Curador: Rafael Ortiz
Artistas
Amaranta Chipiaje
Edwin Jimeno
Jenny Ramírez
Colectivo Lunamar - Alvaro M’Causland, Alejandra Díaz
Maria Cristina Agudelo
Maria Teresa Solano
Oscar Leone
Texto curatorial
A partir de los años noventa, bajo la reforma de la Constitución Política, el país empieza a tener otra mirada sobre lo multicultural; la legislación abre espacios a grupos minoritarios donde se reafirman conceptos como etnias, autoreconocimiento, cosmovisiones y prácticas culturales propias [1]. Áreas que tradicionalmente han sido estudiadas y relegadas a la antropología o la sociología, derivan en saberes que se tornan visibles en los diversos ámbitos del acontecer nacional. Esta nueva incidencia reforma incluso el debate político, ampliando así el margen de acción y el empoderamiento de las diferentes culturas para conformar una nacionalidad que se afirma en la diversidad.
La producción artística contemporánea centrada en el eje Bogota-Medellín, y el flujo internacionalista con intervalos históricos en otras regiones o ciudades como Barranquilla, hace unas décadas, o Cali, en la actualidad, han sido determinantes en las manifestaciones del arte colombiano. Sin embargo, la autoevaluación del medio artístico en la última década y el reconocimiento de artistas contracorriente y autónomos sientan un precedente que cambiará definitivamente la manera en que abordamos el arte. Es evidente que las formas de la representación, tan arraigadas en la cultura colombiana, hoy entran en choque con acciones artísticas donde el contenido del producto artístico es reflexivo, reafirma el carácter cultural y se entrecruza con aspectos políticos y sociales. Un arte que motiva más a la reacción del público que a la contemplación. Podríamos decir, entonces, que este acontecer se da en tiempos de guerra y el arte, se estima, provee un aire de cambio deseable en la sociedad actual.
En las décadas de los ochenta y noventa, artistas nacidos por fuera de los centros migraban en busca de oportunidades y el respaldo de entidades culturales. Hoy, el país se construye a partir de la mirada diversa, justamente aquella que procede de las regiones y que imagina nuevos territorios de acción y deja en claro que la opción de quedarse (en casa) y desarrollarse plenamente es viable. Santa Marta es un ícono en el país por su valorada situación geográfica y cultural; por ello sorprende su carencia actual de una carrera de formación universitaria en Artes Visuales. Considero que sus artistas tienen que hacer un doble esfuerzo por mantener un núcleo de acción y apoyo, [2] y en ello el cuerpo y las condiciones de medio ambiente son prioritarios; en sus propuestas para Imagen Regional VI los artistas realizan actos de sanación. [3]
Rafael Ortiz
[1] Constitución Política de Colombia de 1991, artículo 7, el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana.
[2] Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo San Pedro Alejandrino y Área Cultural del Banco de la República.
[3] Se refiere al trabajo del artista Edwin Jimeno, cuya obra se titula Sanación.
Lugar: Biblioteca, Banco de la República
Calle 14 No. 2-07