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Todas las esmeraldas del mundo

Trabajo y técnica 1872-02-08 Muzo, Boyacá, Colombia Tomo VII
Minas de esmeraldas de Muzo
Tomo VII
Minas de esmeraldas de Muzo
1872-02-08
Anónimo
Fotografía sobre papel
22,8 x 18,5 cm
 
El Sr. Lehmann, caballero francés, director gerente de la sociedad que explota las minas, de quien había yo recibido invitación especial para visitarlas, nos esperaba también con el dependiente principal que vigila los trabajos, y nos recibió con la amabilidad propia de un distinguido caballero.

Pasamos parte de la noche conversando con él agradablemente; y a eso de las diez nos retiramos a descansar a las habitaciones que se nos habían destinado, cómodas y espaciosas, aunque todas ellas pajizas, deseando que amaneciese, para visitar las dependencias de un establecimiento tan interesante, no sólo por sus preciosos productos, sino por ser el único de su género que hoy se conoce en el globo.

[...] (9 de febrero) Desde las orillas del río Minero, se sube entre dos ramales de la cordillera, por la margen izquierda de un arroyo, que desciende de los cerros que quedan a la parte occidental de la misma, y cuyas aguas puede decirse que constituyen el elemento principal de los trabajos.
La composición geológica del suelo es, en la parte superior, una mezcla de humus y detritus calcáreo-arcillosos con algo de arena silícea y mucho óxido de hierro, con algunos peñones erráticos de conglomerado arenisco diseminados en su superficie. Esta capa superior es tan fértil, que alimenta una vegetación muy vigorosa, en que el arbolado de varias especies suele alcanzar proporciones colosales. La roca subyacente es una especie de caliza carbonífera muy compacta con vetas de cuarzo y de carbonato de cal más o menos puro.

Minas de esmeraldas de Muzo
Tomo VII
Minas de esmeraldas de Muzo
1872-02-09
Anónimo
Fotografía sobre papel
23,3 x 19 cm

En la falda norte de la línea de montañas que encajonan el arroyo por su orilla derecha, y a unos cien metros de elevación sobre el fondo de la cañada, están las habitaciones del director y operarios de la mina, alcanzando el número de estos últimos en la actualidad a unos ciento sesenta, aunque es variable, según las exigencias de los trabajos. Al lado de estas habitaciones se alzan diferentes ranchos, destinados a diversos usos, entre los cuales el más importante es la herrería, para componer las herramientas que se deterioran.

Cerca de las habitaciones, y en línea paralela a su frente, se levanta a poca distancia otro ramal de la cordillera, elevadísimo y cubierto de espeso bosque, con algunas rozas, que dan mucha variedad al paisaje. Al otro lado de este ramal se alzan otros muchos que toman distintas direcciones, y constituyen un terreno profundísimamente accidentado, por cuyas gargantas corre en sinuoso curso el río Minero a reunirse con el Carare, para desaguar juntos en el Magdalena. Allí existen, entre otras maravillas naturales, la Fura-Tena y el Peñón de Quitisoque, de que hablaré después, y una comarca extensa y montuosa, denominada el Otro-Mundo, de la cual me propongo también hacer mención especial en mis apuntes.

Al oeste de las habitaciones que dejamos indicadas, se hallan las excavaciones más importantes de la mina, a las cuales nos dirigimos después del desayuno, en compañía del joven D. Estanislao Franco, inspector de los trabajos.

A menos de un kilómetro de distancia, se ve una abertura profundísima, que, en bancos escalonados, desciende en línea semicircular desde una altura, que, por la parte del suroeste, no bajará de unos trescientos metros. El trabajo de los operarios consiste en ir derribando por bancos, al fondo del hoyo, las capas del terreno, entre las cuales se encuentran las vetas de cuarzo, que contienen las esmeraldas, mezcladas casi siempre con preciosas piritas, de cobre y hierro, denominadas vulgarmente marmajas. El trabajo principal consiste en seguir estas vetas, que, a veces se prolongan mucho, sin resultado satisfactorio, en socavones de dos o más metros de altura, horadando por todas partes la montaña.

un establecimiento tan interesante, no sólo por sus preciosos productos, sino por ser el único de su género que hoy se conoce en el globo.

En la parte superior de estas excavaciones, y en una depresión del terreno, que se halla junto a su borde occidental, hay un gran receptáculo, donde se va recogiendo el agua de un arroyo que baja de la cumbre, y que, de tiempo en tiempo, se deja correr hasta el fondo en rapidísimo torrente, para arrastrar por este medio la tierra y piedras que los operarios van derribando. Las barras de que éstos se sirven, son de dos metros de largo, y de treinta y cinco a treinta y siete libras de peso; y sin embargo, gracias a la costumbre, y al buen sistema de alimentación que la empresa tiene establecido, los operarios, al parecer más débiles, manejan estas enormes masas de hierro con una facilidad pasmosa.

