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Ponce: una ciudad amante del progreso

Ciudades y pueblos 1884-02-08 Ponce, Puerto Rico Tomo XI
Isla de Puerto Rico. Ponce
Tomo XI
Isla de Puerto Rico. Ponce
1884-02-08
Fotógrafo Molina
Fotografía sobre papel
9,6 x 13,4 cm pegada sobre un cartón orlado de 10,9 x 16,4 cm

La ciudad de Ponce, bautizada con el nombre de uno de los principales colonizadores de la isla, que lo fue también del territorio de la Florida, arrastrado en su vejez por la ilusión placentera de encontrar allí la maravillosa fuente de Juvencio, se halla rodeada de colinas que sirven de estribo a un ramal de la pequeña cordillera que atraviesa toda la isla. A derecha e izquierda de la entrada del puerto hay algunos islotes cubiertos de mangles y una isleta habitada que lleva el nombre de Cayo-ratones. En la playa se ven algunos cocales, y alrededor del muelle algunos edificios de forma regular y aspecto agradable, entre los cuales descuellan la aduana y la capitanía del puerto. Los demás en su mayor parte son almacenes de distintos artículos para la exportación y para el consumo.

Aunque hay señales de haber existido un tranvía, no se halla hoy en explotación y tuvimos que tomar un coche para trasladarnos a la ciudad. El camino es bastante bueno y se recorre en media hora. A un lado y otro hay muchas casitas de madera levantadas sobre estacas o postes de ladrillos. En los bordes de la vía hay muchas acacias y otras mimosas, mangos, palmeras de varias clases, chicalás, cipreses horizontales y piramidales, grandes retamos y rojos de Cayena, que no sólo dan sombra a los transeúntes, sino que alegran la vista con sus flores y embalsaman el ambiente con sus aromas.

Isla de Puerto Rico. Ponce.
Tomo XI
Isla de Puerto Rico. Ponce.
1884-02-08
Fotógrafo Molina
Fotografía sobre papel
9,2 x 13,4 cm pegada sobre un cartón orlado de 10,8 x 15,6 cm

La población tiene el aspecto de limpieza y elegancia de que carecen por lo general las poblaciones antiguas. Las calles, medianamente anchas, están bien pavimentadas con el piso de grava en forma convexa, y las aceras, de losas anchas o de cemento romano, son cómodas y espaciosas. Las casas, en su mayor parte de madera y construidas a la americana, son de bella apariencia y tienen toda la ventilación que exige lo ardoroso del clima. Sus paseos públicos son risueños y alegres; donde el espacio lo permite hay árboles que dan agradable sombra, y todo previene en favor de la cultura de sus habitantes. El templo católico es espacioso pero con adornos abigarrados y de mal gusto. Había en él orando sólo una mujer negra y vieja, lo cual no da una alta idea de la devoción del vecindario, sin embargo de ser la hora en que en otras poblaciones están los templos más concurridos. Los almacenes de comercio son grandes y numerosos; el teatro, aunque no muy grande, está construido con gusto, tiene suficiente ventilación, una portada monumental, dos órdenes de palcos, buen patio con sillas ligeras y una extensa galería.

En uno de los extremos de la población hay un buen establecimiento de caridad en un excelente edificio debido a la filantropía de un señor Tricoche, cuyo nombre está inscrito en la portada.

En Ponce se publican diariamente tres o cuatro periódicos; hay bastantes establecimientos de instrucción, un buen mercado cubierto, y en sus alrededores ingenios de azúcar, fábrica de gas, sierras mecánicas, fundiciones y herrerías, fábrica de hielo artificial y cuanto da indicio de una población bien administrada y amante del progreso.

El cultivo de la caña es todavía allí empírico; la cuestión de abonos está muy descuidada por los agricultores, sin embargo de ser ella la principal fuente de productos; pues los residuos de la caña se ven abandonados por el suelo y no se utilizan como debieran.

La temperatura no es allí excesivamente calorosa; las gentes de color no abundan tanto como en la capital, y todo indica que Ponce está llamado a ser, si no la primera, una de las más importantes poblaciones de Puerto Rico.

En Ponce se publican diariamente tres o cuatro periódicos; hay bastantes establecimientos de instrucción, un buen mercado cubierto, y en sus alrededores ingenios de azúcar, fábrica de gas, sierras mecánicas, fundiciones y herrerías, fábrica de hielo artificial y cuanto da indicio de una población bien administrada y amante del progreso.
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