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Desde mediados de la década presente el sistema financiero colombiano viene presentando un problema de deterioro en la calidad de sus activos (Gráfico 1), generado por una combinación de factores macroeconómicos y de fallas en el control del riesgo crediticio y de mercado de esos activos tanto por parte de las entidades del sistema, como por parte de deudores y entidades supervisoras.
Este proceso ha disminuido la solvencia de las entidades de crédito (Gráfico 2). De continuar esta tendencia, el deterioro patrimonial del sistema puede llevar a que los establecimientos de crédito dejen de tener el patrimonio necesario para respaldar su labor de intermediación financiera y, en casos extremos, a que los ingresos provenientes de sus activos no alcancen para cumplir con las obligaciones que hayan contraído previamente.
Si bien los problemas de solvencia no son generalizados, el número de entidades que se encuentran por debajo de la relación de capital mínimo exigido por la Superintendencia Bancaria se ha incrementado considerablemente, pasando de 9 en agosto de 1996 (el 6,4% del sistema, de un total de 140 entidades) a 15 entidades (el 14,5% de un total de 103 entidades) en marzo de 1999.
La anterior situación comenzó a gestarse, como lo han señalado varios especialistas dentro del Banco de la República y fuera de él, en los primeros años de la década actual, caracterizados por expectativas altas de crecimiento económico, disminución importante en la tasa de ahorro privada y pública y altos niveles de endeudamiento. Este proceso de endeudamiento por encima de la capacidad real de pago futura de los agentes económicos, aunque se inició hace más de tres años, sólo vino a manifestarse en forma contundente y grave en 1998 con los problemas de la recesión económica y los choques externos que afectaron a la mayoría de las economías emergentes. Estos choques no fueron, como han señalado algunos comentaristas en los medios de comunicación, la causa de los problemas que hoy vive el sistema financiero. Fueron sí un catalizador que puso en evidencia la debilidad del mismo para enfrentar tiempos difíciles 1.


En esta coyuntura han surgido un debate y dudas sobre la forma en que debe atacarse el problema estructural del sistema financiero para no generar una crisis de pagos y sobre el papel que deben jugar el banco central, la Superintendencia Bancaria y el Gobierno en este proceso. Por ejemplo, han surgido interrogantes válidos respecto a si el Banco de la República estaba preparado para detectar y enfrentar una situación como la actual.
La experiencia internacional y la literatura sobre crisis financieras enseña que no hay respuestas únicas a estas preguntas y que normalmente las instituciones de los países nunca están totalmente preparadas para eventualidades como ésta. Pero también enseñan o dejan lecciones sobre por qué ocurre esto último y sobre cómo se pueden detectar y prevenir algunos riesgos, disminuyendo los costos de las crisis y de los respectivos ajustes.
El propósito de este trabajo es presentar de manera resumida unos puntos de reflexión sobre estos temas, y algunas sugerencias de cambios institucionales y de política para evitar o disminuir los costos de futuras crisis. Estas constan de tres secciones aparte de la introducción. Primero, y a riesgo de repetir lo que ya se ha escrito en los últimos años en numerosas publicaciones internacionales, se hace un intento por resumir el consenso internacional (si es que este existe) respecto al "qué hacer" para prevenir y actuar en una crisis financiera. En la siguiente sección se hace una breve reflexión acerca de "dónde estamos", frente a ese consenso, y finalmente, se hacen algunas recomendaciones.
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