Durante nuestra permanencia en diferentes puntos de la excavación, que, por todas partes recorrimos, descendió varias veces de la altura el torrente de agua represada, con una rapidez tan formidable, que las corrientes de aire establecidas por él en ambas orillas, agitaban violentamente los árboles y arbustos, como huracán impetuoso. Aquella cascada artificial ostentaba, entre otras bellezas, la variedad de sus matices, viéndose rodar entre blanca espuma desde lo alto, y oscureciéndose en su descenso, hasta el punto de parecer en el fondo un arroyo de tinta negra, como la tierra que arrastraba.

Durante nuestra excursión, a veces peligrosa y siempre difícil, en que, por orden del Sr. Lehmann, nos acompañó constantemente el joven Franco, recogimos un gran número de marmajas o piritas, de diferentes formas y colores, y a cual más bellas y brillantes, regresando cerca de las diez, porque ya el sol nos molestaba mucho, a las habitaciones donde el Sr. Lehmann nos aguardaba.

Minas de esmeraldas de Muzo
Tomo VII
Minas de esmeraldas de Muzo
1872-02-09
Anónimo
Fotografía sobre papel
23,3 x 18,3 cm

Después del almuerzo, este Sr. llevó su amabilidad hasta el punto de mostrarnos los productos preciosos de la mina, recogidos en un largo período; y no contento con esto, me regaló algunas bellísimas esmeraldas, incrustadas aún en la roca nativa, y que conservaré en mi colección, más que por su mérito intrínseco, como un recuerdo de la fina amistad de caballero tan estimable.

Quedábanos aún por visitar en las faldas del opuesto cerro una nueva excavación llamada Gerena, que ha dado ya algunos productos, y donde son muy activos los trabajos, iniciados por los españoles en los buenos tiempos de la colonia, porque aquellos hombres buscaron con un acierto admirable los puntos donde más fácilmente, y en mayor abundancia, se encontraban las preciosas piedras; acierto que todavía es encomiado por los actuales explotadores, y cuyas huellas se siguen aún, con la mayor confianza y los mejores resultados.

El Sr. Lehmann tuvo la amabilidad de regalarme varias fotografías del establecimiento, todas muy interesantes, y a eso de la una de la tarde bajamos a visitar la Gerena.
Constituye ésta una excavación, por banqueo a tajo abierto, como en la mina principal, sobre antiguos socavones practicados en tiempos de la colonia, y sin otra dirección que la marcada por las mismas vetas. Antes de pasar a la opuesta falda, donde los trabajos se practican, encontramos al paso un peñón enorme, de muchos metros de diámetro, rodado al parecer, de la parte más elevada, y que, según la tradición refiere, cayó sobre un socavón donde trabajaban algunos operarios, los cuales quedaron sepultados bajo su poderosa mole, razón por la cual se denomina aquel sitio, desde la catástrofe, El socavón de los muertos.

Al regresar a la casa, nos encontramos con un aviso del Sr. Lehmann, para que bajásemos al socavón principal, donde él se hallaba. Acudimos inmediatamente y vimos con placer que el objeto que este Sr. se proponía, al llamarnos, era el de que presenciásemos la extracción de un considerable número de esmeraldas que se acababa de descubrir en una de las capas inferiores. Hallábase este depósito, como ordinariamente sucede, entre una veta de cuarzo, desmenuzado en parte, hasta el punto de parecer arena lavada. Encuéntranse las esmeraldas ordinariamente en senos o depósitos más o menos grandes, rodeados de una capa más o menos densa del mismo cuarzo, y a veces de espato calizo, y las cristalizaciones son siempre exaedros terminados por uno de sus extremos en pirámide hexagonal y por el otro adheridos a la ganga, con una forma irregular y llena de escabrosidades. En una hora, próximamente, la extracción no bajaría de un ciento de estas preciosas piedras, algunas de las cuales eran de bastante mérito y considerable valor intrínseco.

La permanencia en aquel lugar es sumamente agradable; y la agreste soledad de aquellas montañas, con la inmensa variedad de aves que las pueblan, de los brillantes y zumbadores insectos que por todas partes se agitan, las brisas que murmuran entre el follaje, y las cascadas que por donde quiera se despeñan, contrastan singularmente con el silencio monótono de las llanuras y páramos elevados de otras regiones, donde la naturaleza permanece siempre dormida o aletargada.
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