En la actualidad existe un consenso cada vez más unánime entre los
economistas sobre dos principios generales de la política monetaria ( Hall Mankiw (1993).
El primer principio señala la importancia de establecer con anticipación unas reglas
claras de manejo monetario que muestren el compromiso de las autoridades de no crear
"sorpresas. De esta manera, el gobierno estará en la capacidad de reducir la
inflación esperada y alcanzar un mejor desempeño del producto (Kydland y Prescott
(1977).
El segundo principio es que la política monetaria debe buscar estabilizar alguna cantidad
nominal. Bajo la influencia de la escuela monetarista, el diseño de la política
monetaria en Colombia ha intentado estabilizar el crecimiento de los saldos nominales de
dinero. Es así como han proliferado en la literatura económica colombiana un sin número
de artículos que hacen énfasis en la necesidad de que la política monetaria controle el
efectivo, M1 o agregados monetarios más amplios (véase Clavijo y Gómez (1988), Renteria
(1991), Galindo (1993), Toro (1993), Misas y Suescún (1993), para citar tan sólo algunos
de los trabajos más recientes). Este tipo de enfoque contrasta con la ausencia de
interés en estudiar al PIB nominal como meta intermedia de la política monetaria, los
cuales comprensible dado que la evaluación oportuna del cumplimiento de la meta es
imposible debido a que las cifras del PIB se producen anualmente y con retraso.
Este trabajo está dividido en 4 partes. La segunda señala las condiciones bajo las
cuales es óptimo escoger al PIB nominal como meta intermedia y se destacan las ventajas
que ello tendría. La tercera realiza un ejercicio empírico que muestra cómo, entre 1984
y 1992, habría sido posible mantener el PIB nominal cercano a una senda previamente
establecida gracias a la autorización de la base monetaria como instrumento. Así, aunque
el artículo no propone escoger el PIB nominal como meta intermedia de la política
monetaria debido a la ausencia de estadísticas trimestrales sobre el producto, de éste
si se desprende la importancia de que las instituciones correspondientes hagan esfuerzos
para empezar a producir dichas estadísticas. Al fin a cabo, los recientes interrogantes
sobre el uso de M1 o MA como meta intermedia de la política monetaria (Misas et. Al.
(1994), hacen indispensable buscar otros agregados que puedan cumplir tal fin. La cuarta
sección concluye.
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