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En
los últimos años, sin embargo, esta teoría ha venido variando por la necesidad de crear
un acercamiento más directo con las obras y sus creadores. Los curadores y museográfos
han buscado la manera para romper con esta tradición visual y lograr generar nuevas
formas de ver el arte. Este es el caso de la recientemente inaugurada Tate Gallery Modern
en Londres.
En efecto, la Tate resolvió exhibir su amplísima e
importante colección de arte moderno (es decir aquella que abarca los finales del siglo
19 hasta nuestros días), en un edificio adecuado especialmente para estos efectos. En sus
4 pisos de galerías, se presenta la colección dividida de manera temática en las
siguientes partes: Paisaje/Materia/Ambiente, Naturaleza muerta/Objeto/Vida real, Entre el
cine y el lugar real, Desnudo/Acción/Cuerpo e Historia/Memoria/Sociedad.
Cada una de estas secciones ofrece la posibilidad de
hacer una mirada más crítica en donde la relación que se crea entre las obras está
mediada por un elemento temático que le otorga a cada pieza un contexto diferente al
meramente histórico. Así, la exhibición de una obra de Matisse junto a un tríptico de
Francis Bacon y una video-instalación de Sam Taylor Wood, produce apreciaciones de las
obras tal vez más dirigidas pero que se extraen completamente de la tradición
cronológica de apreciación.
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| Doris Salcedo
Unland: audible in the mouth
1998
Instalación en la Tate Modern de Londres |
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En la última sección, aquella de
Historia/Memoria/Sociedad, se propone un acercamiento a las obras desde el punto de vista
de su capacidad para expresar hechos históricos, como es el caso de las mujeres llorando
de Picasso pintadas después del bombardeo de Guernica en 1937, y sobre todo desde el
punto de vista de la evolución que tomó el arte histórico en el siglo veinte.
En efecto, es posible ver como si hasta finales del siglo
XIX la pintura de relatos históricos era ampliamente aceptada y hacía referencia
especialmente a hechos pasados, desde los inicios del siglo XX, esta concepción cambia de
manera radical. Por un lado el artista se ve más involucrado en el relato casi
periodístico de los hechos de su contemporaneidad, y por el otro la figura del héroe
como aquel personaje que escribía la historia es cambiada por un héroe anónimo, por un
personaje del común que es quien, con sus sufrimientos o actividades diarias, da forma a
la historia real no relatada en los libros.
Es tal vez por esto que encontramos dos obras de la
artista colombiana Doris Salcedo. Unland: audible in the mouth, 1998 y
Sin título, 1995, expresan de manera delicada pero enfática un acercamiento
a los hechos históricos y a la sociedad más ligado a la gente del común, que en el caso
del conflicto en Colombia, son quienes escriben, en un anonimato desesperante, día a día
la historia del país.
Cada testigo de una muerte violenta de una persona
querida experimenta la tragedia y, al igual que cualquier héroe trágico, su vida está
definida por este encuentro con la muerte
Es en la tragedia donde lo puramente
humano se manifiesta de manera más clara. El arte está íntimamente ligado a la
tragedia. Con estas palabras, Doris Salcedo expresa su preocupación por
captar en su obra los acontecimientos históricos que la rodean. Esto lo logra de manera
muy clara y sin apasionamiento en una de sus obras de su serie Unland (Sin
tierra). En ella la artista ha unido dos mesas rústicas y de madera poco trabajada. Al
acercarse, se percibe la capa aterciopelada con que se encuentra cubierta una de ellas. Se
trata de pelo humano que cubre en tiras cuidadosa y meticulosamente adheridas, la
superficie de la mesa. Esta imagen de uno de los objetos más comunes del mobiliario de
una casa, se ve alterada por la referencia a la presencia pasada de una persona cuyos
restos se expresan por vestigios de su cuerpo. Cada obra de Salcedo se documenta en
testimonios reales de personas que han sufrido el desplazamiento por la violencia y cuyas
vidas se ven determinadas por las huellas que otras personas han dejado en ellas.
Además de sorprendernos por este montaje temático de la
colección y encontrar en él una representación amplia de artistas de países
latinoamericanos, entre los cuales la única colombiana es Salcedo, resulta reconfortante
esta mirada alternativa de las obras en donde se rompe todo tipo de conceptos clásicos de
fronteras nacionales, fronteras temporales y artísticas para encontrarnos con una
amalgama de posibilidades de apreciación del arte de todos los tiempos.
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