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El ranchito de Don Calixto Guzmán

Gente 1871-08-29 Chaparral, Tolima, Colombia Tomo VI
A las siete de la mañana, después de tomar un ligero desayuno, partimos en dirección a la cueva, y cerca de las ocho llegamos al ranchito de D. Calixto Guzmán, que ya nos estaba esperando. Vive éste en una reducida pero cómoda casita de paja, con su madre, su esposa y siete hijos, la mayor parte de los cuales están aún en la infancia. Además del apellido de Guzmán que D. Calixto lleva, que es uno de los más ilustres de España, su tipo es enteramente español; no así el de su mujer y sus hijos, en todos los cuales se advierten rasgos característicos de la raza indígena. La casa en que moran se compone, como casi todas las de estos lugares, de tres departamentos situados a corta distancia unos de otros: la habitación propiamente dicha, con una alcoba a cada lado, la cocina, y otro rancho pequeño, donde guardan los útiles de la labor, las provisiones de boca y todo lo que no es de uso constante para la casa o la familia.

En la habitación principal, a que pudiera darse el nombre de sala, hizo mi huésped colocar mi reducido equipaje y suspender mi hamaca, que no sólo había de servirme de lecho, sino de asiento durante algunas horas del día. La limpieza y el aseo más esmerados eran el adorno principal de aquella cabaña modesta; pero había en ella otros muchos que daban a la habitación un aspecto originalísimo, y que no quiero pasar en silencio. Por todas las paredes y en las traviesas que servían de apoyo a la techumbre, veíanse fijos con estaquillas de madera o suspendidos de cuerdas de fique, varios despojos de venados, tigres, gatos monteses, buitres y águilas y otros animales dañinos; indicio seguro de que el dueño de la casa solía ejercitarse con buen éxito en la persecución de aquellos animales, para lo cual disponía sólo de una cerbatana o bodoquera indígena para lanzar flechas envenenadas, y una vieja escopeta de chispas, que yacía en un rincón, al parecer sin uso.

En uno de los testeros veíase una especie de altar con varias estampas francesas, que no sólo habían declarado la guerra al arte de Apeles, sino que eran una ofensa al sentido común bajo cualquier aspecto que se mirasen. Al pie del altar y sobre una estrecha tabla veíanse dos velas de sebo nunca encendidas, a las que servían de candelero otras tantas botellas pequeñas, que en días más prósperos habían contenido, según sus rótulos o etiquetas, vino de Jerez, que a voces declaraba lo genuino de su origen por la ortografía con que estaba escrito el nombre. Servían de adorno al altar varios pájaros disecados, algunos picos de yátaro o tulcán de tamaño enorme, cascarones de huevo de varias aves, y unas cuantas plumas de guacamayo rojas y azules.

veíase una especie de altar con varias estampas francesas, que no sólo habían declarado la guerra al arte de Apeles, sino que eran una ofensa al sentido común bajo cualquier aspecto que se mirasen

En el testero opuesto se veían colgadas de la pared dos tarrayas para la pesca en el Tuluní, una de ellas aún no concluida; varios tarros o canutos de guadua de tamaños diferentes, encerrando unos grasa de león, empleada como medicamento en muchas enfermedades; guardando otros algunas flechas envenenadas para dar muerte a los cóndores, que vienen de cuando en cuando a arrebatar en sus garras los corderos pequeños, y otros, por último, conteniendo diferentes sustancias medicinales conocidas sólo en la farmacopea especial de los moradores de aquellos campos, privados siempre de los auxilios de la ciencia; mientras que en un rincón y a la altura de las vigas veíase cuidadosamente guardado en una funda de cuero y pendiente de una cuerda un botecito de cristal que contenía hiel de culebras de cascabel en una disolución alcohólica, lo que tienen aquí por el medicamento más eficaz contra las mordeduras de todo reptil ponzoñoso, y se administra, según dicen, con admirable y seguro éxito en dosis casi homeopáticas. Veíase además colgadas de la pared, una bandola, una grupera o baticola nueva y un calendario del año anterior, adornado en sus márgenes con cubiertas de cajas de fósforos de Marsella. Sobre el calendario veíanse colgadas unas quimbas, especie de sandalias que describimos en nuestra excursión a los Llanos.

En los alrededores de esta vivienda y próximas al río Tuluní hay varias minas de oro corrido, que el D. Calixto Guzmán explota a veces, durante las temporadas de lluvia, por el sencillo y cómodo sistema de ir a rebuscar sus pepitas entre las arenas de las corrientes pluviales. Calcúlese cuál sería el éxito de esta explotación por medios más adecuados, cuando sólo aquel procedimiento produce en ocasiones cantidades relativamente considerables a los que lo emplean.
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