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Maria
Fernanda Cardoso de nuevo en Bogotá Durante este mes de febrero se presenta en la galería Diners de Bogotá una exposición con la obra reciente de Maria Fernanda Cardoso, una de las artistas colombianas más destacadas de los últimos años. Es una buena oportunidad para conocer su último trabajo pues, al no vivir ella en Colombia, se presentan pocas ocasiones de estar en contacto con su producción. Es importante que dentro de esta columna se haga un seguimiento a su obra pues no sólo la colección permanente cuenta con algunas piezas de diferentes épocas suyas (Sin título, 1988; No somos perfectos, 1986 y Corona funeraria, 1990), sino que además el Banco ha seguido su producción desde muy temprano, siendo ella una de las primeras artistas que recibió la beca de Jóvenes talentos del Banco, lo cual le permitió realizar sus estudios en escultura en Nueva York. Así pues, vale la pena revisar a grandes rasgos la producción de Cardoso para entender de donde proviene este trabajo tan meticuloso y sutil con alas de mariposas de diferentes colores que actualmente presenta en Bogotá.
Básicamente se puede decir que la evolución de la obra de Cardoso es la evolución de la cuidadosa selección de los materiales con los cuales trabaja. A partir de ellos se generan universos de diversos significados, temáticas diferentes y discursos particulares. En realidad sus obras son el resultado final de una profunda investigación sobre los materiales que utiliza y un análisis consciente de su relación con los mismos. Esto sucedió con sus primeras piezas significativas de finales de los años 80 en los cuales trabajaba con todo tipo de materiales que de alguna manera hacían referencia a nuestra cultura popular presente o pasada: huesos, bocadillos, tuzas de mazorca, panela, cola, etc. Todos ellos, vistos dentro del contexto colombiano de una manera muy local pero al ser presentados en otros espacios fuera del país, adquirían una especie de exotización propia de su descontextualización.
Luego, en los noventa, comienza a trabajar con animales disecados que una vez más guardan en sí algún tipo de simbología relacionada ya sea con alguna cultura antigua o popular o con nuestro pasado precolombino. Estos animales, como material, son menos locales pero mantienen una gran carga semántica que invitan a hacer lecturas muy amplias. Su instalación con pirañas disecadas pudo apreciarse en las salas de la Biblioteca en 1996 dentro de la exposición Fuera del Límite, Pirañas, 1996 y fue una presentación espectacular en la cual el público pudo descubrir en este colegio inmóvil de pirañas al asecho una relación directa con estos animales cuyo conocimiento en las ciudades está generalmente mediado por algún discurso. También ha trabajado con lagartijas, serpientes, ranas, caballos de mar y estrellas de mar, entre otros. Cada una de las piezas con este tipo de material nos invita a hacer una reflexión sobre nuestro pasado precolombino, sobre nuestra relación con la naturaleza, sobre la simbología propia de cada animal, sobre el cambio de significado que sufren los objetos con su descontextualización o sobre la generación de comodidades por parte del comercio. Un ejemplo maravillo de este tipo de trabajo es también su Corona para una princesa Chibcha de 1990. Aunque su obra se ha concentrado en la investigación de materiales orgánicos especialmente los animales, también ha trabajado con materiales menos domésticos como las flores plásticas. De este tipo de obra se encuentra un bello ejemplo en la sala 1 de la colección permanente con su Corona funeraria de 1990 o su jardín vertical en homenaje a Helen Riegner de Casas instalado en el nicho de la escalera de la galería. En estas piezas Cardoso revive ese lenguaje de la relación del hombre con la naturaleza, pero también descubre interrogantes sobre la vida y la muerte, sobre lo real y lo artificial, sobre lo permanente y lo etéreo.
Así pues, tras el paso por su exitoso circo de pulgas, Cardoso vuelve a trabajar con animales. En este caso, se concentra en el valor plástico natural de las diferentes especies de mariposas y lo aprovecha para crear unas composiciones muy bien definidas y con un gran atractivo visual. Cardoso explota al máximo el recurso cromático que encuentra en su material para proponernos unas piezas con gran equilibrio y énfasis en la composición. Sus Dibujos con mariposas, como ella titula estas obras, están presentados en unas placas acrílicas transparentes y opalinas que le dan una limpieza final al montaje. Ellas también median de alguna manera para alejarnos del mundo natural y salvaje del cual provienen estos insectos coloridos, haciéndonos reflexionar una vez más en nuestra relación con el mundo natural. |
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