La década del renacimiento

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La desaparición del Capitán Torres, tuvo efectos negativos, no tanto para la actividad productiva de la planta, como sí para su proyección futura y para el desarrollo e integración de nuevos signos en la fabricación local.

 

Para remplazar al Cap. Torres, en forma provisional, fue nombrado en la dirección de la Imprenta don Jacinto Zambrano, funcionario de amplia trayectoria en la institución. El señor Zambrano desempeñó tales funciones desde el 20 de febrero hasta el 14 de abril de 1969, cuando le fue conferido el cargo de Auditor General del Banco.

 

En estos pocos meses el futuro de la Imprenta parecía incierto, se cuestionó su importancia, se afirmó en ese momento que: "La capacidad del equipo instalado es superior a las necesidades propias del Banco, lo cual traerá como consecuencia una época de contracción general en aquella dependencia"; y más aún, se dudó de la conveniencia económica que significaba mantener para el futuro la actividad de la Imprenta. Igualmente, aduciendo razones de seguridad se estimaba inconveniente la introducción en la producción de signos de mayor valor nominal.

 

Estos hechos desmoralizaron enormemente al equipo humano organizado por al Capitán Torres, en particular al grupo encargado de producir los originales, cuyos miembros fueron buscando otros horizontes, algunos de ellos fallecieron también muy pronto, y prácticamente, desde 1969 se cerró la sección de Preliminares. A pesar de algunos intentos posteriores de reabrirla, la reducida necesidad de generar nuevos diseños frente a la dificultad, tiempo requerido y costos de desarrollar programas de capacitación en esta materia, no lo han permitido.

 

Con el traslado de don Jacinto Zambrano a la Auditoría, las directivas decidieron nombrar en la dirección de la Imprenta, a partir del 1º de agosto de 1969, a don Carlos Rojas Llorente, antiguo funcionario de carrera, quien en ocasión anterior se había desempeñado en la misma dependencia como delegado del auditor.

 

Don Carlos asumió sus funciones y, con gran dedicación y empeño, se dio a la tarea de conocer la actividad y analizar la situación real de la Imprenta frente a las necesidades del Banco. Muy rápidamente pudo establecer que, en contra de lo afirmado, en primer lugar, la demanda de billetes por parte del banco era creciente, frente a una producción anual estática y que, en segundo lugar, los costos de la producción local eran sustancialmente inferiores a los de importación, situación que fue sometida a amplio análisis por parte de las directivas del Banco.

 

Los planteamientos de don Carlos Rojas en relación con la necesidad de fomentar el desarrollo de la Imprenta a cambio de reducir su actividad, ampliar su capacidad de producción y satisfacer sus requerimientos de personal y capacitación del mismo, fueron favorablemente acogidos, y recibieron el necesario respaldo de los altos funcionarios subgerente - secretario, señor Antonio José Gutiérrez y doctor Germán Botero De los Ríos, gerente general del Banco.

 

En consecuencia, luego de extensos estudios, a partir de 1972, la Dirección de la Imprenta con el apoyo de las directivas inició un programa de renovación gradual del equipo de producción el cual se prolongó hasta 1978. De esta manera se consiguió, además de incrementar los niveles de productividad, actualizar los procesos que presentaban atraso tecnológico. Asimismo, fue posible mejorar las instalaciones de las secciones de servicio y la Imprenta quedó en condiciones de asumir gradualmente la producción de nuevos signos.

 

Si resalta en la vida de la Imprenta la figura del capitán Torres como realizador de la idea, la función que cumplió don Carlos Rojas amerita sin duda el reconocimiento como el ejecutivo, que logró rescatar la imagen de la misma y la colocó en condiciones de proyectar su actividad hacia la difícil meta de proveer todos los billetes requeridos por el Banco.

 

En este sentido, bajo su administración, tuvo lugar la sucesiva introducción de nuevas denominaciones a la fabricación local. Dado que, como se mencionó anteriormente, las secciones de Diseño y Preliminares desaparecieron, se adoptó la modalidad de tomar los materiales originales utilizados por los proveedores del exterior para producir los billetes importados y adelantar localmente la producción de las planchas impresoras necesarias para cumplir los diferentes procesos de impresión.

 

Dentro de este criterio, en 1975 se adelantaron las gestiones para producir localmente el billete de $2 (Policarpa Salavarrieta y balsa Muisca), cuyo diseño y primeras ediciones habían sido encargadas a la American Banknote Company de los Estados Unidos. De este billete se produjeron 150 millones de piezas entre 1976 y 1977, año en el cual, por pérdida de su poder adquisitivo, fue suspendida como denominación activa en billetes y remplazado el signo por moneda metálica. La primera edición local de este billete llevó la fecha: julio 20 de 1976 y las firmas de Germán Botero de los Ríos, Gerente y Antonio José Gutiérrez, Secretario.

 

Del mismo modo y como una de sus últimas realizaciones, don Carlos Rojas, coordinó en 1979 las operaciones tendientes a realizar la producción local del billete de $50, diseñado y fabricado hasta ese momento por la firma Thomas De la Rue de Inglaterra. El diseño de este billete presentaba por el anverso un retrato de Camilo Torres y por el reverso las orquídeas colombianas. La primera edición tuvo la fecha: 1º de enero de 1980 y las firmas de Rafael Gama Quijano, Gerente y Francisco José Ortega, Secretario.

 

Como consecuencia del avance tecnológico que tuvo la Imprenta desde 1972 y en particular con la renovación del equipo Intaglio, en 1979 fue posible cambiar el formato del papel de 28 a 35 unidades por hoja, con lo cual efectivamente se incrementó en un 25% la capacidad de producción, sin requerir aumentos notables en la planta de personal.

 

Con cerca de 33 años de servicio a la institución, en enero de 1979, se retiró don Carlos Rojas, rodeado del aprecio de funcionarios del banco y empleados de la Imprenta, entidad a la cual consagró, en forma eficiente, 10 años de su vida.