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Baile en Gigante

Fiestas y costumbres 1872-12-25 Gigante, Huila, Colombia Tomo VIII
Durante el día ha paseado constantemente las calles una comparsa musical, compuesta de dos clarinetes desafinados, un cornetín que no lo estaba menos, un tamboril y un bombo, instrumentos todos más adecuados para hacer ruido que para producir armonía: ésta era la única orquesta con que se contaba para el baile de la noche. ¡Y había que asistir sin remedio!

Las nueve serían apenas, cuando el eco difundió por todo el Gigante las primeras notas de un ruidoso bambuco. El local destinado a la fiesta era el de la escuela pública, situada en la plaza, a la cual acudían jóvenes en su mayor parte bellas y elegantes y en un número proporcionalmente muy superior al de sus moradores. Ocupaban al mismo tiempo, por la parte exterior las ventanas del local, según la costumbre del país, numerosos grupos de la gente del pueblo, que no tenía derecho a presenciar la fiesta desde otra parte, mientras los encargados de adornar aquel templo humildísimo de Terpsícore, suspendían de las paredes los últimos pabellones de ligera gasa color de rosa, y colocaban sobre las mesas ramos de flores naturales, en jarros no todos artísticos, y algunas velas esteáricas de diversos colores, en candeleros de metal, que por su forma publicaban a voces su antigua procedencia, y muchos de los cuales habían sido sin duda importados de España en los primeros tiempos de la colonia.

Ocupaban al mismo tiempo, por la parte exterior las ventanas del local, según la costumbre del país, numerosos grupos de la gente del pueblo, que no tenía derecho a presenciar la fiesta desde otra parte.

Habríanse apenas bailado las dos o tres primeras piezas, cuando me presenté acompañado de algunos de mis recientes y más obsequiosos amigos. Cuantos ocupaban el salón se levantaron cortésmente para recibirme, y varios jóvenes me condujeron a un asiento de la cabecera del local, donde se hallaban las más bellas señoritas.
Los accidentes del baile fueron esencialmente los mismos que en el de Neiva: danzas y polkas, algún intermedio de bambuco, vino de varias clases para obsequiar a las señoras y coñac y aguardiente para los caballeros; bailándose al final la antigua, acompasada y grave contradanza española, contemporánea probablemente de los candeleros en que ardían las bujías.

A la una de la madrugada nos retiramos a descansar, quedando aún en el ejercicio de sus funciones las muchachas, jadeantes de placer, aunque inundadas de sudor copioso, y los jóvenes más entusiastas e incansables en hacer piruetas.
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