gráficos y de su condición de espacios lacustres sagrados, para adquirir una simple
configuración de lagunas "a secas", es decir, están secas, silenciadas, del
murmullo o balbuceo de la Tierra. En las que aún se conservan como correlatos
geo-gráfico-míticos esto les asigna una potencia particular tal, que con el solo hecho
de estar presente la laguna se produce, entre quienes comparten su cosmogonía, una
evocación no narrada de su mitogonía, puesto que en la geografía de su espacio es
legible esa mitogonía. Esta característica de las cochas es lo que permite su
designación como correlato, en cuanto espacio geo-gráfico del relato mítico. El relato
mítico será susceptible de ser narrado, en ausencia y/o presencia de ellas, para iniciar
en este saber a quienes no lo poseen. Aprender el relato mítico implicará,
necesariamente, aprender a leer su correlato, aprender a escuchar el murmullo o balbuceo
silencioso de la Tierra. En aquellas lagunas en las que se ha secado su posibilidad
correlativa, se pierde este encanto y sólo queda su apreciación y percepción como parte
de la belleza inmanente a la naturaleza, pero ya no conceptuada como Pacha Mama.
Las cochas andinas, como correlatos evocativos de una tradición mítica y como
concreciones geo-gráfico míticas, permiten, en la perspectiva de esta doble
característica, precisarlas como una particular manera de constituirse lo etnoliterario
andino.
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Cómo citar este
artículo:
TORRES, William. 2000. "Cochas: hidrogonías andinas". Boletín
Museo del Oro, No. 47, jul-dic 2000, Banco de la República, Bogotá. Obtenido de la
Red Mundial el (fecha cambiada por el usuario según el día en que consultó el archivo).
http://www.banrep.gov.co/museo/boletin
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