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Apertura de caminos hacia los feroces Llanos

Trabajo y técnica 1871-01-14 Colombia, Huila, Colombia Tomo V
(14 de enero) 
A las tres y media de la tarde salimos de aquel infierno, librándonos de las numerosas legiones de atormentadores y microscópicos mosquitos, siguiendo por la orilla izquierda del río hasta su confluencia con el Ambicá, por cuya margen derecha continuamos hasta el deseado pueblecito llamado Colombia, antes del cual encontramos al Sr. Uribe, socio y gerente de la compañía de que hablaré más adelante, que había montado a caballo para salir a recibirnos. A las cuatro y media nos apeamos en la casa que la misma sociedad está construyendo, que tiene ya muchas y cómodas habitaciones concluidas, y que, tanto por sus comodidades como por la franca y amable hospitalidad que encontramos en ella, fue un paréntesis de felicidad entre las amarguras de nuestro viaje. Después de una comida abundante y relativamente espléndida, descansamos aquella noche y disfrutamos de las comodidades que ofrecen la civilización y la más fina cortesía, al cabo de doce días de penalidades y sufrimientos.

(15 de enero)
Nos levantamos tarde, porque nos era muy necesario el reposo. Al salir de nuestras respectivas habitaciones, encontramos sólo semblantes amigos que manifestaban por nosotros el mayor interés y las simpatías más cariñosas. Además del Sr. Uribe, encontrábanse allí sus dos consocios los Sres. Lorenzana y Herrera, que rivalizaban entre sí sobre quién había de mostrarse más obsequioso y deferente. El Sr. Uribe, como más práctico, se encargó de conseguir nuestra provisión de víveres, de proporcionarnos peones que nos acompañasen al Llano y mulas de reserva, por si alguna de las nuestras se inutilizaba. Para todo esto se necesitaban algunos días, durante los cuales se podrían reponer nuestras cansadas bestias, y nosotros mismos cobraríamos más vigor para continuar nuestra penosa marcha. Por otra parte, nos encontrábamos como en el seno de la familia; y aunque apremiaba el tiempo, nadie se apresuró a hacer los preparativos y todo se iba aplazando para mañana.

Entre tanto, por las noticias detalladas, que debí al Sr. D. Bernardo Herrera, comprendí la gran importancia de aquella sociedad que se proponía obtener inmensos beneficios para el país en general y para ella misma en particular, abriendo el camino de herradura, ya casi terminado, entre el valle del Alto Magdalena y los Llanos de San Martín y Casanare. En efecto: la cría de ganado vacuno en aquel territorio, donde se reproduce con rapidez y adquiere un gran desarrollo muscular, por la extraordinaria abundancia de pastos, y el fácil transporte al interior de la república, donde es considerable el consumo de carnes, es por sí solo un negocio de pingües resultados; pero si añade a este beneficio particular el general de ir mejorando, por medio del cruzamiento con otra más vigorosa, la raza ya pequeña y raquítica del interior, se verá que la Compañía de Colombia, lejos de procurar una especulación egoísta, perseguía, al par que su propio interés, natural estímulo de toda empresa humana, un fin patriótico y digno de loa.

comprendí la gran importancia de aquella sociedad que se proponía obtener inmensos beneficios para el país en general y para ella misma en particular, abriendo el camino de herradura, ya casi terminado, entre el valle del Alto Magdalena y los Llanos de San Martín y Casanare.

Habíale concedido el Gobierno Nacional, por la obligación de abrir el camino, un lote gratuito de cuarenta mil hectáreas de terreno, al otro lado de la Cordillera Oriental, entre los ríos Ariari y Güejar; había ella tomado, a un lado y otro del camino, los valles más fértiles, para establecer especie de estaciones, con pasto abundante para los ganados y recursos para sus conductores y cualquiera otra clase de pasajeros; explotaba los productos naturales de los bosques inmediatos, especialmente la quina; había echado, por decirlo así, los cimientos de especulaciones agrícolas de gran porvenir, haciendo plantaciones de café y de cacao en los lugares próximos a los tambos o ranchos que habían de servir de estación; habíase puesto en contacto con las tribus indígenas, disponiendo a las de carácter más benévolo a entrar en la vida civilizada; había establecido ya un numeroso hato de ganado en el terreno concedido por el Gobierno, y obtenía algunos beneficios; llevaba gastado mucho dinero en la apertura de la vía, que si bien no era un camino cómodo, en la verdadera acepción de la palabra, era mucho mejor, más accesible y de menores inconvenientes que cualquiera de los otros proyectados, y en parte abiertos, entre el interior y los Llanos, por Cundinamarca y Boyacá; pues en cualquiera de éstos habría que atravesar regiones frías y paramosas, donde muere mucho ganado al cambiar repentinamente de clima, mientras que por el de la Compañía de Colombia, donde hay una gran depresión en la cordillera, la temperatura es siempre benigna, cálida en su mayor parte y templada apenas en los parajes más elevados.

Pues bien, a pesar de todo esto, sin tener en cuenta los beneficios que había de producir y que estaba ya produciendo la apertura de este camino, donde el incansable Sr. Uribe había gastado su actividad y perdido su salud, dirigiendo personalmente los trabajos y entregándose sin reserva a las traidoras asechanzas de aquella naturaleza bravía, se levantó contra la empresa una oposición tenaz por parte de algunos envidiosos, que hubiera dado al traste con tan inmensos sacrificios, si un acto de energía de la Corte Suprema Federal no hubiera hecho respetar el contrato con el Gobierno. Tal es, presentada a grandes rasgos, la Compañía de Colombia. Al sostener y mejorar la comunicación que a ella se debe entre la parte más poblada de la república y las extensas y feracísimas regiones regadas por el Meta y otros tributarios del Orinoco, facilitarán los medios de establecer al otro lado de la cordillera grandes empresas industriales para la cría y ceba de ganados, para el cultivo del café, del cacao, del añil y de la caña de azúcar, cuyos productos hallarán fácil salida al exterior por los ríos casi todos navegables, que descienden de la cordillera, luego que haya estímulo para que suban los vapores por aquellas aguas, a recoger y transportar a lejanas tierras el fruto de la actividad del hombre civilizado, los productos espontáneos del suelo, las curiosidades de la industria indígena, las sustancias medicinales de sus bosques y las fibras de sus palmeras y otras plantas.
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