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Romualdo Cuervo: ¡Pobre mártir!

Gente 1871-10-02 Bogotá, Colombia Tomo VI
Desde el día 3 de Octubre hasta el 18 de Noviembre empleé el tiempo en la redacción de mis últimos apuntes; en copiar en mi álbum de dibujos algunas curiosidades notables de la capital y sus cercanías, y en dar la última mano a los que ya traía en boceto de mis excursiones anteriores. Con esto, con hacer algunas visitas para cultivar mis relaciones más interesantes, y con el despacho de mi correspondencia, cada vez más numerosa, tuve apenas el tiempo necesario para disponer una nueva excursión a los Estados del norte, donde había muchas curiosidades que tenía gran deseo de visitar desde mi llegada.

Y sobre todo, me inspiraba un interés vivísimo, la idea de ir a depositar un tierno recuerdo sobre la tumba humilde de mi anciano y respetable amigo y compañero en la expedición a los Llanos, Dr. D. Romualdo Cuervo. Sus restos, depositados en el pobre cementerio de una retirada aldea, donde exhaló el último suspiro, yacen allí como olvidados por sus ingratos compatriotas, a pesar de mis gestiones y las de algunos de sus buenos amigos, para que fueran debidamente trasladados a la capital, erigiéndole un monumento digno de su nombre, ya que su muerte fue ocasionada por prestar a su país un eminente servicio, que llevó a cabo a instancias del gobierno. ¡Pobre mártir!

A pesar de su mérito insigne, apenas se consagraron a su muerte, en los periódicos de la capital, algunas líneas biográficas, insuficientes para dar a conocer la pérdida que había experimentado Colombia, al dejar de contar entre sus hijos a este modesto, estudioso y constante admirador de su espléndida Naturaleza. Sólo mi pobre pluma, tan modesta como el amigo a quien se consagraba, dedicó a su memoria algunos versos en que pretendía expresar más que otro sentimiento vano, la profunda simpatía y el intenso amor que el buen amigo y el virtuoso sacerdote habían sabido inspirarme.

Su muerte fue ocasionada por prestar a su país un eminente servicio, que llevó a cabo a instancias del gobierno. ¡Pobre mártir! 

(Tomo VII)
El Dr. Cuervo murió a consecuencia de nuestro viaje a los Llanos, a donde él fue como jefe de una comisión investigadora de los productos naturales de aquel territorio, y a instancias del gobierno de la república. El gobierno, en pago de sus buenos servicios, lo dejó morir, abandonado a sus propios y escasos recursos; y al saber que sus huesos reposan en el humilde e ignorado cementerio de una pobre aldea, ni aun siquiera se ha dignado hacerlos trasladar a la capital, para erigirles un monumento digno de aquel mártir, a pesar de las insinuaciones mías y de otros amigos; mientras se tributaban pomposos honores fúnebres a varios caudillos o jefes de fracciones políticas, muertos a la sazón, y de cuyos actos el país no había recogido otro fruto que los estragos de la guerra y el aniquilamiento y paralización de sus más caros intereses.
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